Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

lunes, 3 de octubre de 2016

Lunes 7 noviembre 2016, Por los hermanos, parientes y bienhechores difuntos, misa de difuntos.

SOBRE LITURGIA

Beato Pablo VI, Encíclica "Mysterium fidei" (3-septiembre-1965)

El misterio eucarístico se realiza en el sacrificio de la misa


4. Y para edificación y alegría de todos, nos place, venerables hermanos, recordar la doctrina que la Iglesia católica conserva por la tradición y enseña con unánime consentimiento.

Ante todo, es provechoso traer a la memoria lo que es como la síntesis y punto central de esta doctrina, es decir, que por el misterio eucarístico se representa de manera admirable el sacrificio de la Cruz consumado de una vez para siempre en el Calvario, se recuerda continuamente y se aplica su virtud salvadora para el perdón de los pecados que diariamente cometemos [12]. Nuestro Señor Jesucristo, al instituir el misterio eucarístico, sancionó con su sangre el Nuevo Testamento, cuyo Mediador es Él, como en otro tiempo Moisés había sancionado el Antiguo con la sangre de los terneros [13]. Porque, como cuenta el Evangelista, en la última cena, «tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Este es mi Cuerpo, entregado por vosotros; haced esto en memoria mía. Asimismo tomó el cáliz, después de la cena, diciendo: Este es el cáliz de la nueva Alianza en mi sangre, derramada por vosotros» [14]. Y así, al ordenar a los Apóstoles que hicieran esto en memoria suya, quiso por lo mismo que se renovase perpetuamente. Y la Iglesia naciente lo cumplió fielmente, perseverando en la doctrina de los Apóstoles y reuniéndose para celebrar el sacrificio eucarístico: «Todos ellos perseveraban —atestigua cuidadosamente San Lucas— en la doctrina de los apóstoles y en la comunión de la fracción del pan y en la oración» [15]. Y era tan grande el fervor que los fieles recibían de esto, que podía decirse de ellos: «la muchedumbre de los creyentes era un solo corazón y un alma sola» [16].

Y el apóstol Pablo, que nos transmitió con toda fidelidad lo que el Señor le había enseñado [17], habla claramente del sacrificio eucarístico, cuando demuestra que los cristianos no pueden tomar parte en los sacrificios de los paganos, precisamente porque se han hecho participantes de la mesa del Señor. «El cáliz de bendición que bendecimos —dice— ¿no es por ventura la comunicación de la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es acaso la participación del Cuerpo de Cristo?... No podéis beber el cáliz de Cristo y el cáliz de los demonios, no podéis tomar parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios»[18]. La Iglesia, enseñada por el Señor y por los apóstoles ha ofrecido siempre esta nueva oblación del Nuevo Testamento, que Malaquías había preanunciado [19], no sólo por los pecados de los fieles aún vivos y por sus penas, expiaciones y demás necesidades, sino también por los muertos en Cristo, no purificados aún del todo [20].

Y omitiendo otros testimonios, recordamos tan sólo el de San Cirilo de Jerusalén, el cual, instruyendo a los neófitos en la fe cristiana, dijo estas memorables palabras: «Después de completar el sacrificio espiritual, rito incruento, sobre la hostia propiciatoria, pedimos a Dios por la paz común de las Iglesias, por el recto orden del mundo, por los emperadores, por los ejércitos y los aliados, por los enfermos, por los afligidos, y, en general, todos nosotros rogamos por todos los que tienen necesidad de ayuda y ofrecemos esta víctima... y luego [oramos] también por los Santos Padres y obispos difuntos y, en general, por todos los que han muerto entre nosotros, persuadidos de que les será de sumo provecho a las almas por las cuales se eleva la oración mientras esté aquí presente la Víctima Santa y digna de la máxima reverencia». Confirmando esto con el ejemplo de la corona entretejida para el emperador a fin de que perdone a los desterrados, el mismo santo Doctor concluye así su discurso: «Del mismo modo también nosotros ofrecemos plegarias a Dios por los difuntos, aunque sean pecadores; no le entretejemos una corona, pero le ofrecemos en compensación de nuestros pecados a Cristo inmolado, tratando de hacer a Dios propicio para con nosotros y con ellos» [21]. San Agustín atestigua que esta costumbre de ofrecer el sacrificio de nuestra redención también por los difuntos estaba vigente en la Iglesia romana [22], y al mismo tiempo hace notar que aquella costumbre, como transmitida por los Padres, se guardaba en toda la Iglesia [23].

