miércoles, 19 de octubre de 2016

Bautismo adultos: Salmos responsoriales.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

Capítulo VI. TEXTOS DIVERSOS PARA LA CELEBRACIÓN DE LA INICIACIÓN DE LOS ADULTOS.

PARA LA CELEBRACIÓN DEL BAUTISMO


388. A los nn. 253 y 345: Lecturas bíblicas para la iniciación cristiana fuera de la Vigilia pascual:

SALMOS RESPONSORIALES

1. Sal 8, 4-5. 6-7. 8-9. (R.: 2a; o bien: Ef 5, 14). (Leccionario VIII, pág. 30)

R. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
O bien:
Despierta, tu que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿que es el hombre, para que te acuerdes de el,
el ser humano, para darle poder? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies. R.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R.

2. Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6. (R.: 1; o bien: 1P 2, 25). (Leccionario VIII, pág. 30)

R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
O bien:
Andábais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor de vuestras vidas.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

3. Sal 26, 1. 4. 8b-9abc. 13-14. (R.: 1a; o bien: Ef 5, 14). (Lecc. VIII, pág. 31)

R. El Señor es mi luz y mi salvación.
O bien:
Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tu eres mi auxilio. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

4. Sal 31, 1-2. 5. 11. (R.: 1a; o bien: 11a). (Leccionario VIII, pág. 32)

R. Dichoso el que esta absuelto de su culpa.
O bien:
Alegraos, justos, y gozad con el Señor.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre
a quien el Señor no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesare al Señor mi culpa»,
y tu perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R.

5. Sal 33, 2-3. 6-7. 8-9. 14-15. 16-17. 18-19. (R.: 6a). (Lecc. VIII, pág. 32)

R. Contempladlo, y quedaréis radiantes.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzara.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved que bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R.

6. Sal 41, 2-3; Sal 42, 3. 4. (R.: 41, 3a). (Leccionario VIII, pág. 33)

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo.

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuando entrare a ver el rostro de Dios? R.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.

7. Sal 50, 3-4. 8-9. 12-13. 14 y 17. (R.: 12a; o bien: Ez 36, 26) (Lecc. VIII, pág. 34)

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
O bien:
Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

8. Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9a. (R.: 2b). (Leccionario VIII, pág. 35)

R. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Como te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti. R.

9. Sal 65, 1-3a. 8-9. 16-17. (R.: 1). (Leccionario VIII, pág. 35)

R. Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria. Decid a Dios:
«¡Qué temibles son tus obras!» R.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios. R.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies. R.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua. R.

10. Sal 88, 3-4. 16-17. 21-22. 25 y 27. (R.: 2a). (Leccionario VIII, pág. 36)

R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
mas que el cielo has afianzado tu fidelidad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo. R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
El me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.» R.

11. Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6. (R.: 3). (Leccionario VIII, pág. 36)

R. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.