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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Forma simplificada de la Iniciación de un adulto.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

Capítulo II

FORMA SIMPLIFICADA DE LA INICIACIÓN DE UN ADULTO

240. En circunstancias extraordinarias, cuando el candidato no pueda recorrer todos los grados de la iniciación, o cuando el ordinario del lugar, juzgando sobre la sinceridad de la conversión cristiana del candidato y sobre su madurez religiosa, dispone que reciba el Bautismo sin dilación, a él le toca permitir para cada caso en particular que se use este rito sencillo (simplificado), en el que todo se realiza en una sola ceremonia (nn. 245-273), o dando facultad para tener solamente uno o dos ritos del catecumenado o del tiempo de la purificación e iluminación (nn. 274-277).

241. Antes de ser bautizado el candidato, que habrá elegido un padrino (o madrina) (cf. ibíd., nn. 12 y 19, parr. 2), conviene que sea instruido y preparado en el tiempo oportuno para que se decanten y purifiquen mejor las razones por las que haya pedido el Bautismo y pueda madurar su conversión y su fe.

242. Además de la presentación y admisión del candidato, el rito significa su manifiesta y decidida voluntad de pedir la iniciación cristiana y el asentimiento de la Iglesia: después, a continuación de la adecuada liturgia de la palabra, se celebran todos los sacramentos de la iniciación.

243. El rito de ordinario se celebra durante la Misa, eligiendo lecturas a propósito y con el formulario de la Misa ritual de la Iniciación de otra Misa adecuada; después del Bautismo y de la confirmación, el neófito participa por primera vez en la celebración de la Eucaristía.

244. En cuanto sea posible la celebración téngase un domingo (cf. Observaciones previas, n. 59), con participación activa de la comunidad local.

RITO DE ADMISIÓN

245. Mientras los fieles, según la oportunidad, entonan un salmo o himno apropiado, el sacerdote, revestido con los sagrados ornamentos, sale de la iglesia, o al atrio o se queda en el pórtico, o bien en algún otro sitio adecuado de la iglesia, donde espera el candidato con su padrino (o madrina), antes de la liturgia de la Palabra.

246. El celebrante saluda con amabilidad al candidato, y le habla a él, a su padrino y a todos los asistentes, mostrando el gozo y satisfacción de la Iglesia, y evoca, si lo juzga oportuno, las circunstancias concretas y los sentimientos religiosos con que el candidato se enfrentó al comenzar su itinerario espiritual, hasta llegar a dar el paso actual.

Después invita al candidato y a su padrino (madrina) a que se adelanten. Mientras se acercan y ocupan un lugar ante el sacerdote, se puede entonar algún canto apropiado, v. gr., el salmo 62, 1-9.

247. Entonces el celebrante, vuelto hacia el candidato, le interroga:

N., ¿qué pides a la Iglesia de Dios?

Candidato:
La fe.

Celebrante:
¿Qué te otorga la fe?

Candidato:
La vida eterna.

También puede hacer las preguntas el celebrante con otras palabras, y aceptar respuestas libres y espontáneas del candidato: v. gr., después de la primera pregunta: ¿Qué pides?, ¿Qué quieres?, ¿Para qué?, se puede responder: la gracia de Dios, el ingreso en la Iglesia, o bien: la vida eterna u otra respuesta conveniente, a las cuales el celebrante acomodará sus preguntas sucesivas.

248. Después el celebrante, acomodando de nuevo sus palabras a las respuestas recibidas, hablará otravez al candidato con estas u otras palabras semejantes:

Ésta es la vida eterna, que conozcas al Dios verdadero y a su enviado, Jesucristo. Él, resucitado de entre los muertos, ha sido constituido por Dios dueño de la vida y Señor de todo el universo,
visible e invisible.

Pero no nos pedirías hoy esta vida juntamente con el Bautismo, si no conocieras ya a Cristo y quisieras hacerte su discípulo. ¿Has oído antes sus palabras? ¿Quieres guardar sus mandamientos? ¿Estás unido fraternalmente a la comunidad y has tomado parte en sus oraciones? Finalmente, ¿has cumplido todo esto, para hacerte cristiano?

Candidato:
Sí, lo he cumplido.

