jueves, 22 de septiembre de 2016

Entrega del Símbolo.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

ENTREGA DEL SÍMBOLO


183. La primera "entrega" que se hace es la "entrega del Símbolo", que los elegidos se aprenderán de memoria, y después pronunciarán públicamente (cf. nn. 194-199), antes de que según ese Símbolo proclamen su fe en el día del Bautismo.

184. La entrega del Símbolo se hace durante la semana que sigue al primer escrutinio. Si se juzga oportuno, se puede celebrar también durante el tiempo del catecumenado (cf. nn. 125-126).

Lecturas y homilía

185. En lugar de las lecturas asignadas a la feria, léanse lecturas a propósito, v. gr.:

- Lectura I. Dt 6, 1-7 (Leccionario VIII, pág. 6):
Escucha, Israel: Amarás al Señor con todo el corazón.

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 1-7
En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo:
—«Estos son los preceptos, los mandatos y decretos que el Señor, vuestro Dios, os mandó aprender y observar en la tierra adonde cruzáis para tomar posesión de ella: que temas al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tú, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: “Es una tierra que mana leche y miel.”Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.»
Palabra de Dios.

- Salmo responsorial. Sal 18, 8. 9. 10. 11. (Leccionario VIII, pág. 6):
R. (Jn 6, 68): Señor, en tus palabras hay vida eterna.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante. R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R.
La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. R.
Más preciosos que el oro, más que el oro fino; mas dulces que la miel de un panal que destila. R.

- Lectura II. Rm 10, 8-13 (Leccionario VIII, pág. 7): 
Confesión de fe del que cree en Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 10, 8-13
Hermanos:
La Escritura dice:
«La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.»
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.
Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
«Nadie que cree en él quedará defraudado.»
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.
Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvara.»
Palabra de Dios.

O bien: 1Co 15, 1-8a (larga) ó 1-4 (breve) (Leccionario VIII, pág. 8): 
Por el Evangelio os salváis, si lo conserváis en la forma como yo os lo anuncié.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-8
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucito al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y mas tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por ultimo, se me apareció también a mí.
Palabra de Dios.
O bien más breve:
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-4
Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclame y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucito al tercer día, según las Escrituras.
Palabra de Dios.

- Versículo antes del Evangelio: Jn 3, 16 (Leccionario VIII, pág. 9):
Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único para que tenga vida eterna.

- Evangelio: Mt 16, 13-18 (Leccionario VIII, pág. 9):
Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-18
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús
preguntó a sus discípulos:
—«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
—«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías
o uno de los profetas.»
Él les preguntó:
—«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
—«Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió:
—«¡Dichoso tu, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de
carne y hueso,
sino mi Padre que esta en el cielo.
Ahora te digo yo:
Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder
del infierno no la derrotará.»
Palabra del Señor.
O bien: Yo he venido al mundo como luz, para que ninguno que cree en mí quede a oscuras.
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando:
—«El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado.
Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y
así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.
Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para
juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis
palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgara en
el ultimo día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es
quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato
es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»
Palabra del Señor.

Sigue la homilía, en la que el celebrante, basándose en los textos sagrados, explica el significado y la importancia del Símbolo, ya respecto de la catequesis recibida, ya para la profesión de fe que se ha de pronunciar en el Bautismo, y que ha de observarse durante toda la vida.

Entrega del Símbolo

186. Después de la homilía, el diácono dice:

Acérquense los elegidos, para recibir de la Iglesia el Símbolo de la fe.

Entonces el celebrante les habla con éstas o parecidas palabras:

Queridos hermanos, escuchad las palabras de la fe, por la cual recibiréis la justificación. Las palabras son pocas, pero contienen grandes misterios. Recibidlas y guardadlas con sencillez de corazón.

A continuación el celebrante comienza el Símbolo, diciendo:

Creo en Dios,
y prosigue o bien él solo, o bien juntamente con la comunidad de fieles:
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.
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Si se juzga conveniente, también puede emplearse, en lugar del anterior, el Símbolo Niceno- Constantinopolitano:

Creo en un solo Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.
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Oración sobre los elegidos

187. Después el celebrante invita a los fieles a orar con éstas o parecidas palabras:

Oremos por nuestros elegidos, para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente, les abra con amor las puertas de la Iglesia, y así encuentren el bautismo, el perdón de sus pecados y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.

Todos oran en silencio.

Seguidamente el celebrante, con las manos extendidas sobre los elegidos, dice:

Te suplicamos, Señor,
fuente de luz y de verdad,
que tu eterna y justísima piedad
descienda sobre estos siervos tuyos N. y N.:
purifícalos y santifícalos,
dales la verdadera ciencia,
firme esperanza y santa doctrina,
para que se hagan dignos de acercarse
a la gracia del Bautismo.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.