Entrada destacada

Domingo 4 diciembre 2016, II Domingo de Adviento, ciclo A.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Miércoles 9 noviembre 2016, Dedicación de la Basílica de san Juan de Letrán, fiesta.

SOBRE LITURGIA

Beato Pablo VI, Encíclica "Mysterium fidei" (3-septiembre-1965)

Cristo Señor está presente en el sacramento de la Eucaristía por la transustanciación


6. Mas para que nadie entienda erróneamente este modo de presencia, que supera las leyes de la naturaleza y constituye en su género el mayor de los milagros [50], es necesario escuchar con docilidad la voz de la iglesia que enseña y ora. Esta voz que, en efecto, constituye un eco perenne de la voz de Cristo, nos asegura que Cristo no se hace presente en este sacramento sino por la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversión admirable y singular, que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama transustanciación [51]. Realizada la transustanciación, las especies del pan y del vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada, y signo de un alimento espiritual; pero ya por ello adquieren un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que contienen una nueva realidad que con razón denominamos ontológica.

Porque bajo dichas especies ya no existe lo que antes había, sino una cosa completamente diversa; y esto no tan sólo por el juicio de la fe de la Iglesia, sino por la realidad objetiva, puesto que, convertida la sustancia o naturaleza del pan y del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada del pan y del vino, sino tan sólo las especies: bajo ellas Cristo todo entero está presente en su realidad física, aun corporalmente, pero no a la manera que los cuerpos están en un lugar.

Por ello los Padres tuvieron gran cuidado de advertir a los fieles que, al considerar este augustísimo sacramento creyeran no a los sentidos que se fijan en las propiedades del pan y del vino, sino a las palabras de Cristo, que tienen tal virtud que cambian, transforman, transelementan el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre; porque, como más de una vez lo afirman los mismos Padres, la virtud que realiza esto es la misma virtud de Dios omnipotente, que al principio del tiempo creó el universo de la nada.

«Instruido en estas cosas —dice san Cirilo de Jerusalén al concluir su sermón sobre los misterios de la fe— e imbuido de una certísima fe, para lo cual lo que parece pan no es pan, no obstante la sensación del gusto, sino que es el cuerpo de Cristo; y lo que parece vino no es vino, aunque así le parezca al gusto, sino que es la Sangre de Cristo...; confirmar tu corazón y come ese pan como algo espiritual y alegra la faz de tu alma» [52].

E insiste san Juan Crisóstomo: «No es el hombre quien convierte las cosas ofrecidas en el cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros fue crucificado. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia aquellas palabras, pero su virtud y la gracia son de Dios. Esto es mi cuerpo, dice. Y esta palabra transforma las cosas ofrecidas» [53]. Y con el obispo de Constantinopla Juan, está perfectamente de acuerdo el obispo de Alejandría Cirilo, cuando en su comentario al Evangelio de san Mateo, escribe: «[Cristo], señalando, dijo: Esto es mi cuerpo, y esta es mi sangre, para que no creas que son simples figuras las cosas que se ven, sino que las cosas ofrecidas son transformadas, de manera misteriosa pero realmente por Dios omnipotente, en el cuerpo y en la sangre de Cristo, por cuya participación recibimos la virtud vivificante y santificadora de Cristo» [54].

Y Ambrosio, obispo de Milán, hablando con claridad sobre la conversión eucarística, dice: «Convenzámonos de que esto no es lo que la naturaleza formó, sino lo que la bendición consagró y que la fuerza de la bendición es mayor que la de la naturaleza, porque con la bendición aun la misma naturaleza se cambia». Y queriendo confirmar la verdad del misterio, propone muchos ejemplos de milagros narrados en la Escritura, entre los cuales el nacimiento de Jesús de la Virgen María, y luego, volviéndose a la creación concluye: «Por lo tanto, la palabra de Cristo, que ha podido hacer de la nada lo que no existía, ¿no puede acaso cambiar las cosas que ya existen, en lo que no eran? Pues no es menos dar a las cosas su propia naturaleza, que cambiársela»[55].