249. Y vuelto al padrino (madrina), el celebrante le pregunta:

Tú, que vienes como padrino (madrina) de este candidato, ¿juzgas, en la presencia de Dios, que es digno de ser admitido hoy a los sacramentos de la iniciación cristiana?

Padrino:
Sí, le juzgo digno.
Celebrante:
¿Estás dispuesto a continuar ayudando con tu palabra y con tu ejemplo al candidato (o bien: a N.) del que has dado testimonio, a fin de que prosiga en el servicio de Cristo?

Padrino:
Estoy dispuesto.

250. El celebrante, con las manos juntas, concluye diciendo:

Oremos.
Te damos gracias Padre misericordioso, por N.,
a quien ayudaste de muchas maneras para que te buscara,
y hoy, ante la Iglesia, responde a tu llamada.
Concédele, pues, benignamente,
que logre llegar con alegría
a la plena realización
de tu designio de amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Entrada en la iglesia

251. Después el celebrante invita al candidato con éstas o parecidas palabras:

N., entra en la iglesia
para que tengas parte con nosotros
en la mesa de la palabra de Dios.

Y el candidato con su padrino (madrina) entra en la iglesia. Mientras tanto se entona algún canto apropiado.

LITURGIA DE LA PALABRA

252. Cuando el candidato con su padrino (madrina) hayan llegado a sus puestos, y el celebrante al presbiterio, omitidos los ritos iniciales de la Misa, comienza la liturgia de la Palabra.

Lecturas y homilía

253. Las lecturas con los salmos responsoriales y los versículos antes del Evangelio se eligen de entre los que se indican en el n. 388 (Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, Salmos, Aleluyas, Evangelios); se pueden tomar también las lecturas del domingo o festividad del día. Después se tiene la homilía.

Súplicas y rito penitencial

254. Después de la homilía se acerca el candidato con su padrino (madrina) ante el celebrante. Entonces toda la concurrencia hace estas súplicas u otras semejantes:

Oremos por este querido candidato, que pide los sacramentos de Cristo, y también por nosotros pecadores, para que, acercándonos a Cristo con corazón creyente y penitente, caminemos sin desmayo en la renovación de la vida.

Lector:
Para que en todos nosotros se digne renovar y encender el sentido de la verdadera penitencia, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que los que hemos muerto al pecado por el Bautismo, salvados por Cristo, podamos mostrar su gracia, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que este siervo, que confía en la misericordia de Dios con corazón arrepentido, se disponga a salir al encuentro de Cristo Salvador, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que siguiendo a Cristo, que quita el pecado del mundo, sane del contagio de este pecado y rompa todas sus ataduras, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que sea purificado por el Espíritu Santo y bajo su guía sea dirigido a la santidad plena, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que consepultado con Cristo por el sacramento del Bautismo, muera al pecado y siempre viva para Dios, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que acercándose al Padre, produzca frutos de santidad y caridad, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que el mundo entero, en favor del cual el Padre entregó a su amado Hijo, crea en su amor y a él se convierta, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

Después de las súplicas, el candidato, inclinando la cabeza o arrodillado, pronuncia juntamente con toda la asamblea la confesión general, que por circunstancias razonables puede omitirse.

Oración del exorcismo y unción del catecúmeno

255. Omitido el "Misereatur" ("Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros"), el celebrante concluye diciendo la oración siguiente:

Señor Dios todopoderoso,
que enviaste a tu Hijo único
para que el hombre, esclavo del pecado,
alcance la libertad de tus hijos,
humildemente te rogamos por este siervo tuyo,
que ha experimentado los halagos de este mundo
y las tentaciones del diablo
y ahora reconoce en tu presencia sus pecados;
por la pasión y resurrección de tu Hijo
arráncalo del poder de las tinieblas,
y, fortalecido con la gracia del mismo Cristo,
guárdalo a lo largo del camino de la vida.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

256. El celebrante prosigue:

Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca,
te ungimos con este óleo de salvación
en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y unge al candidato con el óleo de los catecúmenos en el pecho o en ambas manos, o bien, si pareciere oportuno, en otras partes del cuerpo.