Pero hay otra cosa que, por ser muy útil para ilustrar el misterio de la Iglesia, nos place añadir; esto es, que la Iglesia, al desempeñar la función de sacerdote y víctima juntamente con Cristo, ofrece toda entera el sacrificio de la misa, y toda entera se ofrece en él. Nos deseamos ardientemente que esta admirable doctrina, enseñada ya por los Padres [24], recientemente expuesta por nuestro predecesor Pío XII, de inmortal memoria [25], y últimamente expresada por el Concilio Vaticano II en la Constitución De Ecclesia a propósito del pueblo de Dios [26], se explique con frecuencia y se inculque profundamente en las almas de los fieles, dejando a salvo, como es justo, la distinción no sólo de grado, sino también de naturaleza que hay entre el sacerdocio de los fieles y el sacerdocio jerárquico [27]. Porque esta doctrina, en efecto, es muy apta para alimentar la piedad eucarística, para enaltecer la dignidad de todos los fieles y para estimular a las almas a llegar a la cumbre de la santidad, que no consiste sino en entregarse por completo al servicio de la divina Majestad con generosa oblación de sí mismo.

Conviene, además, recordar la conclusión que de esta doctrina se desprende sobre la naturaleza pública y social de toda misa [28]. Porque toda misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es acción privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrifico que ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la Cruz.

Pues cada misa que se celebra se ofrece no sólo por la salvación de algunos, sino también por la salvación de todo el mundo.

De donde se sigue que, si bien a la celebración de la misa conviene en gran manera, por su misma naturaleza, que un gran número de fieles tome parte activa en ella, no hay que desaprobar, sino antes bien aprobar, la misa celebrada privadamente, según las prescripciones y tradiciones de la Iglesia, por un sacerdote con sólo el ministro que le ayuda y le responde; porque de esta misa se deriva gran abundancia de gracias especiales para provecho ya del mismo sacerdote, ya del pueblo fiel y de otra la Iglesia, y aun de todo el mundo: gracias que no se obtienen en igual abundancia con la sola comunión.

Por lo tanto, con paternal insistencia, recomendamos a los sacerdotes —que de un modo particular constituyen nuestro gozo y nuestra corona en el Señor— que, recordando la potestad, que recibieron del obispo que los consagró para ofrecer a Dios el sacrificio y celebrar misas tanto por los vivos como por los difuntos en nombre del Señor [29], celebren cada día la misa digna y devotamente, de suerte que tanto ellos mismos como los demás cristianos puedan gozar en abundancia de la aplicación de los frutos que brotan del sacrificio de la Cruz. Así también contribuyen en grado sumo a la salvación del genero humano.

[12] Cf. Conc. Trid. De s. missae sacrif., c. 1.
[13] Cf. Ex 24, 8.
[14] Lc 22, 19-20; cf. Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24.
[15] Hch 2, 42.
[16] Ibid. 4, 32.
[17] 1Cor 11, 23 ss.
[18] Ibid. 10, 16.
[19] Mal 1, 11.
[20] Conc. Trid. De s. missae sacrif., c. 2.
[21] Catecheses 23 (myst. 5), 8-18 PG 33, 1115-18.
[22] Cf. Confess. 9, 12, 32 PL 32, 777; cf. ibid. 9, 11, 27 PL 32, 775.
[23] Cf. Serm. 172, 2 PL 38, 936; cf. De cura gerenda pro mortuis 13 PL 40, 593.
[24] Cf. S. Agustín, De civ. Dei. 10, 6 PL 41, 284.
[25] Cf. Enc. Mediator Dei, AAS 39, 552.
[26] Cf. Const. dogm. De Ecclesia c. 2 n. 11 AAS 57, 15.
[27] Cf. ibíd. c. 2, n. 10 AAS 57, 14.
[28] Const. De sacra liturgia c. 1 n. 27 AAS 56, 107.
[29] Cf. Pontificale Romanum.


