lunes, 26 de septiembre de 2016

Lunes 31 octubre 2016, Lecturas Lunes XXXI semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XXXI semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Fil 2, 1-4
Dadme esta gran alegría: manteneos unánimes

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos:
Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 130, 1bcde. 2. 3
R.
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. Custódi animam meam in pace apud te, Dómine.

V. Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R.
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. Custódi animam meam in pace apud te, Dómine.

V. Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre;
como un niño saciado
así está mi alma dentro de mí.
R.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor. Custódi animam meam in pace apud te, Dómine.

V. Espera Israel en el Señor
ahora y por siempre. R.
Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor. Custódi animam meam in pace apud te, Dómine.

Aleluya Jn 8, 31b-32
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Si permanecéis en mi palabra —dice el Señor— seréis de verdad discípulos míos, y conoceréis la verdad.
Si manséritis in sermóne meo, vere discípuli mei éritis, et cognoscétis veritátem, dicit Dóminus.
R.

EVANGELIO Lc 14, 12-14
No invites a tus amigos, sino a pobres y lisiados
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a uno a de los principales fariseos que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium 48.
Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14, 14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio», (Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con el Episcopado brasileño en la Catedral de San Pablo, Brasil (11 mayo 2007), 3: AAS 99 (2007), 428) y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.