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sábado, 16 de julio de 2016

Sábado 20 agosto 2016, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, memoria obligatoria. Lecturas Sábado XX semana del Tiempo Ordinario, año par.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Memoria de san Bernardo, abad y doctor de la Iglesia, el cual, habiendo ingresado con treinta compañeros en el nuevo monasterio del Cister, fue después fundador y primer abad del monasterio de Clairvaux (Claraval), donde dirigió sabiamente, con la vida, la doctrina y el ejemplo, a los monjes por el camino de los mandamientos del Señor. Recorrió una y otra vez Europa para restablecer la paz y la unidad e iluminó a toda la Iglesia con sus escritos y sabias exhortaciones, hasta que descansó en el Señor cerca de Langres, en Francia. (1153)

En castellano las oraciones son propias y las antífonas están tomadas del común de doctores 1. En latín todo es propio.

20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia
Memoria.
Die 20 augusti
S. Bernardi, abbatis et Ecclesiæ doctoris
Memoria
Antífona de entrada Sir 15, 5
En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor.
Antiphona ad introitum
Replévit beátum Bernárdum Dóminus spíritu intellegéntiae, et ipse fluénta doctrínae ministrávit pópulo Dei.
Oración colecta
Señor, Dios nuestro, tu hiciste del abad san Bernardo, inflamado en el celo de tu casa, una lámpara ardiente y luminosa en medio de tu Iglesia; concédenos, por su intercesión, participar de su ferviente espíritu y caminar siempre como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui beátum Bernárdum abbátem, zelo domus tuae succénsum, in Ecclésia tua lucére simul et ardére fecísti, eius nobis intercessióne concéde, ut, eódem spíritu fervéntes, tamquam fílii lucis iúgiter ambulémus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XX semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Ez 43, 1-7a
La gloria del Señor entró en el templo
Lectura de la profecía de Ezequiel.

El ángel me condujo al pórtico oriental.
Vila Gloria del Dios de Israel que venía de Oriente, con un estruendo de aguas caudalosas. La tierra se iluminó con su Gloria. Esta visión fue como la visión que había contemplado cuando
vino a destruir la ciudad, y como la visión que había contemplado a orillas del río Quebar.
Caí rostro en tierra.
La Gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental.
Entonces me arrebató el espíritu y me llevó al atrio interior.
La Gloria del Señor llenaba el templo.
Entonces oí a uno que me hablaba desde el templo, mientras aquel hombre seguía de pie a mi lado, y me decía:
«Hijo de hombre, este es el sitio de mi trono, el sitio donde
apoyo mis pies, y donde voy a residir para siempre en medio
de los hijos de Israel».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14 (R.: cf. 10b)
R.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Inhabitábit glória Dómini in terra nostra.

V. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que le temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Inhabitábit glória Dómini in terra nostra.

V. La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Inhabitábit glória Dómini in terra nostra.

V. El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.
La gloria del Señor habitará en nuestra tierra. Inhabitábit glória Dómini in terra nostra.

Aleluya Mt 23, 9b. 10B
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Uno sólo es vuestro Padre, el del cielo; y uno sólo es vuestro maestro, el Mesías. Unus est Pater vester, qui in cælis est; et Magíster vester unus est, Christus.
R.

EVANGELIO Mt 23, 1-12
Ellos dicen pero no hacen
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo Jo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque Uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Pablo II, Ex. Ap. Catechesi tradendae, 9
La vida entera de Cristo fue una continua enseñanza: su silencio, sus milagros, sus gestos, su oración, su amor al hombre, su predilección por los pequeños y los pobres, la aceptación del sacrificio total en la Cruz por la salvación del mundo, su Resurrección son la actuación de su palabra y el cumplimiento de la revelación. De suerte que para los cristianos el Crucifijo es una de las imágenes más sublimes y populares de Jesús que enseña.
»Estas consideraciones, que están en línea con las grandes tradiciones de la Iglesia, reafirman en nosotros el fervor hacia Cristo, el Maestro que revela a Dios a los hombres y al hombre a sí mismo; el Maestro que salva, santifica y guía, que está vivo, que habla, que exige, que conmueve, que endereza, juzga, perdona, camina diariamente con nosotros en la historia; el Maestro que viene y que vendrá en la gloria.

Oración de los fieles
395. Oremos, amados hermanos, a Dios Padre todopoderoso, fuente y origen de toda santidad
- Por el papa N., los obispos y todos los sagrados ministros: para que con amor cuiden del pueblo que tienen encomendado. Roguemos al Señor.
- Por nuestro obispo N., por los sacerdotes y todo el pueblo fiel: para que fieles a la doctrina de los venerables pastores que han regido nuestra Iglesia, lleguen a participar de su gloria. Roguemos al Señor.
- Por los que tienen abundancia de bienes de la tierra: para que comprendan que sus riquezas están al servicio de todos y las empleen sin egoísmos. Roguemos al Señor.
- Por los que se han apartado de la senda del bien: para que se conviertan al Señor y, así, el día de su gloriosa venida los encuentre en vela. Roguemos al Señor.
- Por esta santa asamblea: para que aumente en nosotros la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al Señor.
Llegue a tu presencia, Dios misericordioso, la voz de la Iglesia suplicante, para que obtenga de tu bondad los beneficios que ha pedido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, este misterio de unidad y de paz en memoria del abad san Bernardo, que brilló por su palabra y sus obras y defendió con firmeza la concordia y el orden de tu Iglesia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Maiestáti tuae, Dómine, unitátis et pacis offérimus sacraméntum, sancti Bernárdi abbátis memóriam recoléntes, qui, verbo et ópere praeclárus, Ecclésiae tuae órdinis concórdiam strénue procurávit. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de la comunión Lc 12, 42
Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la ración a sus horas.
Antiphona ad communionem Jn 15,9
Sicut diléxit me Pater, et ego diléxi vos, dicit Dóminus; manéte in dilectióne mea.
Oración después de la comunión
El alimento que hemos recibido, Señor, produzca en nosotros su fruto, para que, instruidos por la doctrina de san Bernardo y confortados por su ejemplo, nos dejemos arrebatar por el amor de tu Unigénito, Jesucristo nuestro Señor. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Cibus, quem súmpsimus, Dómine, in celebratióne beáti Bernárdi, suum in nobis operétur efféctum, ut, eius exémplis roboráti et mónitis erudíti, Verbi tui incarnáti rapiámur amóre. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.