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Domingo 4 diciembre 2016, II Domingo de Adviento, ciclo A.

viernes, 28 de octubre de 2016

Viernes 2 diciembre 2016, Viernes de la I semana de Adviento, feria.

SOBRE LITURGIA

Beato Pablo VI, Constitución apostólica "Paenitemini" (17-febrero-1966).

II


El carácter eminentemente interior y religioso de la penitencia, y los maravillosos aspectos que adquiere "en Cristo y en la Iglesia", no excluyen ni atenúan en modo alguno la práctica externa de esta virtud, más aún, exigen con particular urgencia su necesidad [45] y estimulan a la Iglesia —atenta siempre a los signos de los tiempos— a buscar, además de la abstinencia y el ayuno, nuevas expresiones, más capaces de realizar, según la condición de las diversas épocas, el fin de la penitencia.

Sin embargo, la verdadera penitencia no puede prescindir, en ninguna época de una "ascesis" que incluya la mortificación del cuerpo; todo nuestro ser, cuerpo y alma (más aún, la misma naturaleza irracional, como frecuentemente nos recuerda la Escritura [46], debe participar activamente en este acto religioso, en el que la criatura reconoce la santidad y majestad divina. La necesidad de la mortificación del cuerpo se manifiesta, pues, claramente, si se considera la fragilidad de nuestra naturaleza, en la cual, después del pecado de Adán, la carne y el espíritu tienen deseos contrarios [47]. Este ejercicio de mortificación del cuerpo —ajeno a cualquier forma de estoicismo— no implica una condena de la carne, que el Hijo de Dios se dignó asumir [48]; al contrario, la mortificación corporal mira por la "liberación" del hombre [49], que con frecuencia se encuentra, por causa de la concupiscencia desordenada, como encadenado [50] por la parte sensitiva de su ser; por medio del "ayuno corporal" [51] el hombre adquiere vigor y, "esforzado por la saludable templanza cuaresmal, restaña la herida que en nuestra naturaleza humana había causado el desorden" [52].

En el Nuevo Testamento y en la historia de la Iglesia —aunque el deber de hacer penitencia esté motivado sobre todo por la participación en los sufrimientos de Cristo—, se afirma, sin embargo, la necesidad de la ascesis que castiga el cuerpo y lo reduce a esclavitud, con particular insistencia para seguir el ejemplo de Cristo [53].

Contra el real y siempre ordinario peligro del formalismo y fariseísmo, en la Nueva Alianza los Apóstoles, los Padres, los Sumos Pontífices, como lo hizo el Divino Maestro, han condenado abiertamente cualquier forma de penitencia que sea puramente externa. En los textos litúrgicos y por los autores de todos los tiempos se ha afirmado y desarrollado ampliamente la relación íntima que existe en la penitencia, entre el acto externo, la conversión interior, la oración y las obras de caridad [54].