CALENDARIO

7 LUNES DE LA XXXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
ve MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24), Pf. común.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Tit 1, 1-9. Establece presbíteros, siguiendo las instrucciones que te di.
- Sal 23. R. Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
- Lc 17, 1-6. Si siete veces vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 8 de noviembre, pág. 656.
CALENDARIOS: Carmelitas Misioneras y Carmelitas Misioneras Teresianas: Beato Francisco de Jesús, María José Palau Quer (F). Ibiza, Lleida, Mallorca, Tarragona y Carmelitas Descalzos: (ML).
Dominicos: Todos los Santos de la Orden (F).
Barcelona: Santos Pedro Poveda e Inocencio de la Inmaculada, presbíteros, y compañeros, mártires (MO-trasladada).
Jerónimos: Beato Manuel de la Sagrada Familia, presbítero y mártir (MO).
Valencia: San Jacinto María Castañeda, presbítero mártir (ML).
Benedictinos: San Willibrordo, obispo (ML).
Canónigos Regulares de Letrán: Santos Israel, Gualtero y Teobaldo, religiosos (ML).
Franciscanas Misioneras de María: Beata María Assunta Pallota, virgen (ML).
Escolapios: Conmemoración de las religiosas de la Familia Calasancia.
Mercedarios: Conmemoración de todos los difuntos de la Orden.

TEXTOS MISA

Las antífonas están tomadas de la misa en diversas conmemoraciones, por varios difuntos E.

POR LOS HERMANOS, PARIENTES Y BIENHECHORES DIFUNTOS PRO DEFUNCTIS FRATRIBUS, PROPINQUIS ET BENEFACTORIBUS
Antífona de entrada Ap 14, 13
Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor. Que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.
Antiphona ad introitum Cf. Ap 14,13
Beáti mórtui, qui in Dómino moriúntur. Amodo requiéscant a labóribus suis: ópera enim illórum sequúntur illos.
Oración colecta
Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres, por intercesión de santa María, la Virgen, y de todos los santos concede a nuestros hermanos, parientes y bienhechores que han salido ya de este mundo, alcanzar la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, véniae largítor et humánae salútis amátor, quaesumus cleméntiam tuam, ut nostrae congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc saeculo transiérunt, beáta María semper Virgíne intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuae beatitúdinis consórtium perveníre concédas. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XXXII semana de Tiempo Ordinario.

PRIMERA LECTURA Tit 1, 1-9
Constituye presbíteros siguiendo las instrucciones que te di

Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a Tito.

Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para suscitar la fe de los elegidos de Dios y el conocimiento de la verdad, que, de acuerdo con la piedad, lleva a la esperanza de la vida eterna; esta fue prometida antes de los siglos por Dios, que nunca miente; al llegar el tiempo apropiado, él manifestó su palabra por la predicación que me fue confiada según el mandato de Dios nuestro Salvador, a Tito, verdadero hijo en la fe que compartimos: gracia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Salvador nuestro.
Mi intención al dejarte en Creta era que acabaras de organizar lo que aún faltaba por hacer y constituyeses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di.
Que el presbítero sea alguien sin tacha, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, a los que no quepa acusar de vida desenfrenada ni de ser unos insubordinados.
Porque es preciso que el obispo sea intachable, como administrador que es de la casa de Dios; que no sea presuntuoso, ni colérico, ni dado al vino, ni pendenciero, ni ávido de ganancias poco limpias.
Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí.
Debe mostrar adhesión al mensaje de la fe de acuerdo con la enseñanza, para que sea capaz tanto de orientar en la sana doctrina como de rebatir a los que sostienen la contraria.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 6)
R.
Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

V. Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.
Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

V. ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.
Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

V. Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.
R.
Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

Aleluya Flp 2, 15d. 16A
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida.
Lucétis sicut luminária in mundo, verbum vitæ continéntes.
R.

