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Domingo 4 diciembre 2016, II Domingo de Adviento, ciclo A.

domingo, 9 de octubre de 2016

Textos para los ritos de Admisión: Lecturas Bíblicas.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

Apéndice. Ritual de la Admisión a la plena comunión con la Iglesia Católica de los ya bautizados válidamente.

CAPÍTULO III. TEXTOS PARA LOS RITOS DE ADMISIÓN

I. LECTURAS BÍBLICAS

29. Las lecturas bíblicas, ya para la Misa, ya para la liturgia de la Palabra, se pueden tomar total o parcialmente de la Misa del día o de la Misa para la unidad de los cristianos (cf. Ordo lectionum Missae, nn. 850-854) o de la Misa de la iniciación cristiana (cf. ibídem, nn. 752-756).

Pero cuando el rito se celebra sin Misa, se pueden utilizar los textos que siguen:

LECTURA DEL NUEVO TESTAMENTO

1. Rm 8, 28-39. (Leccionario VIII, pág. 63)

Nos predestinó a ser imagen de su Hijo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-39

Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.
A los que había escogido, Dios los predestino a ser imagen de su Hijo, para que el fuera el primogénito de muchos hermanos.
A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
¿Cabe decir más? Si Dios está con nosotros, ¿quien estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con el? ¿Quien acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quien condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, mas aun, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quien podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿La aflicción?, ¿La angustia?, ¿La persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.»
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

2. 1Co 12, 31-13, 13. (Leccionario VIII, pág.64)

El amor no pasa nunca
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31-13, 13

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aun os voy a mostrar un camino excepcional.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin limites, cree sin limites, espera sin limites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará.
Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

3. Ef 1, 3-14. (Leccionario VIII, pág. 65)

Dios nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables por el amor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos e irreprochables ante el por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.
Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.
Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

4. Ef 4, 1-7. 11-13. (Leccionario VIII, pág. 66)

Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andáis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Y el ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Palabra de Dios.

5. Flp 4, 4-8. (Leccionario VIII, pág. 67)

Todo lo que es puro, tenedlo en cuenta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-8

Hermanos:
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y suplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en
Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Palabra de Dios.

6. 1Ts 5,16-24. (Leccionario VIII, pág. 67)

Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo .
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Palabra de Dios.


SALMOS RESPONSORIALES

1. Sal 26, 1. 4. 8b-9abc. 13-14.(R.: 1a) (Leccionario VIII, pág. 68)

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Tu rostro buscare, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tu eres mi auxilio. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, se valiente, ten ánimo,
espera en el Señor. R.

2. Sal 41, 2-3; 42, 3-4. (R.: 41,3a) (Leccionario VIII, pág. 68)

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entrare a ver el rostro de Dios? R.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

3. Sal 60, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 9. (R.: 4a) (Leccionario VIII, pág. 69)

R. Tu eres mi refugio, Señor.

Dios mío, escucha mi clamor,
atiende a mi súplica;
te invoco desde el confín de la tierra
con el corazón abatido. R.

Llévame a una roca inaccesible,
porque tu eres mi refugio
y mi bastión contra el enemigo. R.

Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus alas;
porque tu, oh Dios, escucharás mis votos
y me darás la heredad de los que veneran tu nombre. R.

Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día tras día. R.

4. Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9. (R.: 2b) (Leccionario VIII, pág. 69)

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, mi Dios.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale mas que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciare como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con jubilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.

5. Sal 64, 2-3a. 3b-4. 5. 6. (R.: 2a) (Leccionario VIII, pág. 70)

R. Oh Dios, tu mereces un himno en Sión.

Oh Dios, tu mereces un himno en Sión,
y a ti se te cumplen los votos,
porque tu escuchas las suplicas. R.

A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros delitos nos abruman,
pero tu los perdonas. R.

Dichoso el que tu eliges
y acercas para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo. R.

Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, salvador nuestro;
tu, esperanza del confín de la tierra
y del océano remoto. R.

6.
 Sal 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8. (R.:2a) (Leccionario VIII, pág. 71)

R. El auxilio me viene del Señor.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R.


EVANGELIOS

1. Mt 5, 1-1. 2a. (Leccionario VIII, pág. 71)

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y el se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Palabra del Señor.

2. Mt 5, 13-16. (Leccionario VIII, pág. 72)

Alumbre así vuestra luz a los hombres
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con que la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor.

3. Mt 11, 25-30. (Leccionario VIII, pág. 73)

Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamo Jesús:
—«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviare. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

4. Jn 3, 16-21. (Leccionario VIII, pág. 73)

Para que los que creen en él tengan vida eterna
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en el, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por el.
El que cree en el no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor.

5. Jn 14, 15-23. 26-27. (Leccionario VIII, pág. 74)

Vendremos a él y haremos morada en él
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-23. 26-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Si me amáis, guardareis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os de otro defensor, que este siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad . El mundo no puede recibirlo , porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amare y me revelare a el.»
Le dijo Judas, no el Iscariote:
—«Señor, ¿que ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
—«El que me ama guardara mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a el y haremos morada en él.
El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde.»

Palabra del Señor.

6. Jn 15, 1-6. (Leccionario VIII, pág. 74)

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que de más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mi, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por si, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mi.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mi y yo en el, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mi lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.»

Palabra del Señor.