jueves, 22 de septiembre de 2016

Jueves 27 octubre 2016, Lecturas Jueves XXX semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la XXX semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Ef 6, 10-20
Tomad las armas de Dios para poder manteneros
firmes después de haber superado todas las pruebas
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire.
Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del
Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos. Pedid también por mí, para que cuando abra mi boca, se me conceda el don de la palabra, y anuncie con valentía el misterio del Evangelio, del que soy embajador en cadenas, y tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 143, 1bcd. 2. 9-10 (R.: cf. 1a)
R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

Aleluya Lc 19, 38
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Bendito el rey que viene en nombre del Señor; paz en el cielo y gloria en las alturas. Benedíctus qui venit rex in nómine Dómini, pax in cælo et glória in excélsis.
R.

EVANGELIO Lc 13, 31-35
No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:
«Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Jesús les dijo:
«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.
Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!
Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido.
Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.
Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta 29 de octubre de 2015
Dios no puede no amar. Y esta es nuestra seguridad. Una seguridad que es para todos, sin exclusión de clases. Yo puedo rechazar ese amor, pero viviré la misma experiencia del buen ladrón que lo rechazó «hasta el final de su vida y precisamente allí lo esperaba ese amor. Incluso el hombre más malo, el más blasfemo es amado por Dios con una ternura de padre, de papá o, para usar las palabras de Jesús, como una gallina a sus polluelos. Así, Dios el poderoso, el creador lo puede hacer todo; sin embargo Dios llora y en esas lágrimas está todo su amor. Dios llora por mí, cuando yo me alejo; llora por cada uno de nosotros; Dios llora por los malvados, los que hacen muchas cosas malas, mucho mal a la humanidad.... Él, en efecto, espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!.