Ni es necesario aducir ya muchos testimonios. Más útil es recordar la firmeza de la fe con que la Iglesia, con unánime concordia, resistió a Berengario, quien, cediendo a dificultades sugeridas por la razón humana, fue el primero que se atrevió a negar la conversión eucarística. La Iglesia le amenazó repetidas veces con la condena si no se retractaba. Y por eso san Gregorio VII, nuestro predecesor, le impuso prestar un juramento en estos términos: «Creo de corazón y abiertamente confieso que el pan y el vino que se colocan en el altar, por el misterio de la oración sagrada, y por las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustancialmente en la verdadera, propia y vivificante carne y sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y que después de la consagración está el verdadero cuerpo de Cristo, que nació de la Virgen, y que ofrecido por la salvación del mundo estuvo pendiente de la cruz, y que está sentado a la derecha del Padre; y que está la verdadera sangre de Cristo, que brotó de su costado, y ello no sólo por signo y virtud del sacramento, sino aun en la propiedad de la naturaleza y en la realidad de la sustancia» [56].

Acorde con estas palabras, dando así admirable ejemplo de la firmeza de la fe católica, está todo cuanto los concilios ecuménicos Lateranense, Constanciense, Florentino y, finalmente, el Tridentino enseñaron de un modo constante sobre el misterio de la conversión eucarística, ya exponiendo la doctrina de la Iglesia, ya condenando los errores.

Después del Concilio de Trento, nuestro predecesor Pío VI advirtió seriamente contra los errores del Sínodo de Pistoya, que los párrocos, que tienen el deber de enseñar, no descuiden hablar de la transubstanciación, que es uno de los artículos de la fe [57].

También nuestro predecesor Pío XII, de feliz memoria, recordó los límites que no deben pasar todos los que discuten con sutilezas sobre el misterio de la transubstanciación [58]. Nos mismo, en el reciente Congreso Nacional Italiano Eucarístico de Pisa, cumpliendo Nuestro deber apostólico hemos dado público y solemne testimonio de la fe de la Iglesia [59].

Por lo demás, la Iglesia católica, no sólo ha enseñado siempre la fe sobre a presencia del cuerpo y sangre de Cristo en la Eucaristía, sino que la ha vivido también, adorando en todos los tiempos sacramento tan grande con el culto latréutico que tan sólo a Dios es debido. Culto sobre el cual escribe san Agustín: «En esta misma carne [el Señor] ha caminado aquí y esta misma carne nos la ha dado de comer para la salvación; y ninguno come esta carne sin haberla adorado antes..., de modo que no pecamos adorándola; antes al contrario, pecamos si no la adoramos» [60].

[50] Cf. Enc. Mirae caritatis, AL 22, 123.
[51] Cf. Conc. Trid. Decr. De S. Eucharistia c. 4 y can. 2.
[52] San Cirilo de Jerusalén, Catecheses 22, 9 (myst. 4) PG 33, 1103.
[53] San Juan Crisóstomo, De prodit. Iudae hom. 1, 6 PG 49, 380; cf. In Mat. hom. 82, 5 PG 58, 744.
[54] In Mat. 26, 27 PG 72, 451.
[55] San Ambrosio, De myster. 9, 50-52 PL 16, 422-424.
[56] Mansi Coll. ampliss. Concil. 20, 524 D.
[57] Pío VI, Const. Auctorem fidei, 28 de agosto de 1794.
[58] Alocución del 22 sept. 1956 AAS 48, 720.
[59] Pablo VI, Alocución al Congreso Nac. Eucar. Italiano: AAS 57, 588-592.
[60] San Agustín, In Ps. 98, 9 PL 37, 1264.


