sábado, 17 de septiembre de 2016

Rito de la elección o inscripción del nombre.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

SEGUNDO GRADO

RITO DE LA ELECCIÓN O INSCRIPCIÓN DEL NOMBRE

133. Al comienzo de la Cuaresma, que es la preparación próxima de la iniciación sacramental, se celebra la "elección" o "inscripción del nombre", en la cual la Iglesia, oído el testimonio de los padrinos y de los catequistas, y confirmando su voluntad los catecúmenos, juzga de su preparación y decide si pueden acercarse a los sacramentos pascuales.

134. Con la ceremonia de la "elección" concluye el catecumenado mismo, y por tanto el largo aprendizaje de la mente y del corazón. Por esta razón, para que alguien pueda ser inscrito entre los "elegidos", se requiere de él la fe iluminada y la voluntad deliberada de recibir los sacramentos de la Iglesia. Hecha la elección, se le instará a seguir a Cristo con mayor generosidad.

135. En lo que toca a la Iglesia, la elección es como el centro de la atenta solicitud hacia los catecúmenos. El obispo, los presbíteros, diáconos, catequistas, padrinos y toda la comunidad local, cada uno en su orden y a su modo, después de diligente reflexión, dé su parecer acerca de la instrucción y aprovechamiento de los catecúmenos. Finalmente acójase con la oración a los "elegidos", para que toda la Iglesia los conduzca consigo al encuentro de Cristo.

136. Entonces los padrinos, escogidos antes por los catecúmenos de acuerdo con el sacerdote y, en cuanto sea posible, aceptados por la comunidad local, comienzan a ejercitar públicamente su oficio: se les llama al principio del rito y se acercan con los catecúmenos (n. 143), en favor de éstos pronuncian su testimonio ante la comunidad (n. 144), y, según la oportunidad, inscriben su nombre con ellos (n. 146).

137. Para evitar una realización rutinaria del rito litúrgico, conviene que antes se tenga alguna deliberación sobre la idoneidad de los candidatos por aquéllos que les atienden, o sea, en primer lugar los que dirigen la formación del catecumenado, presbíteros, diáconos y catequistas, más los padrinos y delegados de la comunidad local; incluso, si es preciso, con la participación del grupo de catecúmenos. Esta deliberación puede adoptar diversas formas, según las condiciones de cada región y los principios pastorales. El resultado de la deliberación lo dará a conocer el celebrante durante el rito litúrgico.

138. Es oficio del celebrante, es decir del obispo o del que haga sus veces, aunque su participación en la deliberación previa sea remota o próxima, manifestar en la homilía o en el curso del rito cuál es la índole religiosa y eclesiástica de la "elección". Él es, pues, quien debe exponer ante los presentes la decisión de la Iglesia, y del mismo modo oír, según lo pidan las circunstancias, la opinión de los presentes, averiguar la voluntad personal de los catecúmenos y efectuar, por último, en nombre de Cristo y de la Iglesia, la admisión de los "elegidos". Además abra a todos el divino misterio, que se contiene en la vocación a la Iglesia y en su celebración litúrgica; y exhorte a los fieles para que juntamente con los "elegidos", a los que deben dar ejemplo, se preparen para las solemnidades pascuales.

139. Puesto que los sacramentos de la iniciación se celebran en las solemnidades pascuales y su preparación pertenece a la índole propia de la Cuaresma, el rito de la elección hágase de ordinario en el primer domingo de la Cuaresma; y el tiempo de la última preparación de los postulantes coincida con el Tiempo de Cuaresma, cuyo ciclo, ya sea por su estructura litúrgica, ya sea por la participación de la comunidad, aprovechará mucho a los elegidos. Sin embargo, por causas pastorales urgentes (principalmente en estaciones secundarias de las misiones), el rito se puede celebrar la semana precedente o la siguiente.

140. El rito se hará en la iglesia o, por alguna necesidad, en otro lugar conveniente y apropiado. Celébrese durante la misa del primer domingo de Cuaresma, después de la homilía.

141. Si es que se celebrara fuera de este domingo, empiécese por la liturgia de la Palabra. En este caso, si las lecturas del día no fueren a propósito, elíjanse las lecturas de entre las que se asignan al primer domingo de Cuaresma (cf. Leccionario de la Misa, nn. 22-24), o bien otras lecturas a propósito. Siempre se puede celebrar la Misa ritual propia (n. 374 bis). Pero si no se celebra la Eucaristía, acábese la ceremonia con la despedida de todos juntamente con los catecúmenos.

142. La homilía, acomodada a las circunstancias, mire también, además de a los catecúmenos, a toda la comunidad de los fieles, de modo que éstos, procurando dar buen ejemplo, emprendan el camino del misterio pascual en compañía de los elegidos.

