miércoles, 27 de julio de 2016

Miércoles 31 agosto 2016, Lecturas Miércoles XXII semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la XXII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Cor 3, 1-9
Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros campo de Dios, edificio de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Por eso, en vez de alimento sólido, os di a beber leche, pues todavía no estabais para más. Aunque tampoco lo estáis ahora, pues seguís siendo carnales. En efecto, mientras haya entre vosotros envidias y contiendas, ¿no es que seguís siendo carnales y que os comportáis al modo humano? Pues si uno dice «yo soy de Pablo» y otro, «yo de Apolo», ¿no os comportáis al modo humano?
En definitiva, ¿qué es Apolo y qué es Pablo? Servidores a través de los cuales accedisteis a la fe, y cada uno de ellos como el Señor le dio a entender. Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios, que hace crecer. El que planta y el que riega son una misma cosa, si bien cada uno recibirá el salario según lo que haya trabajado. Nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificio de Dios.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 32, 12-13. 14-15. 20-21 (R.: cf. 12)
R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

V. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R.
Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad. Beátus pópulus, quem elégit Deus in hereditátem sibi.

Aleluya Lc 4, 18
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad.
Evangelizáre paupéribus misit me Dóminus, predicáre captívis remissiónem.
R.

EVANGELIO Lc 4, 38-44
Es necesario que evangelice también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Santo Tomás,  (S.Th. III, q. 40, a. 1, c.) hablando del fin de la Encarnación, explica que Cristo «vino al mundo en primer lugar a manifestar la verdad, como Él mismo dice: 'para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad' (Jn 18, 37). Por esto no debió ocultarse, llevando una vida solitaria, sino manifestarse en público y predicar públicamente. Y así decía a los que pretendían detenerle: 'es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado'. En segundo lugar, vino para librar a los hombres del pecado, conforme a lo que dice el Apóstol: 'Vino Jesucristo a este mundo a salvar a los pecadores' (1Tm 1, 15). Por lo cual dice el Crisóstomo : 'aunque permaneciendo siempre en el mismo lugar hubiera podido Cristo atraer a Sí a todos para que oyesen su predicación, no lo hizo para darnos ejemplo de que hemos de ir en busca de las ovejas perdidas, como el pastor busca la oveja extraviada, o el médico acude al enfermo'. En tercer lugar, vino para que 'por Él tengamos acceso a Dios' (Rm 5, 2)».