CALENDARIO

9 MIÉRCOLES. LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN, fiesta


Fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán en honor de Cristo Salvador, construida por el emperador Constantino como sede de los obispos de Roma. Su anual celebración en toda la Iglesia latina es un signo permanente de amor y de unidad con el Romano Pontífice (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. del común de la dedicación de una iglesia, Gl., Pf. del común.
LECC.: vol. V.
- Ez 47, 1-2. 8-9. 12. Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
o bien: 1 Cor 3, 9c-11. 16-17. Sois templo de Dios.
- Sal 45. R. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.
- Jn 2, 13-22. Hablaba del templo de su cuerpo.

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta y del común de la dedicación de una iglesia. Te Deum.

Martirologio: elogs. del 10 de noviembre, pág. 659.
CALENDARIOS: Regulares de Letrán: (S).
Madrid: Nuestra Señora de la Almudena (S).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán en honor de Cristo Salvador, construida por el emperador Constantino como sede de los obispos de Roma. Su anual celebración en toda la Iglesia latina es un signo permanente de amor y de unidad con el Romano Pontífice. (s. IV)

9 de noviembre
LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN
Fiesta
Die 9 novembris
IN DEDICATIONE BASILICAE LATERANENSIS
Festum
Antífona de entrada Cf Ap 21, 2
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Antiphona ad introitum Cf. Ap 21,2
Vidi civitátem sanctam, Ierúsalem novam, descendéntem de caelo a Deo, parátam sicut sponsam ornátam viro suo.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Señor, tú que edificas con piedras vivas y escogidas el templo eterno de tu gloria, derrama sobre tu Iglesia los dones del Espíritu Santo, para que tu pueblo fiel llegue un día a transformarse en la Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Señor, Dios nuestro, que has querido que tu pueblo se llamara Iglesia, haz que, reunida en tu nombre, te venere, te ame y te siga y, guiada por ti, alcance el reino que le has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui de vivis et eléctis lapídibus aetérnum habitáculum tuae praeparas maiestáti, multíplica in Ecclésia tua spíritum grátiae, quem dedísti, ut fidélis tibi pópulus in caeléstis aedificatiónem Ierúsalem semper accréscat. Per Dóminum.
Vel:
Deus, qui Ecclésiam tuam sponsam vocáre dignátus es, da, ut plebs nómini tuo insérviens te tímeat, te díligat, te sequátur et ad caeléstia promíssa, te ducénte, pervéniat. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la Fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán
Cuando esta fiesta no cae en domingo, antes del evangelio se escoge una sola de las lecturas siguientes:

PRIMERA LECTURA Ez 47, 1-2. 8-9. 12
Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente
Lectura de la profecía de Ezequiel.

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo:
-«Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 5)
R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

V. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

V. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

V. El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada. Flúminis rivi laetíficant civitátem Dei sancta tabernácula Altíssimi.

SEGUNDA LECTURA 1 Cor 3, 9c-11. 16-17
Sois templo de Dios
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.
Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya 2 Cro 7, 16
R. aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Elijo y consagro este templo –dice el Señor– para que esté en él mi nombre eternamente.
Elégi et sanctificávi locum istum, dicit Dóminus, ut sit nomen ibi in sempitérnum.
R.