Presentación de los candidatos

143. Acabada la homilía, el sacerdote que esté al frente de la iniciación de los catecúmenos, o un diácono o catequista o el delegado de la comunidad, presenta a los que han de ser elegidos, con éstas o parecidas palabras:

Reverendo Padre, próximas ya las solemnidades pascuales, los catecúmenos aquí presentes, confiados en la gracia divina y ayudados con las oraciones y el ejemplo de la comunidad, piden humildemente que, después de la debida preparación y de la celebración de los escrutinios, les admitan a participar en los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

El celebrante responde:

Acérquense los que han de ser elegidos, acompañados por sus padrinos (madrinas).

Entonces se les va llamando a todos por su nombre, y cada uno con su padrino (madrina) se adelanta y se queda de pie ante el celebrante. Si fueran muy numerosos, hágase la presentación de todos a la vez, v. gr., cada catequista presente a su grupo; es de aconsejar que estos catequistas en alguna celebración previa llamen por su nombre a cada uno de sus candidatos, antes de que acudan al rito común.

144. Si no ha tomado parte en la deliberación previa (cf . n. 137), el celebrante habla a los presentes con éstas o parecidas palabras:

La santa Iglesia de Dios desea ahora asegurarse de que estos candidatos han sido hallados idóneos para entrar en el grado de los elegidos, y así celebrar las próximas solemnidades de la Pascua.

Y volviéndose hacia los padrinos:

Por eso os ruego a vosotros, padrinos (y madrinas), que deis vuestro testimonio: ¿Han escuchado fielmente la Palabra de Dios anunciada por la Iglesia?

Padrinos:

Sí, la han escuchado fielmente.

Celebrante:

¿Han comenzado a caminar ante Dios, guardando la Palabra recibida?

Padrinos:

Sí, han comenzado.

Celebrante:

¿Están unidos fraternalmente a la comunidad y a sus oraciones?

Padrinos:

Sí, están unidos.

Después, si lo aconsejan las circunstancias, el celebrante interroga a la asamblea acerca de su conformidad.
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145. Pero si el celebrante, habiendo tomado parte en la deliberación previa acerca de la idoneidad de los candidatos (cf. n. 137), lo prefiere, puede dirigir a la asamblea éstas o parecidas palabras:

Queridos hermanos, estos catecúmenos han pedido ser iniciados en los sacramentos de la Iglesia durante las próximas fiestas pascuales. Los que los conocen, han juzgado que era sincero su deseo.
Porque ya han oído desde hace tiempo la palabra de Cristo y se han esforzado en vivir según sus mandamientos; han tomado parte en la unión fraterna y en las oraciones. Ahora quiero informar a toda la asamblea que la deliberación de la comunidad ha decidido llamarlos a los sacramentos. Al comunicaros ahora esta decisión, pido a los padrinos que de nuevo ante vosotros ratifiquen su sufragio.

Y, vuelto a los padrinos, continúa diciendo:

¿Juzgáis, en presencia de Dios, que los candidatos son dignos de que se les admita a los sacramentos de la iniciación cristiana?

Padrinos:

Sí, los juzgamos dignos.

Después, si lo aconsejan las circunstancias, el celebrante interroga a la asamblea acerca de su conformidad.
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Interrogatorio de los candidatos y petición de éstos

146. Entonces el celebrante, mirando a los catecúmenos, los exhorta e interroga con éstas o parecidas palabras:

Ahora os hablo a vosotros, queridos catecúmenos. Vuestros padrinos y catequistas (y toda la comunidad) han dado buen testimonio de vosotros. Y la Iglesia, confiando en este sufragio, os llama en nombre de Cristo a los sacramentos pascuales. Ahora pues, os toca a vosotros, que ya habéis escuchado desde hace tiempo la palabra de Cristo, dar vuestra respuesta en presencia de la Iglesia, descubriendo vuestro pensamiento.

¿Queréis iniciaros en los sacramentos de Cristo, Bautismo, Confirmación y Eucaristía?

Catecúmenos:

Sí, queremos.

Celebrante:

Decid, pues, vuestros nombres, por favor.

Entonces los candidatos acercándose al celebrante con sus padrinos, o permaneciendo en su puesto, dicen su nombre; su inscripción se puede hacer de diversos modos. Puede escribirlo cada candidato, o una vez pronunciado con claridad, lo puede escribir el padrino o el sacerdote. Pero si los candidatos son muy numerosos, se le puede entregar la lista de los nombres al celebrante, con éstas o parecidas
palabras:

Éstos son los nombres de los postulantes.

