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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

domingo, 24 de julio de 2016

Domingo 28 agosto 2016, XXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

SOBRE LITURGIA

Ritual de la dedicación de iglesias y de altares, 29 de mayo de 1977

IV. ADAPTACIÓN DEL RITO

Adaptaciones que competen a las Conferencias episcopales


18. Las Conferencias episcopales pueden adaptar este ritual a las costum­bres de cada país, pero sin quitarle nada de su nobleza y solemnidad.

Con todo, se observarán estas normas:

a) Nunca se omitirá la celebración de la misa, con su prefacio propio, ni la oración de dedicación.

b) Se conservarán aquellos ritos que, por tradición litúrgica, tienen un peculiar significado y fuerza expresiva (cf. núm. 16, p. 28), a no ser que obs­ten graves razones, adaptando adecuadamente las fórmulas, si el caso lo re­quiere.

Al hacer las adaptaciones, la competente autoridad eclesiástica consulta­rá a la Sede apostólica y con su aprobación introducirá las adaptaciones (15).

Acomodaciones que competen a los ministros

19. Concierne al obispo y a quienes preparan la celebración del rito lo si­guiente:

a) Establecer el modo de realizar la entrada en la iglesia (cf. núm. 11, P- 27).

b) Determinar la manera de hacer la entrega de la nueva iglesia al obis­po (cf. núm. 11, p. 27).

c) Resolver sobre la oportunidad de colocar o no reliquias de santos, buscando ante todo el bien espiritual de los fieles y observando lo prescrito en el número 5 (p. 25).

Corresponde al rector de la iglesia que se va a dedicar, con la ayuda de los que cooperan en la actuación pastoral, determinar y preparar todo lo re­ferente a las lecturas y cantos, así como los recursos encaminados a fomen­tar una provechosa participación del pueblo y a promover una decorosa ce­lebración.

V. PREPARACIÓN PASTORAL

20. Para que los fieles participen con fruto en el rito de la dedicación, es necesario que el rector de la iglesia que se va a dedicar y los peritos en pas­toral los instruyan sobre el contenido de la celebración y sobre su eficacia espiritual, eclesial y misional.

Por tanto, conviene explicar a los fieles las diversas partes de la iglesia y sus usos, el rito de la dedicación y los principales símbolos litúrgicos en él empleados, para que, con ayuda de los recursos oportunos, a través de los ritos y plegarias entiendan claramente el sentido de la dedicación de la igle­sia, y así participen de la acción litúrgica en forma consciente, piadosa y activa.

15 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm. 40. 

CALENDARIO

28 + XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
ve MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. III (o bien: vol. I (C) de las nuevas ediciones).
- Eclo 3, 17-18. 20. 28-29. Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios.
- Sal 67. R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
- Heb 12, 18-19. 22-24a. Os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo.
- Lc 14, 1. 7-14. El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.

Andar en la verdad. El orgullo, la autosuficiencia, el afán por el poder y por los primeros puestos es la moneda más apreciada en el mundo. No es la moneda para entrar en el Reino de Dios. El humilde, en cambio, se granjea el aprecio de los demás y el favor de Dios (1 Lect.). Jesús enseña que quien se humilla delante de Dios y respeta al próximo será enaltecido (Ev.). Dios abre las puertas de la ciudad de Jerusalén a los humildes y pobres de corazón (2 Lect.).

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 29 de agosto, pág. 520.
CALENDARIOS: Agustinos, Canónigos Regulares de Letrán, Orden Premonstratense, Asuncionistas y Tudela-ciudad: San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia (S).

TEXTOS MISA

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. DOMINICA XXII PER ANNUM.
Antífona de entrada Sal 85, 3. 5
Piedad de mí, Señor; que a ti te estoy llamando todo el día, porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 85, 3. 5
Miserére mihi, Dómine, quóniam ad te clamávi tota die: quia tu, Dómine, suávis ac mitis es, et copiósus in misericórdia ómnibus invocántibus te.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria un excelsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus virtútum, cuius est totum quod est óptimum, ínsere pectóribus nostris tui nóminis amórem, et praesta, ut in nobis, religiónis augménto, quae sunt bona nútrias, ac, vigilánti stúdio, quae sunt nutríta custódias. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

PRIMERA LECTURA Eclo 3, 17-20. 28-29
Humíllate, y así alcanzarás el favor del Señor

Lectura del libro del Eclesiástico.

Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres,
y te querrán más que al hombre generoso.
Cuanto más grande seas, más debes humillarte,
y así alcanzarás el favor del Señor.
«Muchos son los altivos e ilustres,
pero él revela sus secretos a los mansos».
Porque grande es el poder del Señor
y es glorificado por los humildes.
La desgracia del orgulloso no tiene remedio,
pues la planta del mal ha echado en él sus raíces.
Un corazón prudente medita los proverbios,
un oído atento es el deseo del sabio.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 (R.: cf. 11bc)
R.
Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres. Parásti domum in bonitáte tua páuperi, Deus.

V. Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R.
Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres. Parásti domum in bonitáte tua páuperi, Deus.

V. Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.
Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres. Parásti domum in bonitáte tua páuperi, Deus.

V. Derramaste en tu heredad, oh, Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh, Dios,
preparó para los pobres. R.
Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres. Parásti domum in bonitáte tua páuperi, Deus.