EVANGELIO Lc 17, 1-6
Si siete veces en un día vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».
Los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus, 6 de octubre de 2013
La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. 

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XVI
304. Oremos a Dios Padre.
- Por la Iglesia, en la pluralidad de ministerios y carismas. Roguemos al Señor.
- Por los que trabajan en las diversas profesiones. Roguemos al Señor.
- Por los impedidos y minusválidos. Roguemos al Señor.
- Por nuestros familiares difuntos. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, que queremos ser fieles a nuestra vocación de cristianos. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, los ruegos de los que te suplican. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor Dios, cuya misericordia no tiene límites, oye propicio nuestras oraciones y, por esta eucaristía que estamos celebrando, concede a nuestros hermanos, parientes y bienhechores el perdón de todos sus pecados. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Deus, cuius misericórdiae non est númerus, súscipe propítius preces humilitátis nostrae, et animábus fratrum, propinquórum et benefactórum nostrórum, per haec sacraménta salútis nostrae, cunctórum remissiónem tríbue peccatórum. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de comunión
Concede, Señor, el descanso eterno a nuestros hermanos, en cuya memoria nos reunimos, para participar de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Antiphona ad communionem
Pro quorum memória Corpus et Sanguis Christi súmitur, dona eis, Dómine, réquiem sempitérnam.
Oración después de la comunión
Dios de poder y misericordia, haz que, por la eficacia de este sacrificio de alabanza que te hemos ofrecido, las almas de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, purificadas de todo pecado, alcancen la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Praesta, quaesumus, omnípotens et miséricors Deus, ut ánimae fratrum, propinquórum et benefactórum nostrórum, pro quibus hoc sacrifícium laudis tuae obtúlimus maiestáti, per huius virtútem sacraménti a peccátis ómnibus expiátae, lucis perpétuae, te miseránte, recípiant beatitúdinem. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 8 de noviembre

1. Conmemoración de los santos mártires Simproniano, Claudio, Nicóstrato, Cástor y Simplicio, que, según la tradición, eran marmolistas en Sirmio, en Panonia, y por negarse, en fidelidad al nombre de Jesucristo, a esculpir la imagen del dios Esculapio, fueron arrojados al río por orden del emperador Diocleciano y coronados por Dios con la gracia del martirio. Sus restos fueron venerados en Roma en la basílica del monte Celio, bajo el título de los Cuatro Coronados (306).
2. En Tours, de la Galia Lugdunense, san Claro, presbítero, discípulo de san Martín, que al lado del monasterio del obispo construyó una casa, donde congregó a muchos hermanos (397).
3. En la basílica de San Pedro, en Roma, san Diosdado I, papa, que amó a su clero y a su pueblo y brilló por su sencillez y sabiduría (618).
4. En Brema, de Sajonia, san Wilehado, obispo, que, nacido en Northumbria y amigo de Alcuino, propagó el Evangelio en Frisia y Sajonia después de san Bonifacio y, ordenado obispo, fundó la sede de Brema y la gobernó sabiamente (789).
5. En Soissons, de Francia, muerte de san Godofredo, obispo de Amiéns, que, educado en la vida monástica desde los cinco años, padeció mucho por remediar las luchas en la ciudad entre los señores y los plebeyos, y por la reforma del clero y el pueblo (1115).
6*. En Colonia, de la Lotaringia, en Germania, beato Juan Duns Escoto, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, el cual, oriundo de Escocia, enseñó las disciplinas filosóficas y teológicas en Cantorbery, Oxford, París y, finalmente, en Colonia, como maestro preclaro de sutil ingenio y fervor admirable (1308).
7*. En Monte Novo, del Piceno, en Italia, beata María Crucificada (Isabel María) Satellico, abadesa de la Orden de las Clarisas, extraordinaria en la contemplación del misterio de la cruz y enriquecida con carismas místicos (1745).
8. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos mártires José Nguyên Dình Nghi, Pablo Nguyên Ngân, Martín Ta Dúc Thinh, presbíteros, y Martín Tho y Juan Bauatista Còn, labradores, que fueron degollados por causa de su fe cristiana, en tiempo del emperador Thiêu Tri (1840).