Mientras se inscriben los nombres, se puede cantar algo apropiado, v. gr., el salmo 15.

Admisión o elección

147. Acabada la inscripción de los nombres, el celebrante, después de explicar brevemente a los asistentes el significado del rito celebrado, se vuelve a los candidatos diciéndoles éstas o parecidas palabras:

N. y N., habéis sido elegidos para que seáis iniciados en los sagrados misterios durante la próxima Vigilia Pascual.

Catecúmenos:

Demos gracias a Dios.

El celebrante prosigue:

Ahora, por tanto, vuestro deber es, como el de todos nosotros, que, ayudados por la divina gracia, ofrezcáís a Dios, que es fiel a su llamamiento, vuestra fidelidad y que os esforcéis con todo entusias-
mo en llegar a la plena verdad de vuestra elección.

Después, vuelto a los padrinos, el celebrante los exhorta con éstas o parecidas palabras:

Os encomendamos en el Señor a estos catecúmenos, de los que habéis dado testimonio, para que los acompañéis con vuestra ayuda y con vuestro ejemplo hasta que reciban los sacramentos de la vida
divina.

Y los invita a que pongan la mano sobre el hombro de los candidatos, a los que adoptan, o hagan otro gesto del mismo significado.

Súplicas por los elegidos

148. Después la comunidad hace las súplicas con éstas o parecidas palabras:

Celebrante:

Queridos hermanos, preparándonos a los misterios salvíficos de la Pasión y resurrección, emprendemos hoy el camino cuaresmal. Los elegidos, a quienes conducimos con nosotros a los sacramentos pascuales, se fijan en el ejemplo de nuestra renovación. Roguemos, pues, por ellos y por nosotros al Señor, para que movidos por nuestra mutua conversión, nos hagamos dignos de las gracias pascuales.

Lector:

Por los catecúmenos, para que recordando el día de su elección, permanezcan siempre agradecidos a la bendición celestial, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que, empleando bien este tiempo de gracia, soporten las penalidades de la renuncia y prosigan con nosotros las obras de la santificación, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Por sus catequistas, para que les muestren la suavidad de la Palabra de Dios, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Por sus padrinos, para que les manifiesten a los catecúmenos la práctica continua del Evangelio en la vida privada y en el trato social, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Por sus familias, para que no poniéndoles ningún impedimento, les ayuden más bien a seguir la inspiración del Espíritu Santo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Por nuestra asamblea, para que en este tiempo cuaresmal brille con la plenitud de la caridad y con la perseverancia en la oración, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Por todos los que todavía dudan, para que fiándose de Cristo lleguen con decisión a la unión de nuestra fraternidad, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

En estas súplicas añádanse las peticiones acostumbradas por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo, si después de despedidos los catecúmenos se omite la oración universal en la Misa (cf. n. 151).

Otras fórmulas de la súplica "ad libitum" en el n. 375.

149. El celebrante, extendiendo las manos sobre los elegidos, concluye las súplicas con esta oración:

Oh Dios, que eres creador
y restaurador del género humano,
sé propicio a estos hijos de adopción,
e incluye en la nueva alianza
al retoño de nuevos hijos,
para que, hechos herederos de la promesa,
se alegren de recibir por la gracia
lo que no se consigue por la naturaleza.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

O bien:

Padre amantísimo y todopoderoso,
que quieres instaurar todo en Cristo
y llamas a los hombres a su seguimiento,
dígnate guiar a estos elegidos de la Iglesia
y concédeles que, fieles a la vocación recibida,
merezcan ser trasladados al reino de tu Hijo
y sellados con el Espíritu Santo prometido.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Despedida de los elegidos

150. Después el celebrante despide a los elegidos con ésta o parecida monición:

Queridos elegidos, habéis entrado con nosotros en el camino cuaresmal. Cristo será vuestro camino, vuestra verdad y vuestra vida, especialmente en los próximos escrutinios, en que os reuniréis con
nosotros. Ahora marchad en paz.

Elegidos:

Amén.

Los elegidos salen. Pero si por graves razones no salen de la iglesia (cf. Observaciones generales previas, n. 19, 3) y debieran permanecer con los fieles, cuídese que, aunque asistan a la celebración eucarística, no participen al modo de los bautizados.

Pero si no se celebra la Eucaristía, añádase algún canto a propósito y despídase a los fieles y a los catecúmenos.

Celebración de la Eucaristía

151. Después de que hayan salido de la iglesia los elegidos, se celebra la Eucaristía. Se empieza por la oración universal pidiendo por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo. Luego se dice el Credo (si el rito litúrgico lo pidiese), y se hace la preparación de los dones. Sin embargo, por razones pastorales, se pueden omitir la oración universal y el Credo.