Esta unción puede omitirse a juicio de la Conferencia Episcopal; en tal caso, el celebrante dice:

Que te fortalezca el poder de Cristo Salvador,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

E inmediatamente impone la mano en silencio sobre el candidato.

CELEBRACIÓN DEL BAUTISMO

Monición del celebrante

257. El candidato, con su padrino (madrina), se acerca entonces a la fuente bautismal. El celebrante se dirige a los presentes y les hace esta monición u otra similar:

Queridos hermanos, pidamos con insistencia la misericordia de Dios Padre omnipotente en favor de este siervo de Dios N., que pide el santo Bautismo. Y a quien él llamó y ha conducido hasta este momento, le conceda con abundancia luz y vigor para abrazarse a Cristo con fortaleza de corazón y para profesar la fe de la Iglesia. Y que le conceda también la renovación del Espíritu Santo, que con
insistencia hemos de invocar sobre esta agua.

Bendición del agua

258. Entonces el celebrante, vuelto hacia la fuente, pronuncia la bendición siguiente:

Oh Dios,
que realizas en tus sacramentos obras admirables
con tu poder invisible,
y de diversos modos te has servido de tu criatura,
el agua, para significar la gracia del Bautismo.

Oh Dios,
cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo,
se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces
concibieran el poder de santificar.

Oh Dios,
que incluso en las aguas torrenciales del diluvio
prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,
de modo que una misma agua
pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios,
que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo
a los hijos de Abraham,
para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón
fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh Dios,
cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del |ordán,
fue ungido por el Espíritu Santo;
colgado en la cruz
vertió de su costado agua, junto con la sangre;
y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:
"Id y haced discípulos de todos los pueblos,
bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo".

Mira, ahora, a tu Iglesia en oración
y abre para ella la fuente del Bautismo:
Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo,
la gracia de tu Unigénito,
para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en
el Bautismo,
muera al hombre viejo
y renazca, como niño,
a nueva vida
por el agua y el Espíritu.

El celebrante toca el agua con la mano derecha y prosigue:

Te pedimos, Señor,
que el poder del Espíritu Santo,
por tu Hijo,
descienda sobre el agua de esta fuente,
para que los sepultados con Cristo en su muerte,
por el Bautismo,
resuciten con él a la vida.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Otras formas "ad libitum" en el n. 389.

En el Tiempo Pascual, si está a mano el agua bautismal bendecida en la Vigilia pascual, para que no falte al Bautismo el elemento de la acción de gracias y de las súplicas, hágase la bendición y la invocación de Dios sobre el agua según las fórmulas, que se encuentran en el n. 389, teniendo en cuenta la variación del texto al final de cada fórmula.

Renuncia

259. Acabada la consagración de la fuente, el celebrante interroga al candidato.

FÓRMULA A

Celebrante:
¿Renuncias a Satanás, y o todas sus obras y seducciones?

Elegidos:
Sí, renuncio.

O bien: FÓRMULA B

Celebrante:
¿Renuncias a Satanás?

Elegidos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Y a todas sus obras?

Elegidos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Y a todas sus seducciones?

Elegidos:
Sí, renuncio.

O bien: FÓRMULA C

Celebrante:
¿Renuncias al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios?

Elegidos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Renuncias a las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?

Elegidos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Renuncias a Satanás, padre y príncipe del pecado?

Elegidos:
Sí, renuncio.

Las Conferencias Episcopales, con justo motivo, pueden acomodar estas tres fórmulas, especialmente donde sea necesario que el elegido renuncie a sus supersticiones, presagios y sortilegios (cf. n. 80).

Profesión de fe

260. Después el celebrante interroga al candidato:

N., ¿crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

Candidato:
Sí, creo.

Celebrante:
¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Candidato:
Sí, creo.

Celebrante:
¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Candidato:
Sí, creo.

Inmediatamente después de la profesión de fe se sumerge o recibe el agua que vierten sobre él.

Rito del Bautismo

261. Si el Bautismo se hace por inmersión de todo el cuerpo o de la cabeza nada más, hágase con pudor y decorosamente.

El celebrante, tocando al candidato, le sumerge del todo o sólo la cabeza por tres veces sucesivamente, y sacándole otras tantas veces, le bautiza invocando una sola vez a la Santísima Trinidad:

N., yo te bautizo en el nombre del Padre,
Le sumerge por primera vez

y del Hijo,
Le sumerge por segunda vez

y del Espíritu Santo.
Le sumerge por tercera vez.