[45] Cf. Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, núm. 16; Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, núms. 49 y 52; Cf. Pío XII, Discurso a los Cardenales, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios del lugar, con motivo de la solemne definición dogmática de la Asunción de la Virgen María, de 2 de noviembre de 1950: AAS 42 (1950), pp. 786-788; Cf. S. Justino, Dialogus cum Tryphone, 141, 2-3: PG 6, 797, 799; cf. 2 Clementis, 8, 1-3: F. X. Funk, Patres Apostolici, 2ª. edic., Tubinga 1961, I, pp. 192-194.
[46] Cf. Jn 3, 7-8.
[47] Cf. Ga 5, 16-17; Rm 7,23.
[48] Cf. Martyrologium Romanum, en la Vigilia de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo; Cf. 1Tm 4, 4-5; Flp 4, 8; Cf. Orígenes, Contra Celsum, 7, 36: PG 11, 1472.
[49] Liturgia de Cuaresma, passim.
[50]. Cf. Rm 7, 23.
[51] Missale Romanum, Prefacio IV de Cuaresma.
[52] Missale Romanum, Oración del jueves de la semana de Pasión (edición de 1962).
[53] Cf. A) En el Nuevo Testamento: 1) Palabras y ejemplo de Cristo: Mt 17, 20; 5, 29-30; 11, 21-243, 4; 11, 7-11 (Cristo elogia a Juan Bautista); 4, 2; Mc 1, 13; Lc 4, 1-2 (Cristo ayuna); 2)Testimonio y doctrina de san Pablo: 1Co 9, 24-27; Ga 5, 16; 2Co 6,5; 11, 27; 3) En la primitiva Iglesia: Hch 13, 3; 14, 22. B) En los santos Padres: Didaché, 1, 4: F. X. Funk, I, p. 2; S. CF. Clemente Romano, 1 Corinthios, 7, 4-8, 5: F. X. Funk, I, pp. 108-110; 2 Clementis, 16, 4: F. X. Funk, II, p.204; Arístides, Apología, 15, 9: Goodspeed, Gotinga 1914, p. 21; Hermas, Pastor, sim. 5, 1,3- 5: F. X. Funk, 1, p. 530; Tertuliano, De paenitentia, 9: PL 1, 1243-1244; De ieiunio, 17: PL 2, 1978; Orígenes, Homiliae in Leviticum, homilía 10, 2: PG 12, 528; San Atanasio, De virginitate, 6: PG 28, 257; 7 8: PG 28, 260, 261; S. Basilio, Homiliae, homilía 2, 5: PG 31, 192; 8. Ambrosio De virginibus, 3, 2, 5: PL 16, 221; De Elia et Ieiunio, 2, 2; 3, 4; 8, 22; 10, 33: PL, 698, 708; S. Jerónimo, Epístola 22, 17: PL 22, 404; Epístola 130,10: PL 22, 1115; S. Agustín, Sermo 208, 2: PL 38, 1045; Epístola 211, 8 PL 33, 960; Casiano, Collationes, 21, 13, 14, 17: PL 49, 1187; S. Nilo, De octo spiritibus malitiae 1: PG 79, 1145; Diadoco de Fotice , Capita centum de perfectione spirituali, 47: PG 65, 1182; S. León Magno, Sermo 12, 4: PL 57, 171; Sermo 86, 1: PL 54, 437-438; Sacramentarium Leonianum, Prefacio de las Témporas de otoño; PL 55, 112.
[54] Cf. A) En el Nuevo Testamento: Mt 6, 16-18; 15, 11; Hb 13, 9; Rm 14, 15-23. B) En los santos Padres véase la nota 53, B).

CALENDARIO

2 VIERNES DE LA I SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. I o III Adv.
LECC.: vol. II.
- Is 29, 17-24. Aquel día verán los ojos de los ciegos.
- Sal 26. R. El Señor es mi luz y mi salvación.
- Mt 9, 27-31. Jesús cura a dos ciegos que creen en él.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 3 de diciembre, pág. 702.
CALENDARIOS: Clarisas y Capuchinas: Beata María Ángela Astorch, virgen (MO). Cartagena, Zaragoza y Capuchinos: (ML).
Canónigos Regulares de Letrán: Beato Juan Ruysbroeck, presbítero (MO).
Orden de San Juan de Jerusalén: Santa María, Causa de nuestra alegría (MO).
OFM Conv.: Beato Rafael Chylinski, presbítero (ML).

TEXTOS MISA

Viernes de la I Semana de Adviento
Feria sexta. Hebdomada I Adventus.
Antífona de entrada
El Señor viene con esplendor a visitar a su pueblo con la paz y comunicarle la vida eterna.
Antiphona ad introitum
Ecce Dóminus véniet cum splendóre descéndens visitáre pópulum suum in pace, et constitúere super eum vitam sempitérnam.
Oración colecta
Despierta tu poder y ven, Señor; que tu brazo liberador nos salve de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú que vives y reinas.
Collecta
Excita, quaesumus, Dómine, poténtiam tuam, et veni, ut, ab imminéntibus peccatórum nostrórum perículis, te mereámur protegénte éripi, te liberánte salvári. Qui vivis et regnas.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la I semana de Adviento (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Is 29, 17-24
Aquel día, verán los ojos de los ciegos

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:
«Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel parecerá un bosque. Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor, y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel; porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico; y serán aniquilados los que traman para hacer el mal: los que condenan a un hombre con su palabra, ponen trampas al juez en el tribunal, y por una nadería violan el derecho del inocente.
Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán, dice a la casa de Jacob: “Ya no se avergonzará Jacob, ya no palidecerá su rostro, pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos, santificarán mi nombre, santificarán al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel”.
Los insensatos encontrarán la inteligencia, y los que murmuraban aprenderán la enseñanza».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 26, 1bcde. 4. 13-14 (R.: 1b)
R.
El Señor es mi luz y mi salvación. Dóminus illuminátio mea et salus mea.

V. El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.
El Señor es mi luz y mi salvación. Dóminus illuminátio mea et salus mea.

V. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.
El Señor es mi luz y mi salvación. Dóminus illuminátio mea et salus mea.

V. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.
El Señor es mi luz y mi salvación. Dóminus illuminátio mea et salus mea.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Mirad, el Señor llega con poder e iluminará los ojos de sus siervos.
Ecce Dóminus noster cum virtúte véniet, et illuminábit óculos servórum suórum.
R.

EVANGELIO Mt 9, 27-31
Jesús cura a dos ciegos que creen en él

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:
«Ten compasión de nosotros, hijo de David».
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
«¿Creéis que puedo hacerlo?».
Contestaron:
«Sí, Señor».
Entonces les tocó los ojos, diciendo:
«Que os suceda conforme a vuestra fe».
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
«¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Gregorio Magno, Moralia, 19
Debemos preguntar aquí: ¿en qué consiste que el mismo Omnipotente (para quien son una misma cosa el querer y el poder), manda que no se publiquen sus milagros y, sin embargo, son publicados como a pesar suyo, por los mismos que recibieron la luz? Da en esto un ejemplo a los discípulos, que quieren seguir sus huellas, para que oculten ellos sus propias virtudes y dejen, a pesar suyo, a los demás el que las divulguen, a fin de que se aprovechen todos de tan buenas obras. Ocúltelas, pues, el deseo y publíquelas la necesidad: sirva la ocultación para la propia salvación y su publicación para utilidad ajena.


Oración de los fieles
8. Oremos al Señor y pidámosle que nos muestre su rostro y salve a toda la familia humana.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que espere siempre al Señor y sea para el mundo signo de una esperanza alegre. Roguemos al Señor.
- Por todos los hombres: para que lleguen a creer en Cristo y descubran en él la manifestación definitiva del amor de Dios. Roguemos al Señor.
- Por todos los que viven tristes: para que la venida del Señor sea comienzo de gozo y esperanza. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que en las pruebas de la vida sepamos ver a Dios presente y salvador. Roguemos al Señor.
Señor, cuyo reino está ya en medio de nosotros, escucha nuestras oraciones y haz que sepamos descubrirte y esperarte en todos los acontecimientos de la vida. Por Cristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo Señor nuestro.
Super oblata
Placáre, Dómine, quaesumus, nostrae précibus humilitátis et hóstiis, et, ubi nulla súppetunt suffrágia meritórum, tuae nobis indulgéntiae succúrre praesídiis. Per Christum.
PREFACIO I DE ADVIENTO
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor.
El cual, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación, para que cuando venga de nuevo, en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus, quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III.
Antífona de comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.
Antiphona ad communionem Cf. Ph 3, 20-21
Salvatórem exspectámus Dóminum Iesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostrae, configurátum córpori claritátis suae.
Oración después de la comunión
Alimentados con esta eucaristía te pedimos, Señor, que por la comunión de tu sacramento, nos des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Repléti cibo spiritális alimóniae, súpplices te, Dómine, deprecámur, ut, huius participatióne mystérii, dóceas nos terréna sapiénter perpéndere, et caeléstibus inhaerére. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 3 de diciembre
M
emoria de san Francisco Javier, presbítero de la Compañía de Jesús, evangelizador de la India, el cual, nacido en Navarra, fue uno de los primeros compañeros de san Ignacio que, movido por el ardor de dilatar el Evangelio, anunció diligentemente a Cristo a innumerables pueblos en la India, en las Molucas y otras islas, y después en el Japón, convirtiendo a muchos a la fe. Murió en la isla de San Xon, en China, consumido por la enfermedad y los trabajos (1552).
2. Conmemoración de san Sofonías, profeta, que en los días de Josías, rey de Judá, anunció la ruina de los impíos en el día de la ira del Señor y robusteció con la esperanza de la salvación a los pobres y menesterosos.
3. En Tánger, de la Mauritania, san Casiano, mártir (c. 300).
4. En Winchester, en Inglaterra, sepultura de san Birino, el cual, enviado a Gran Bretaña por el papa Honorio, tuvo su primera sede en Dorchester y difundió con empeño el anuncio de la salvación entre los sajones occidentales (650).
5. En Chur (Coira), de la Recia, entre los helvecios (hoy Suiza), san Lucio, eremita (c. s. IV).
6*. En Londres, en Inglaterra, beato Eduardo Coleman, mártir, que, por haber abrazado la fe católica, fue acusado falsamente de conjuración contra el rey Carlos II, siendo ahorcado en Tyburn y, aún con vida, descuartizado (1678).
7*. En Trento, de la región del Véneto, beato Juan Nepomuceno De Tschiderer, obispo, el cual administró aquella Iglesia con el ardor evangélico de la fe, pero con comprensión, y en tiempo de aflicción dio a su grey un admirable testimonio de amor (1860).