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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Jueves 27 octubre 2016, Por el perdón de los pecados, misa "ad diversa".

SOBRE LITURGIA

San Juan Pablo II, Carta "Dominicae Cenae" (24-febrero-1980)

Eucaristía y vida


7. Siendo pues fuente de caridad, la Eucaristía ha ocupado siempre el centro de la vida de los discípulos de Cristo. Tiene el aspecto de pan y de vino, es decir, de comida y de bebida; por lo mismo es tan familiar al hombre, y está tan estrechamente vinculada a su vida, como lo están efectivamente la comida y la bebida. La veneración a Dios que es Amor nace del culto eucarístico de esa especie de intimidad en la que el mismo, análogamente a la comida y a la bebida, llena nuestro ser espiritual, asegurándole, al igual que ellos, la vida. Tal veneración «eucarística» de Dios corresponde pues estrictamente a sus planes salvíficos. El mismo, el Padre, quiere que los «verdaderos adoradores»[27] lo adoren precisamente así, y Cristo es intérprete de este querer con sus palabras a la vez que con este sacramento, en el cual nos hace posible la adoración al Padre, de la manera más conforme a su voluntad.

De tal concepción del culto eucarístico brota todo el estilo sacramental de la vida del cristiano. En efecto, conducir una vida basada en los sacramentos, animada por el sacerdocio común, significa ante todo por parte del cristiano, desear que Dios actúe en él para hacerle llegar en el Espíritu «a la plena madurez de Cristo».[28] Dios, por su parte, no lo toca solamente a través de los acontecimientos y con su gracia interna, sino que actúa en él, con mayor certeza y fuerza, a través de los sacramentos. Ellos dan a su vida un estilo sacramental.

Ahora bien, entre todos los sacramentos, es el de la Santísima Eucaristía el que conduce a plenitud su iniciación de cristiano y confiere al ejercicio del sacerdocio común esta forma sacramental y eclesial que lo pone en conexión —como hemos insinuado anteriormente— [29] con el ejercicio del sacerdocio ministerial. De este modo el culto eucarístico es centro y fin de toda la vida sacramental. [30] Resuenan continuamente en él, como un eco profundo, los sacramentos de la iniciación cristiana: Bautismo y Confirmación. ¿Dónde está mejor expresada la verdad de que además de ser «llamados hijos de Dios», lo «somos realmente»,[31] en virtud del Sacramento del Bautismo, sino precisamente en el hecho de que en la Eucaristía nos hacemos partícipes del Cuerpo y de la Sangre del unigénito Hijo de Dios? Y ¿qué es lo que nos predispone mayormente a «ser verdaderos testimonios de Cristo», [32] frente al mundo, como resultado del Sacramento de la Confirmación, sino la comunión eucarística, en la que Cristo nos da testimonio a nosotros y nosotros a Él?

Es imposible analizar aquí en sus pormenores los lazos existentes entre la Eucaristía y los demás Sacramentos, particularmente con el Sacramento de la vida familiar y el Sacramento de los enfermos. Acerca de la estrecha vinculación, existente entre el Sacramento de la Penitencia y el de la Eucaristía llamé ya la atención en la Encíclica «Redemptor Hominis».[33] No es solamente la Penitencia la que conduce a la Eucaristía, sino que también la Eucaristía lleva a la Penitencia. En efecto, cuando nos damos cuenta de Quien es el que recibimos en la Comunión eucarística, nace en nosotros casi espontáneamente un sentido de indignidad, junto con el dolor de nuestros pecados y con la necesidad interior de purificación.

No obstante debemos vigilar siempre, para que este gran encuentro con Cristo en la Eucaristía no se convierta para nosotros en un acto rutinario y a fin de que no lo recibamos indignamente, es decir, en estado de pecado mortal. La práctica de la virtud de la penitencia y el sacramento de la Penitencia son indispensables a fin de sostener en nosotros y profundizar continuamente el espíritu de veneración, que el hombre debe a Dios mismo y a su Amor tan admirablemente revelado.

Estas palabras quisieran presentar algunas reflexiones generales sobre el culto del Misterio eucarístico, que podrían ser desarrolladas más larga y ampliamente. Concretamente, se podría enlazar cuanto se dijo acerca de los efectos de la Eucaristía sobre el amor por el hombre con lo que hemos puesto de relieve ahora sobre los compromisos contraídos para con el hombre y la Iglesia en la comunión eucarística, y consiguientemente delinear la imagen de la «tierra nueva»[34] que nace de la Eucaristía a través de todo «hombre nuevo».[35]

Efectivamente en este Sacramento del pan y del vino, de la comida y de la bebida, todo lo que es humano sufre una singular transformación y elevación. El culto eucarístico no es tanto culto de la trascendencia inaccesible, cuanto de la divina condescendencia y es a su vez transformación misericordiosa y redentora del mundo en el corazón del hombre.