EVANGELIO Jn 2, 13-22
Hablaba del templo de su cuerpo
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo habla dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
¿DONDE CELEBRAR?
1179 El culto "en espíritu y en verdad" (Jn 4, 24) de la Nueva Alianza no está ligado a un lugar exclusivo. Toda la tierra es santa y ha sido confiada a los hijos de los hombres. Cuando los fieles se reúnen en un mismo lugar, lo fundamental es que ellos son las "piedras vivas", reunidas para "la edificación de un edificio espiritual" (1P 2, 4 -5). El Cuerpo de Cristo resucitado es el templo espiritual de donde brota la fuente de agua viva. Incorporados a Cristo por el Espíritu Santo, "somos el templo de Dios vivo" (2Co 6, 16).
1180 Cuando el ejercicio de la libertad religiosa no es impedido (cf DH 4), los cristianos construyen edificios destinados al culto divino. Estas iglesias visibles no son simples lugares de reunión, sino que significan y manifiestan a la Iglesia que vive en ese lugar, morada de Dios con los hombres reconciliados y unidos en Cristo.
1181 "En la casa de oración se celebra y se reserva la sagrada Eucaristía, se reúnen los fieles y se venera para ayuda y consuelo de los fieles la presencia del Hijo de Dios, nuestro Salvador, ofrecido por nosotros en el altar del sacrificio. Debe ser hermosa y apropiada para la oración y para las celebraciones sagradas" (PO 5; cf SC 122-127). En esta "casa de Dios", la verdad y la armonía de los signos que la constituyen deben manifestar a Cristo que está presente y actúa en este lugar (cf SC 7):
1186 Finalmente, el templo tiene una significación escatológica. Para entrar en la casa de Dios ordinariamente se franquea un umbral, símbolo del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados. La Iglesia visible simboliza la casa paterna hacia la cual el pueblo de Dios está en marcha y donde el Padre "enjugará toda lágrima de sus ojos" (Ap 21, 4). Por eso también la Iglesia es la casa de todos los hijos de Dios, ampliamente abierta y acogedora.
1197 Cristo es el verdadero Templo de Dios, "el lugar donde reside su gloria"; por la gracia de Dios los cristianos son también templos del Espíritu Santo, piedras vivas con las que se construye la Iglesia.
1198 En su condición terrena, la Iglesia tiene necesidad de lugares donde la comunidad pueda reunirse: nuestras iglesias visibles, lugares santos, imágenes de la Ciudad santa, la Jerusalén celestial hacia la cual caminamos como peregrinos.
1199 En estos templos, la Iglesia celebra el culto público para gloria de la Santísima Trinidad; en ellos escucha la Palabra de Dios y canta sus alabanzas, eleva su oración y ofrece el Sacrificio de Cristo, sacramentalmente presente en medio de la asamblea. Estas iglesias son también lugares de recogimiento y de oración personal.

