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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

miércoles, 27 de julio de 2016

Miércoles 31 agosto 2016, De la Misericordia de Dios, misa votiva.

SOBRE LITURGIA

Ritual de la dedicación de iglesias y de altares, 29 de mayo de 1977

CAPÍTULO IV. DEDICACIÓN DE UN ALTAR
INTRODUCCIÓN

I. NATURALEZA Y DIGNIDAD DEL ALTAR

Cristo es el altar del nuevo Testamento


1. Los antiguos Padres de la Iglesia, meditando la palabra de Dios, no dudaron en afirmar que Cristo fue, al mismo tiempo, la víctima, el sacerdote y el altar de su propio sacrificio (18).

En efecto, la carta a los Hebreos presenta a Cristo como el sumo Sacerdote y, al mismo tiempo, como el Altar vivo del templo celestial (19). Y en el Apocalipsis aparece nuestro Redentor como el Cordero degollado (20), cuya oblación es llevada hasta el altar del cielo por manos del Ángel de Dios (21).

También el discípulo de Cristo es un altar espiritual

2. Si Cristo, Cabeza y Maestro, es verdadero altar, también sus miembros y discípulos son altares espirituales, en los que se ofrece a Dios el sacrificio de una vida santa. Esto lo afirman ya los santos Padres. San Ignacio de Antioquía suplica a los Romanos: «El mejor favor que podéis hacerme es dejar que sea inmolado para Dios, mientras el altar está aún preparado» (22). San Policarpo amonesta a las viudas a que vivan santamente, porque «son el altar de Dios» (23). A estas voces, se une, entre otros, san Gregorio Magno: «¿Qué es el altar de Dios sino la mente de quienes viven honestamente?... Con razón, pues, el corazón de los justos es llamado el altar de Dios» (24).

O, según otra imagen célebre entre los escritores eclesiásticos, los fieles cristianos que se dedican por completo a la oración, que ofrecen a Dios el sacrificio de sus plegarias y súplicas, son ellos mismos piedras vivas con las que el Señor Jesús edifica el altar de la Iglesia (25).

El altar es la mesa del sacrificio y del convite pascual

3. El Señor Jesucristo, al instituir, bajo la forma de un banquete sacrifi­cial, el memorial del sacrificio que iba a ofrecer al Padre en el ara de la cruz, santificó la mesa en la cual se reunirían los fieles para celebrar su Pascua. Así, pues, el altar es mesa de sacrificio y de convite en la que el sacerdote, en representación de Cristo Señor, hace lo mismo que hizo el Señor en per­sona y encargó a los discípulos que hicieran en conmemoración suya, todo lo cual resume admirablemente el Apóstol cuando dice: «El cáliz de nues­tra Acción de gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque co­memos todos del mismo pan». (26)

El altar es signo de Cristo

4. Los hijos de la Iglesia pueden, según las circunstancias, celebrar en cualquier lugar el memorial de Cristo y acercarse a la mesa del Señor. Pero conviene al misterio eucarístico que los fieles levanten un altar estable para celebrar la Cena del Señor, como se viene haciendo desde los tiempos an­tiguos.

El altar cristiano es, por su misma naturaleza, la mesa peculiar del sa­crificio y del convite pascual:
- Es el ara peculiar en la cual el sacrificio de la cruz se perpetúa sacramentalmente para siempre hasta la venida de Cristo.
- Es la mesa junto a la cual se reúnen los hijos de la Iglesia para dar gracias a Dios y recibir el cuerpo y la sangre de Cristo.

Así, pues, en todas las iglesias el altar es el «centro de la acción de gra­cias que se realiza en la eucaristía», (27) y el lugar a cuyo rededor giran de un modo u otro las demás acciones litúrgicas. (28)

Por el hecho de que el memorial del Señor se celebra en el altar y allí se entrega a los fieles su cuerpo y su sangre, los escritores eclesiásticos han visto en el altar como un signo del mismo Cristo. De ahí la expresión: «El altar es Cristo.»