Recordando todo esto, sólo brevemente, deseo, no obstante la concisión, crear un contexto más amplio para las cuestiones que deberé tratar enseguida: ellas están estrechamente vinculadas a la celebración del Santo Sacrificio. En efecto, en esta celebración se expresa de manera más directa el culto de la Eucaristía. Este emana del corazón como preciosísimo homenaje inspirado por la fe, la esperanza y la caridad, infundidas en nosotros en el Bautismo. Es precisamente de ella, venerados y queridos Hermanos en el Episcopado, sacerdotes y diáconos, de lo que quiero escribiros en esta Carta, a la que la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino hará seguir indicaciones más concretas.

[27] Jn 4, 23
[28] Ef 4, 13
[29] Cf. supra, § 2.
[30] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, nn. 9 y 13: AAS 58 (1966), pp. 958; 967 s.; Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros Presbyterorum ordinis, n. 5: AAS 58 (1966), p. 997.
[31] 1 Jn 3,1.
[32] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 11: AAS 57 (1965), p. 15.
[33] Cf. n. 20: AAS 71 (1979), pp. 313 ss.
[34] 2 Pe 3, 13.
[35] Col 3, 10.


CALENDARIO

27 JUEVES DE LA XXX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
ve MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24), Pf. común.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Ef 6, 10-20. Tomad las armas de Dios, para poder mantener las posiciones.
- Sal 143. R. Bendito el Señor, mi Roca.
- Lc 13, 31-35. No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 28 de octubre, pág. 636.
CALENDARIOS: Ávila-ciudad: Santos Vicente, Sabina y Cristeta, mártires (S). Ávila-diócesis y Toledo: (MO). Burgos: (ML).
Clérigos Regulares de Somasca: Beata Teresa Eustaquio Verzeri (ML).
Dominicos: Beato Bartolomé de Vicenza, obispo (ML).
HH. de Belén: Conmemoración de los difuntos de la Orden.

TEXTOS MISA

POR EL PERDÓN DE LOS PECADOS PRO REMISSIONE PECCATORUM A.
Antífona de entrada Cf. Sab 11, 24. 25. 27
Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, Señor: cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; a todos perdonas porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.
Antiphona ad introitum Cf. Sg 11, 24-25. 27
Miseréris ómnium, Dómine, et nihil odísti eórum quae fecísti, dissímulans peccáta hóminum propter paeniténtiam, et párcens illis, quia tu es Dóminus Deus noster.
Oración colecta
Escucha, Señor, nuestras súplicas y perdona nuestros pecados, para que recibamos juntamente tu perdón y tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Ten misericordia de tu pueblo, Señor; perdónale todos sus pecados, y aleja de nosotros los castigos que nos han merecido nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Súpplicum preces, quaesumus, Dómine, propitiátus exáudi, et confiténtium tibi parce peccátis, ut páriter nobis indulgéntiam tríbuas benígnus et pacem. Per Dóminum.
Vel:
Propitiáre, Dómine, pópulo tuo, et ab ómnibus absólve peccátis, ut, quod nostris offensiónibus promerémur, tua indulgéntia repellátur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la XXX semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Ef 6, 10-20
Tomad las armas de Dios para poder manteneros
firmes después de haber superado todas las pruebas
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire.
Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del
Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos. Pedid también por mí, para que cuando abra mi boca, se me conceda el don de la palabra, y anuncie con valentía el misterio del Evangelio, del que soy embajador en cadenas, y tenga valor para hablar de él como debo.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 143, 1bcd. 2. 9-10 (R.: cf. 1a)
R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

Aleluya Lc 19, 38
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Bendito el rey que viene en nombre del Señor; paz en el cielo y gloria en las alturas. Benedíctus qui venit rex in nómine Dómini, pax in cælo et glória in excélsis.
R.