El padrino o la madrina, o ambos, tocan al que se bautiza.

262. Pero si el Bautismo se hace derramando el agua, el cerebrante saca el agua de la fuente y, derramándola tres veces sobre la cabeza del candidato, le bautiza en el nombre de la Santísima Trinidad:

N., yo te bautizo en el nombre del Padre,
Derrama el agua por primera vez

y del Hijo,
Derrama el agua por segunda vez

y del Espíritu Santo.
Derrama el agua por tercera vez.

El padrino o la madrina, o ambos, ponen la mano derecha sobre el hombro derecho del elegido.

Después del Bautismo, si se juzga oportuno, el pueblo puede hacer una breve aclamación (cf. n. 390).

RITOS EXPLANATIVOS
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Unción después del Bautismo

263. Pero si la ceremonia de la Confirmación, por alguna razón particular, se separara del Bautismo, entonces después de la inmersión o tras derramar el agua, el celebrante administra del modo acostumbrado la unción del Crisma, diciendo sobre el bautizado:

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que te ha dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo
y que te ha concedido el perdón de todos los pecados,
te consagre con el crisma de la salvación,
para que entres a formar parte de su pueblo,
y seas para siempre miembro de Cristo,
sacerdote, profeta y rey.

Bautizado:
Amén.

Después, en silencio, el celebrante unge con el santo Crisma al bautizado en la parte superior de la cabeza.
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Imposición de la vestidura blanca

264. El celebrante dice:

N., te has transformado en nueva criatura
y has sido revestido de Cristo;
recibe, pues, la blanca vestidura
que has de llevar limpia de mancha
ante el tribunal de nuestro Señor Jesucristo,
para alcanzar la vida eterna.

Bautizado:
Amén.

A las palabras Recibe, pues, la blanca vestidura, el padrino (madrina) impone al neófito la vestidura blanca, a no ser que las costumbres locales aconsejen otro color más a propósito.

Si se juzga conveniente, se puede omitir todo este rito.

Entrega del cirio encendido

265. Después el celebrante toma, o al menos toca, con las manos el cirio pascual, diciendo:

Acércate, padrino (madrina), para que entregues la luz al neófito.

Se acerca el padrino (madrina) y enciende un cirio en el cirio pascual, y se lo entrega al neófito. Entonces el celebrante dice:

Has sido transformado en luz de Cristo.
Camina siempre como hijo de la luz,
a fin de que, perseverando en la fe,
puedas salir con todos los santos
al encuentro del Señor.

Bautizado:
Amén.

CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN

266. Entre el Bautismo y la confirmación se puede entonar por la asamblea, si se juzga oportuno, un canto a propósito.

267. Si el Bautismo lo confiere el obispo, conviene que sea también él quien confiera seguidamente la Confirmación.

Si no está presente el obispo, el presbítero que haya administrado el Bautismo puede administrar la Confirmación.

268. El celebrante habla brevemente al neófito, que está ante él, con éstas o parecidas palabras:

N., regenerado ya en Cristo y transformado en miembro suyo y de su pueblo sacerdotal, ahora sólo te falta recibir al Espíritu Santo, que ha sido derramado sobre nosotros, el mismo Espíritu que envió el Señor sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, y que ellos y sus sucesores confieren a los bautizados.

Tú, pues, recibirás igualmente la fuerza prometida del Espíritu Santo, con la que, configurado más perfectamente a Cristo, dés testimonio de la pasión y resurrección del Señor, y te hagas miembro
activo de la Iglesia, para edificar el Cuerpo de Cristo en la fe y en la caridad.

Después el celebrante, de pie y con las manos juntas, vuelto al pueblo, dice:

Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre omnipotente, para que derrame bondadosamente sobre este neófito el Espíritu Santo, que le confirme con la abundancia de sus dones, y con su unción le haga conforme a Jesucristo, Hijo de Dios.

Y todos oran en silencio durante algunos momentos.