El altar es honor de los mártires

5. Toda la dignidad del altar le viene de ser la mesa del Señor. Por eso los cuerpos de los mártires no honran el altar, sino que éste dignifica el sepulcro de los mártires. Porque, para honrar los cuerpos de los mártires y de otros santos y para significar que el sacrificio de los miembros tuvo principio en el sacrificio de la Cabeza, (29) conviene edificar el altar sobre sus sepulcros o colocar sus reliquias debajo de los altares, de tal manera que «vengan lue­go las víctimas triunfales al lugar en que la víctima que se ofrece es Cristo; pero él sobre el altar, ya que padeció por todos, ellos bajo el altar, ya que han sido redimidos por su pasión». (30) Esta disposición repite, en cierta ma­nera, la visión de san Juan en el Apocalipsis: «Vi al pie del altar las almas de los asesinados por proclamar la palabra de Dios y por el testimonio que mantenían». (31) Porque, aunque todos los santos son llamados, con razón, tes­tigos de Cristo, sin embargo, el testimonio de la sangre tiene una fuerza es­pecial que sólo las reliquias de los mártires colocadas bajo el altar expre­san en toda su integridad.

18 Cf. S. Epifanio, Panano, II, 1, herejía 55: PG 41, 979; S. Cirilo de Alejandría, Sobre la don con espíritu y verdad, 9: PG 68, 547.
19 Cf. Hb 4, 14; 13, 10.
20 Cf. Ap 5, 6.
21 Cf. Misal romano, Ordinario de la misa, Canon romano.
22 Carta a los Romanos II, 2: Funk, 1, 255.
23 Carta a los Filipenses IV, 3: Funk, 1, 301.
24 Homilías sobre el libro de Ezequiel II, 10, 19: PL 76, 1069.
25 Cf. Orígenes, Homilías sobre el libro de Josué, 9, 1: SC 71, pp. 244 y 246.
26 Cf. I Co 10, 16-17.
27 Ordenación general del Misal romano, núm. 259.
28 Cf. Pío XII, Carta encíclica Mediator Dei: AAS 39 (1947), p. 529.
29 Cf. Misal romano, Común de mártires 8, oración sobre las ofrendas.
30 S. Ambrosio, Carta 22, 13: PL 16, 1023; cf. Pseudo Máximo de Turín, Sermón 78: PL 57, 689490.
31 Ap 6, 9.


CALENDARIO

31 MIÉRCOLES DE LA XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
ve MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24), Pf. común.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- 1 Cor 3, 1-9. Nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros campo de Dios, edificio de Dios.
- Sal 32. R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
- Lc 4, 38-44. También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 1 de septiembre, pág. 526.
CALENDARIOS: Calahorra y La Calzada-Logroño, ciudad de Calahorra: San Emeterio y san Celedonio, mártires (S). Calahorra y La Calzada-Logroño, diócesis: (MO).
Guadix-Baza y Málaga: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Mercedarios: San Ramón Nonato, presbítero (F). Solsona: (MO). En el resto de Cataluña: (ML).
Zaragoza: Santo Domingo del Val, mártir (MO).
Congregación del Oratorio: Beato Juvenal Ancina (ML).
Servitas: Beato Andrés de Borgo Sansepolcro, religioso (ML).
Plasencia: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Amadeo Rodríguez Magro, obispo (2003).

