miércoles, 21 de septiembre de 2016

Tercer escrutinio.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

TERCER ESCRUTINIO

174.
El tercer escrutinio se celebra el quinto domingo de Cuaresma, empleando las fórmulas señaladas en el Misal y en el Leccionario (cf. también nn. 384-385).

Homilía


175. En la homilía el celebrante, basándose en las lecturas de la Sagrada Escritura, expone el objeto del tercer escrutinio, fijándose tanto en la liturgia cuaresmal como en el itinerario espiritual de los elegidos.

Oración en silencio

176. Después de la homilía, los elegidos con sus padrinos y madrinas se ponen de pie delante del celebrante.

Éste, vuelto primero hacia los fieles, los invita a orar en silencio por los elegidos, pidiendo el espíritu de penitencia, el sentido del misterio del pecado y de la muerte, y la esperanza de la vida eterna propia de los hijos de Dios.

Después, vuelto hacia los catecúmenos, los invita igualmente a orar en silencio, y los exhórta a mostrar su disposición de penitencia aun con su postura corporal, ya sea inclinados o arrodillados. Finalmente concluye con éstas o parecidas palabras:

Elegidos de Dios, inclinad la cabeza (o: arrodillaos) y orad.

Entonces los elegidos se inclinan o se arrodillan. Y todos oran en silencio durante unos momentos. Después, si se juzga oportuno, todos se levantan.

Súplicas por los elegidos

177. Mientras se hacen las súplicas por los elegidos, los padrinos y madrinas apoyan su mano derecha sobre el hombro de su elegido.

Celebrante:

Oremos por estos siervos a los que Dios ha elegido, para que, unidos a la muerte y resurrección de Cristo, puedan superar con la gracia de los sacramentos la amarga condición mortal.

Lector:

Para que se fortalezcan con la fe contra cualquier clase de engaños del mundo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que se muestren agradecidos a la elección divina por la que pasaron de ignorar la esperanza de la vida eterna a emprender el camino de la salvación, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que con el ejemplo y la intercesión de los catecúmenos que derramaron su sangre por Cristo, se animen a esperar la vida eterna, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que todos se aparten con aversión del pecado, que despoja de la vida, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que los que se afligen con la muerte de los suyos encuentren en Cristo el consuelo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que nosotros mismos, al celebrar una vez más las solemnidades pascuales, nos afirmemos en la esperanza de resucitar con Cristo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que el mundo entero, creado por designio amoroso de Dios, alcance nueva vida con el progreso en la fe y en la caridad, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

Variando las circunstancias, se pueden acomodar a ellas tanto la monición del celebrante como las invocaciones de las súplicas. Añádase además la acostumbrada petición por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo, si después de despedidos los elegidos, se omitiera la oración universal en la Eucaristía (cf. n. 180).

Otra fórmula de las súplicas "ad libitum" en el n. 386.

Exorcismo

178. Después de las súplicas, el celebrante vuelto a los elegidos dice con las manos juntas:

Oremos.

Oh Padre de la vida eterna,
que no eres Dios de muertos sino de vivos,
y que enviaste a tu Hijo como mensajero de la vida,
para arrancar a los hombres del reino de la muerte
y conducirlos a la resurrección,
te rogamos que libres a estos elegidos
de la potestad del espíritu maligno,
que arrastra a la muerte,
para que puedan recibir
la nueva vida de Cristo resucitado
y dar testimonio de ella.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

A continuación, si puede hacerse con comodidad, el celebrante impone la mano en silencio a cada uno de los elegidos.

Después, con las manos extendidas sobre los elegidos, el celebrante prosigue:

Señor Jesús,
que, resucitando a Lázaro de la muerte,
significaste que venías para que los hombres
tuvieran vida abundante,
libra de la muerte a éstos,
que anhelan la vida de tus sacramentos,
arráncalos del espíritu de la corrupción
y comunícales por tu Espíritu vivificante
la fe, la esperanza y la caridad,
para que viviendo siempre contigo,
participen de la gloria de tu resurrección.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Otra formula para el exorcismo "ad libitum" en el n. 387.

Si parece oportuno se puede entonar algún canto a propósito, elegido, v. gr, entre los salmos 6, 25, 31, 37, 38, 39, 50, 114, 129, 138, 141.

Despedida de los elegidos

179. Después el celebrante despide a los elegidos, diciendo:

Podéis ir en paz, y que el Señor esté siempre con vosotros.

Elegidos:

Amén.

Salen los elegidos. Pero, si por graves razones no pudieran salir de la iglesia, hágase como se dijo en el Rito de entrada en el catecumenado, n. 96.

Pero si no se celebrara seguidamente la Eucaristía, añádase, si parece oportuno, algún canto a propósito, y despídase a los fieles juntamente con los elegidos.

Celebración de la Eucaristía

180. Después de que hayan salido del templo los elegidos, se celebra la Eucaristía, que comienza seguidamente con la oración universal por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo. A continuación se dice el Credo y se hace la preparación de los dones; sin embargo, por razones pastorales, se pueden omitir la oración universal y el Credo. En la Plegaria eucarística hágase mención de los elegidos y sus padrinos (cf. nn. 377 y 412).