jueves, 13 de octubre de 2016

Jueves 17 noviembre 2016, Lecturas Jueves XXXIII semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Ap 5, 1-10
El Cordero fue degollado, y con su sangre nos adquirió de toda nación

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, que pregonaba en alta voz:
«¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?».
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirarlo. Yo lloraba mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de mirarlo. Pero uno de los ancianos me dijo:
«Deja de llorar; pues ha vencido el león de la tribu de Judá, el retoño de David, y es capaz de abrir el libro y sus siete sellos».
Y vi en medio del trono y de los cuatro vivientes, y en medio de los ancianos, a un Cordero de pie, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Se acercó para recibir el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono.
Cuando recibió el libro, los cuatro vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante el Cordero; tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos. Y cantan un cántico nuevo:
«Eres digno de recibir el libro
y de abrir sus sellos,
porque fuiste degollado, y con tu sangre
has adquirido para Dios
hombres de toda tribu,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b (R.: cf. Ap 5, 10)
R.
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Fecísti nos Deo nostro regnum et sacerdótes.
O bien: Aleluya.

V. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R.
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Fecísti nos Deo nostro regnum et sacerdótes.

V. Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R.
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Fecísti nos Deo nostro regnum et sacerdótes.

V. Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R.
Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes. Fecísti nos Deo nostro regnum et sacerdótes.

Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor.
Hódie, nolíte obduráre corda vestra, sed vocem Dómini audíte.
R.

EVANGELIO Lc 19, 41-44
¡Si reconocieras lo que conduce a la paz!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta, 20 de noviembre de 2014
El riesgo es ya sentirse satisfechos porque «tenemos todo acomodado y no necesitamos nuevas visitas del Señor». Pero Jesús, precisó el Papa, «sigue llamando a la puerta de cada uno de nosotros y de su Iglesia, de los pastores de la Iglesia». Y si «la puerta de nuestro corazón, de la Iglesia, de los pastores no se abre, el Señor llora, también hoy», como lo hizo sobre Jerusalén. Jesús contempla la ciudad y «llora porque no abre la puerta, porque tiene miedo a sus sorpresas, porque está demasiado satisfecha de sí misma». De aquí la invitación conclusiva del Papa: «Pensemos en nosotros: ¿cómo estamos en este momento ante Dios?».