TEXTOS MISA

DE LA MISERICORDIA DE DIOS
En esta misa se dice con vestiduras de color blanco o del color propio del día o del tiempo.
DE DEI MISERICORDIA
In hac Missa adhibetur color albus.
Antífona de entrada Cf. Jr 31, 3; 1Jn 2, 2
Con amor eterno nos amó Dios; envió a su Hijo único como víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
O bien: Sal 88, 2
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Ant. ad introitum Cf. Jr 31,3; 1Jn 2,2
In caritáte perpétua diléxit nos Deus: Fílium suum Unigénitum misit propitiatiónem pro peccátis nostris, non pro nostris autem tantum, sed étiam pro totíus mundi.
Vel: Ps 88,2
Misericórdias Dómini in aetérnum cantábo, in generatiónem et generatiónem annuntiábo veritátem tuam in ore meo.
Oración colecta
Señor Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable, acrecienta la fe del pueblo que te está consagrado, para que comprenda mejor la inestimable riqueza del amor con que nos has creado, de la Sangre con que nos has redimido y del Espíritu con el que nos has hecho renacer. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, cuius misericórdiae non est númerus et bonitátis infinítus est thesáurus auge propítius fidem plebis tibi sacrátae, ut digna omnes intellegéntia comprehéndant qua dilectióne sunt creáti, quo sánguine redémpti, quo Spíritu regeneráti. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la XXII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Cor 3, 1-9
Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros campo de Dios, edificio de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche, pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano? Pues si uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no os comportáis al modo humano?
En definitiva, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Servidores a través de los cuales accedisteis a la fe, y cada uno de ellos como el Señor le dio a entender. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer. El que planta y el que riega son una misma cosa, si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificio de Dios.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 32, 12-13. 14-15. 20-21 (R.: cf. 12)
R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

Aleluya Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad.
Evangelizáre paupéribus misit me Dóminus, predicáre captívis remissiónem.
R.

EVANGELIO Lc 4, 38-44
Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Santo Tomás,  (S.Th. III, q. 40, a. 1, c.) hablando del fin de la Encarnación, explica que Cristo «vino al mundo en primer lugar a manifestar la verdad, como Él mismo dice: 'para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad' (Jn 18, 37). Por esto no debió ocultarse, llevando una vida solitaria, sino manifestarse en público y predicar públicamente. Y así decía a los que pretendían detenerle: 'es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado'. En segundo lugar, vino para librar a los hombres del pecado, conforme a lo que dice el Apóstol: 'Vino Jesucristo a este mundo a salvar a los pecadores' (1Tm 1, 15). Por lo cual dice el Crisóstomo : 'aunque permaneciendo siempre en el mismo lugar hubiera podido Cristo atraer a Sí a todos para que oyesen su predicación, no lo hizo para darnos ejemplo de que hemos de ir en busca de las ovejas perdidas, como el pastor busca la oveja extraviada, o el médico acude al enfermo'. En tercer lugar, vino para que 'por Él tengamos acceso a Dios' (Rm 5, 2)».

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VIII
296. Invoquemos, hermanos, con corazón unánime, a Dios Padre todopoderoso, fuente y origen de todo bien.
- Por la santa Iglesia católica, extendida por todo el universo. Roguemos al Señor.
- Por nuestro santo Padre el papa N., por nuestro obispo N., por los sacerdotes y demás ministros de Dios. Roguemos al Señor.
- Por esta ciudad (este pueblo) de N., por su prosperidad y por todos los que en ella (él) habitan. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren, por nuestros hermanos enfermos o encarcelados. Roguemos al Señor.
- Por los que cuidan de los ancianos, pobres y atribulados. Roguemos al Señor.
- Por todos nuestros difuntos: para que Dios los reciba en su reino de luz y de paz. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eternos, que gobiernas cuanto existe en el cielo y en la tierra: escucha las oraciones de tu pueblo y concede a nuestro tiempo la paz. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, oh Dios de clemencia, nuestras ofrendas y transfórmalas en el sacramento de redención, memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, y haz, por la eficacia de este sacrificio, que, puesta nuestra confianza en Cristo, lleguemos a la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Oblatiónes nostras, Dómine, cleménter assúme, eásque in redemptiónis sacraméntum convérte, mortis et resurrectiónis Fílii tui memoriále, ut huius sacrifícii virtúte, Christo iúgiter confidéntes, ad vitam perveniámus aetérnam. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión Sal 102, 17
La misericordia del Señor para sus fieles dura siempre.
Vel: Jn 19, 34
Uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
Antiphona ad communionem Ps 102,17
Misericórdia Dómini ab aetérno et usque in aetérnum super timéntes eum.
Vel: Jn 19, 34
Unus mílitum láncea latus eius apéruit et contínuo exívit sanguis et aqua.
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios misericordioso, que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, bebamos con fe en la fuente de la misericordia y seamos más y más misericordiosos con nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Concéde nobis, miséricors Deus, ut Córpore et Sánguine Fílii tui enutríti fiduciáliter e misericórdiae fóntibus hauriámus et in fratres magis magísque misericórdes nosmetípsos praebeámus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 1 de septiembre

