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viernes, 21 de octubre de 2016

Viernes 25 noviembre 2016, Lecturas Viernes XXXIV semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la XXXIV semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Ap 20, 1-4. 11-21, 2
Todos fueron juzgados según sus obras. Vi la nueva Jerusalén que descendía del cielo

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón,
la antigua serpiente, o sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Estos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años.
Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego —el lago de fuego es la muerte segunda—. Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 83, 3. 4. 5-6a y 8a (R.: Ap 21, 3b)
R.
He aquí la morada de Dios entre los hombres. Ecce tabernáculum Dei cum homínibus.

V. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R.
He aquí la morada de Dios entre los hombres. Ecce tabernáculum Dei cum homínibus.

V. Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R.
He aquí la morada de Dios entre los hombres. Ecce tabernáculum Dei cum homínibus.

V. Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichoso el que encuentra en ti su fuerza.
Caminan de baluarte en baluarte. R.
He aquí la morada de Dios entre los hombres. Ecce tabernáculum Dei cum homínibus.

Aleluya Lc 21, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.

EVANGELIO Lc 21, 29-33
Cuan veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.
Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.


Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta 29 de noviembre de 2013
Cierto, "solos no podemos" hacer todo: "necesitamos la ayuda del Señor, necesitamos al Espíritu Santo para comprender los signos de los tiempos". En efecto, es precisamente el Espíritu quien nos dona "la inteligencia para comprender". Se trata de un regalo personal realizado a cada hombre, gracias al cual "yo debo comprender por qué me sucede esto a mí" y "cuál es el camino que el Señor quiere" para mi vida. De aquí la exhortación conclusiva a "pedir al Señor Jesús la gracia que nos envíe su espíritu de inteligencia", para que "no tengamos un pensamiento débil, un pensamiento uniforme, un pensamiento según nuestros gustos", para tener, en cambio, "sólo un pensamiento según Dios". Y "con este pensamiento -de mente, de corazón y de alma- que es don del Espíritu", buscar comprender "qué significan las cosas, comprender bien los signos de los tiempos".