269. Seguidamente el celebrante impone las manos sobre el que va a ser confirmado, y dice:

Dios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo,
a estos siervos tuyos
y les libraste del pecado;
escucha nuestra oración
y envía sobre ellos el Espíritu Santo Paráclito;
llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia,
de espíritu de consejo y de fortaleza,
de espíritu de ciencia y de piedad,
y cólmalos del espíritu de tu santo temor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

270. Entonces el que se va a confirmar se acerca al celebrante. El padrino, por su parte, (o la madrina) pone la mano derecha sobre el hombro del que se va a confirmar, y dice el nombre de éste al celebrante, o el mismo confirmando lo dice por sí mismo.

El celebrante, con la punta del pulgar derecho empapada en el Crisma, hace la señal de la cruz en la frente del confirmando, diciendo:

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

El confirmado:
Amén.

El celebrante añade:
La paz sea contigo.

El confirmado:
Y con tu espíritu.

CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

271. Omitido el Símbolo, inmediatamente se hace la oración universal, en la que participa el neófito por primera vez.

El neófito lleva las ofrendas al altar.

272. En la Plegaria eucarística I, se hace mención del neófito en el Hanc igitur (Acepta, Señor, en tu bondad...), y del padrino en el Memento (Acuérdate, Señor...) (n. 377). Si se toman las Plegarias eucarísticas II, III ó IV añádase la cláusula en favor del neófito, que viene en el n. 391.

273. Conviene que el neófito reciba la sagrada Comunión bajo ambas especies, junto con el padrino, madrina, padres y cónyuge, más los catequistas seglares.

Antes de la comunión, o sea antes del Ecce Agnus Dei (Éste es el Cordero de Dios), el celebrante puede exponer brevemente el valor de tan excelso misterio, que es la culminación de la iniciación y centro de toda la vida cristiana.

274. En circunstancias extraordinarias, como son enfermedad, vejez, cambio de localidad, largas distancias, etc., cuando:
a) el candidato no pudo empezar todo el catecumenado con el rito apropiado, o no pudo acabarlo con todos los ritos;
b) y por otra parte se le causaría un perjuicio espiritual, si por la brevedad del rito anterior se le privara de los beneficios de una preparación más larga, entonces es mejor que, con permiso del obispo, al rito abreviado se le añadan uno o varios elementos del Ritual completo.

275. Este rito aumentado proporciona la facultad, ya de agregar el nuevo candidato a otros más avanzados en la preparación, añadiendo oportunamente los ritos iniciales del Ritual completo (v. gr., entrada en el catecumenado, exorcismos menores, bendiciones, etc.); ya de acabar con un solo candidato los ritos que empezaron con varios, y que quedaron incompletos (v. gr.; la elección, el rito de la purificación e iluminación, los mismos sacramentos).

276. Las acomodaciones, que los pastores han de hacer razonablemente, se pueden determinar combinando elementos del rito abreviado y otros del rito más completo, del modo siguiente:
1. Añadiendo sencillamente otros ritos: v. gr. ritos del tiempo del catecumenado (nn. 106-132), "entregas" (nn. 183-192).
2. Dividiendo y ampliando, ya el rito de admisión (nn. 245-251), ya la liturgia de la Palabra (nn. 252-256). En el rito de la admisión, los nn. 245-247 se pueden aumentar al modo del rito de entrada en el catecumenado (nn. 73-97); quitando, si parece oportuno, los nn. 246-247, los números posteriores (248-249) pueden dar paso al rito de la elección. En la liturgia de la Palabra, los nn. 253-255 se pueden adaptar a uno u otro escrutinio (nn. 160-179), etc.
3. Empleando parte de este rito sencillo en lugar de otros ritos del Ritual común o completo; o bien, cuando se recibe a los "fautores" (vulgarmente "simpatizantes") (cf. Observaciones previas, n. 2 parr. 3), juntando el rito para la entrada en el catecumenado (nn. 73-97) y el de la elección (nn. 143-151).

277. En el empleo de este rito aumentado o combinado, cuídese:
1. Que la catequesis del candidato sea íntegra.
2. Que el rito se celebre con la participación activa de alguna parte de la comunidad.
3. Que, recibidos los sacramentos, se dé al neófito, en cuanto sea posible, el tiempo de la "Mystagogia".