EVANGELIO Lc 13, 31-35
No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel día, se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:
«Sal y marcha de aquí, porque Herodes quiere matarte». Jesús les dijo:
«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada.
Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!
Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido.
Mirad, vuestra casa va a ser abandonada.
Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta 29 de octubre de 2015
Dios no puede no amar. Y esta es nuestra seguridad. Una seguridad que es para todos, sin exclusión de clases. Yo puedo rechazar ese amor, pero viviré la misma experiencia del buen ladrón que lo rechazó «hasta el final de su vida y precisamente allí lo esperaba ese amor. Incluso el hombre más malo, el más blasfemo es amado por Dios con una ternura de padre, de papá o, para usar las palabras de Jesús, como una gallina a sus polluelos. Así, Dios el poderoso, el creador lo puede hacer todo; sin embargo Dios llora y en esas lágrimas está todo su amor. Dios llora por mí, cuando yo me alejo; llora por cada uno de nosotros; Dios llora por los malvados, los que hacen muchas cosas malas, mucho mal a la humanidad.... Él, en efecto, espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario IX
297. Hermanos: Dirijamos nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que se digne custodiarla y defenderla. Roguemos al Señor.
- Por los pueblos de toda la tierra: para que vivan en concordia y paz verdadera. Roguemos al Señor.
- Por los que viven angustiados por distintas necesidades: para que encuentren ayuda en Dios. Roguemos al Señor.
- Por nosotros mismos y por nuestra comunidad: para que el Señor nos acepte como ofrenda agradable. Roguemos al Señor.
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que te pedimos con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de expiación y alabanza, para que perdones nuestros pecados y dirijas nuestros corazones inconstantes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Hóstias tibi, Dómine, placatiónis et laudis offérimus, ut et delícta nostra miserátus absólvas, et nutántia corda tu dírigas. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA SOBRE LA RECONCILIACIÓN I. PREX EUCHARISTICA DE RECONCILIATIONE I.
Antífona de la comunión Lc 15, 10
Os digo que habrá alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
Antiphona ad communionem Lc 15, 10
Gáudium erit coram Angelis Dei super uno peccatóre paeniténtiam agénte.
Oración después de la comunión
Después de recibir con este sacramento el perdón de los pecados, te pedimos, Dios de misericordia, que por tu gracia no volvamos a pecar y que podamos servirte con sincero corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Praesta nobis, miséricors Deus, ut, percipiéntes hoc múnere véniam peccatórum, illa deínceps vitáre tua grátia valeámus, et tibi sincéro corde servíre. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 28 de octubre
F
iesta de los santos Simón y Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Jacob, llamado también Tadeo, y que en la última cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él.
2. En Maguncia, de la Galia Bélgica, san Ferrucio, mártir, del que se cuenta que, habiendo abandonado el servicio militar para servir a Cristo mejor y más libremente, termino su vida en el martirio (c. 300).
3. Cerca de Como, en la Galia Cisalpina, san Fidel, mártir (c. s. IV).
4. En Ávila, ciudad de Hispania, pasión de los santos Vicente, Sabina y Cristeta, mártires, que, huyendo de Talavera a esa población, fueron asesinados cruelmente (c. 305).
5*. En Thiers, de Aquitania, san Ginés, que pasó de este mundo al cielo por el martirio mientras llevaba aún la veste blanca del bautismo (c. s. IV).
6. En Amiens, de Neustria, en la Galia, san Salvio, obispo, dedicado a las ciencias divinas desde su juventud y adornado por la integridad de costumbres (c. 625).
7. En Meaux, también en Neustria, san Farón, obispo, que, siendo familiar del rey, su hermana santa Fara le invitó a dedicarse al servicio de Dios, y convenció a su esposa para recibir el velo de religiosa a fin de poder formar parte del clero, y, llamado a asumir la función pastoral, hizo grandes donaciones de sus propios bienes a la Iglesia, erigiendo parroquias y monasterios (c. 670).
8*. En Annecy, de Saboya, conmemoración de san Germán, abad, que, insigne por su amor a la soledad, fundó y dirigió el cenobio de Talloires (s. XI).
9. En la provincia de Fujian, en China, santos Francisco Serrano, obispo, y Joaquín Royo, Juan Alcober y Francisco Díaz del Rincón, presbíteros de la Orden de Predicadores y mártires, que confirmaron su fe en el martirio (1748).
10. En la región de Cho-Ra, en Tonquín, san Juan Dat, presbítero y mártir, degollado por su fe en Cristo (1798).
11. En la localidad de Ejutla, en México, san Rodrigo Aguilar, presbítero y mártir, que durante la persecución fue colgado de un árbol por los soldados, alcanzando gloriosamente el martirio que deseaba (1927).
12*. En Alcira, en la región de Valencia, en España, beato Salvador Damián Enguix Garés, mártir, padre de familia, que durante la persecución consumó el combate por la fe (1936).
13*. En la aldea de Gilet, en la citada región de España, beato José Ruiz Bruixola, presbítero y mártir, que durante la misma persecución obtuvo ante Dios omnipotente la palma de la victoria (1936).