1. Conmemoración de san Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, que al recibir la imposición de manos por Moisés, fue lleno del espíritu de sabiduría, y a la muerte de Moisés introdujo de modo maravilloso al pueblo de Israel, cruzando el Jordán, en la tierra de promisión (Jos, 1, 1).
2. En Reims, de la Galia Bélgica, san Sixto, considerado primer obispo de esta ciudad (s. III).
3. En Capua, de la Campania, en la vía Acuaria, san Prisco, mártir (s. IV).
4. En Todi, de la Umbría, san Terenciano, obispo (c. s. IV).
5. En Dax, de Aquitania, san Vicente, celebrado como obispo y mártir (c. IV).
6. En Zurzach (hoy Zurich), junto al Rin, en la región de los tigurinos de Germania, santa Verena (s. IV).
7. En Le Mans, de la Galia Lugdunense (hoy Francia), san Victorio, obispo, de quien habla san Gregorio de Tours (490).
8. En Aquino, del Lacio, en Italia, san Constancio, obispo, cuyo don de profecía elogia el papa san Gregorio I Magno (570).
9. En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal (s. VI/VII).
10. En Sens, de Neustria, san Lupo, obispo, que fue desterrado por haber dicho ante un jerarca local que convenía al pueblo ser regido por un sacerdote y obedecer a Dios antes que a los príncipes (c. 623).
11*. En Venecia, de Italia, beata Juliana de Collalto, abadesa de la Orden de San Benito (1262).
12*. En Florencia, en la región toscana también de Italia, beata Juana Soderini, virgen de la Orden Tercera de los Siervos de María, preclara por su oración y austeridad de vida (c. 1367).
13*. En Madrid, en España, beatos Cristino (Miguel) Roca Huguet, presbítero, y once compañeros (sus nombres son: beatos Proceso (Joaquín) Ruiz Cascales, Eutimio (Nicolás) Aramendía García, Canuto (José) Franco Gómez, Dositeo (Guillermo) Rubio Alonso, Cesario (Mariano) Niño Pérez, Benjamín (Alejandro) Cobos Celada, Carmelo (Isidoro) Gil Arano, Cosme (Simón) Brun Arará, Cecilio (Enrique) López López, Rufino (Crescencio) Lasheras Aizcorbe y Faustino (Antonio) Villanueva Igual), religiosos, mártires, de la Orden de San Juan de Dios, fusilados durante la guerra por odio a la religión (1936).
14*. En la ciudad de Paterna, de la provincia de Valencia, en España, beato Alfonso Sebastiá Viñals, presbítero y mártir, que estando al frente de la escuela de una institución social valenciana, recibió la corona gloriosa del martirio durante la misma persecución religiosa (1936).
15*. En Barcelona, también en España, beatos mártires Pedro Rivera, presbítero, de la Orden de Hermanos Menores Conventuales, y María del Carmen Moreno Benítez y María del Refugio Carbonell Muñoz, vírgenes, del Instituto María Auxiliadora, que en la misma persecución, a imitación de la pasión de Cristo Esposo, llegaron al premio de la paz perpetua (1936).
16. En la Hispania Cartaginense, memoria de los santos Vicente y Leto, mártires (s. inc.).
17. En Casaio, en la diócesis de Astorga, san Gil, monje de Carracedo y abad de San Martín de Castañeda, que terminó sus días como eremita (s. XII).