Oración de los fieles
363. En este templo de piedras vivas que somos nosotros, oremos a Dios Padre.
- Por la Iglesia, la casa de Dios, que va edificándose sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, cuya piedra angular es Cristo. Roguemos al Señor.
- Por las familias que viven en condiciones penosas. Roguemos al Señor.
- Por los que tienen la responsabilidad de buscar soluciones justas y eficaces al problema de la vivienda. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, llamados a integrarnos en la construcción de la Iglesia de nuestra comunidad (parroquia). Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestras súplicas; son la oración de tu Iglesia, que ora en el Espíritu, en nombre de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, munus oblátum, et poscéntibus concéde, ut hic sacramentórum virtus et votórum obtineátur efféctus. Per Christum.
Prefacio: El misterio de la Iglesia, que es esposa de Cristo y templo del Espíritu Santo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque te has dignado habitar en toda casa consagrada a la oración, para hacer de nosotros, con la ayuda constante de tu gracia, templos del Espíritu Santo, resplandecientes por la santidad de vida. Con tu acción constante, Señor, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada en edificios visibles, para que así, como madre gozosa por la multitud de sus hijos, pueda ser presentada en la gloria de tu reino.
Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De mysterio Ecclesiae, quae est sponsa Christi templumque Spiritus.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Qui domum oratiónis muníficus inhabitáre dignáris, ut, grátia tua perpétuis fovénte subsídiis, templum Spíritus Sancti ipse nos perfícias, acceptábilis vitae splendóre corúscans.
Sed et visibílibus aedifíciis adumbrátam, Christi sponsam Ecclésiam perénni operatióne sanctíficas, ut, innumerábili prole mater exsúltans, in glóriam tuam collocétur in caelis.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de la comunión Cf. 1 Pe 2, 5
Nosotros somos piedras vivas, que sirven para construir el templo espiritual, el pueblo sacerdotal que pertenece a Dios.
Antiphona ad communionem Cf. 1P 2,5
Tamquam lápides vivi superaedificámini, domus spiritális, sacerdótium sanctum.
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Deus, qui nobis supérnam Ierúsalem per temporále Ecclésiae tuae signum adumbráre voluísti, da, quaesumus, ut, huius participatióne sacraménti, nos tuae grátiae templum effícias, et habitatiónem glóriae tuae íngredi concédas. Per Christum.
Se puede usar la bendición solemne en la dedicación de una iglesia.
Que Dios, Señor del cielo y de la tierra, que ha querido congregaros hoy para celebrar el aniversario de la dedicación de la iglesia de N., os colme de sus bendiciones.
R. Amén.
Que él mismo, que quiso reunir en Cristo a todos los hijos dispersos, haga de vosotros templo suyo y morada del Espíritu Santo.
R. Amén.
Que, purificados por su gracia, podáis gozar de la presencia de Dios en vosotros y llegar a poseer, en compañía de todos los santos, la herencia de la felicidad eterna.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis in dedicatione ecclesiae
Deus, Dóminus caeli et terrae, qui vos hódie ad huius domus dedicatiónem adunávit, ipse vos caelésti benedictióne fáciat abundáre.
R. Amen.
Concedátque vobis fíeri templum suum et habitáculum Spíritus Sancti, qui omnes fílios dispérsos vóluit in Fílio suo congregári.
R. Amen.
Quátenus felíciter emundáti, habitatórem Deum in vobismetípsis possítis habére, et aetérnae beatitúdinis hereditátem cum ómnibus Sanctis possidére.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del 10 de noviembre
M
emoria de san León I, papa, doctor de la Iglesia, que, nacido en Etruria, primero fue diácono diligente en la Urbe y después, elevado a la cátedra de Pedro, mereció con todo derecho ser llamado “Magno”, tanto por apacentar a su grey con una exquisita y prudente predicación como por mantener la doctrina ortodoxa sobre la encarnación de Dios, valientemente afirmada por los legados del Concilio Ecuménico de Calcedonia, hasta que descansó en el Señor en Roma, donde en este día tuvo lugar su sepultura en San Pedro del Vaticano (461).
2. En Persia, tránsito de san Demetriano, obispo de Antioquía, deportado al destierro por el rey Sapor I (c. 260).
3. En Tiana, de Capadocia, san Orestes, mártir (s. III/IV).
4. En Ravena, de la provincia de Flaminia, san Probo, obispo, a cuyo nombre el obispo san Maximiano dedicó la célebre basílica Clasense (s. III/IV).
5. En Persia, santos mártires Narsete, obispo, anciano venerable, y José, discípulo suyo, joven, los cuales, por no querer adorar al sol como les mandaba el rey Sapor II, fueron degollados (343).
6. En Canterbury, en Inglaterra, san Justo, obispo, enviado a esta isla por el papa san Gregorio I Magno juntamente con otros monjes, para ayudar a san Agustín en la evangelización de Inglaterra, aceptando más tarde el episcopado de esta sede (627).
7*. En la aldea de Foro, en el Piamonte, san Baudelino, ermitaño (s. VIII).
8. En Nápoles, de la Campania, san Andrés Avelino, presbítero de la Congregación de Clérigos Regulares, que brilló por su santidad y celo en procurar la salvación del prójimo, hizo el arduo voto de avanzar cada día en las virtudes y, cargado de méritos, con muerte santa descansó al pie del altar
(1608).
9*. En Barcelona, ciudad de España, beato Acisclo Pina Piazuelo, religioso de la Orden de San Juan de Dios y mártir, que durante la furiosa persecución fue asesinado por odio a la religión (1936).