SEGUNDA LECTURA Heb 12, 18-19. 22-24a
Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:
No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando.
Vosotros, os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Mt 11, 29ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Tomad mi yugo sobre vosotros –dice el Señor–, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Tóllite iugum meum super vos, dicit Dóminus, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde.
R.

EVANGELIO Lc 14, 1. 7-14
El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga:
“Cédele el puesto a este”.
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
“Amigo, sube más arriba”.
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Y dijo al que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
Ex. Ap. Evangelii gaudium
47. La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas. Pero hay otras puertas que tampoco se deben cerrar. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es «la puerta», el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles (51). Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.
48. Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14, 14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» (52), y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos.
49. Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6, 37).

(51) Cf. San Ambrosio, De Sacramentis, IV, 6, 28: PL 16, 464: «Tengo que recibirle siempre, para que siempre perdone mis pecados. Si peco continuamente, he de tener siempre un remedio»; ibíd., IV, 5, 24: PL 16, 463: «El que comió el maná murió; el que coma de este cuerpo obtendrá el perdón de sus pecados»; San Cirilo de Alejandría, In Joh. Evang. IV, 2: PG 73, 584-585: «Me he examinado y me he reconocido indigno. A los que así hablan les digo: ¿y cuándo seréis dignos? ¿Cuándo os presentaréis entonces ante Cristo? Y si vuestros pecados os impiden acercaros y si nunca vais a dejar de caer –¿quién conoce sus delitos?, dice el salmo–, ¿os quedaréis sin participar de la santificación que vivifica para la eternidad?».
(52) Benedicto XVI, Discurso durante el encuentro con el Episcopado brasileño en la Catedral de San Pablo, Brasil (11 mayo 2007), 3: AAS 99 (2007), 428.

Del Papa Benedicto XVI
ÁNGELUS, Domingo 29 de agosto de 2010
Queridos hermanos y hermanas:
En el Evangelio de este domingo (Lc 14, 1.7-14), encontramos a Jesús como comensal en la casa de un jefe de los fariseos. Dándose cuenta de que los invitados elegían los primeros puestos en la mesa, contó una parábola, ambientada en un banquete nupcial. "Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: "Deja el sitio a este"... Al contrario, cuando seas convidado, ve a sentarte en el último puesto" (Lc 14, 8-10). El Señor no pretende dar una lección de buenos modales, ni sobre la jerarquía entre las distintas autoridades. Insiste, más bien, en un punto decisivo, que es el de la humildad: "El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado" (Lc 14, 11). Esta parábola, en un significado más profundo, hace pensar también en la postura del hombre en relación con Dios. De hecho, el "último lugar" puede representar la condición de la humanidad degradada por el pecado, condición de la que sólo la encarnación del Hijo unigénito puede elevarla. Por eso Cristo mismo "tomó el último puesto en el mundo –la cruz– y precisamente con esta humildad radical nos redimió y nos ayuda constantemente" (Deus caritas est, 35).
Al final de la parábola, Jesús sugiere al jefe de los fariseos que no invite a su mesa a sus amigos, parientes o vecinos ricos, sino a las personas más pobres y marginadas, que no tienen modo de devolverle el favor (cf. Lc 14, 13-14), para que el don sea gratuito. De hecho, la verdadera recompensa la dará al final Dios, "quien gobierna el mundo... Nosotros le ofrecemos nuestro servicio sólo en lo que podamos y mientras él nos dé fuerzas" (Deus caritas est, 35). Por tanto, una vez más vemos a Cristo como modelo de humildad y de gratuidad: de él aprendemos la paciencia en las tentaciones, la mansedumbre en las ofensas, la obediencia a Dios en el dolor, a la espera de que Aquel que nos ha invitado nos diga: "Amigo, sube más arriba" (cf. Lc 14, 10); en efecto, el verdadero bien es estar cerca de él. San Luis IX, rey de Francia –cuya memoria se celebró el pasado miércoles– puso en práctica lo que está escrito en el Libro del Sirácida: "Cuanto más grande seas, tanto más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor" (3, 18). Así escribió en el "Testamento espiritual a su hijo": "Si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas" (Acta Sanctorum Augusti 5 [1868] 546).
Queridos amigos, hoy recordamos también el martirio de san Juan Bautista, el mayor entre los profetas de Cristo, que supo negarse a sí mismo para dejar espacio al Salvador y que sufrió y murió por la verdad. Pidámosle a él y a la Virgen María que nos guíen por el camino de la humildad, para llegar a ser dignos de la recompensa divina.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo C. Vigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario.
La Encarnación, un misterio de humildad.
525 Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2, 8-20). La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche:
La Virgen da hoy a luz al Eterno
Y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible.
Los ángeles y los pastores le alaban
Y los magos avanzan con la estrella.
Porque Tú has nacido para nosotros,
Niño pequeño, ¡Dios eterno!
(Kontakion, de Romanos el Melódico)
526 "Hacerse niño" con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (cf. Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cf. Mt 23, 12), hacerse pequeño; más todavía: es necesario "nacer de lo alto" (Jn 3, 7), "nacer de Dios" (Jn 1, 13) para "hacerse hijos de Dios" (Jn 1, 12). El Misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo "toma forma" en nosotros (Ga 4, 19). Navidad es el Misterio de este "admirable intercambio":
"O admirabile commercium! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad" (LH, antífona de la octava de Navidad).
El desorden de las concupiscencias.
2535 El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no tenemos. Así, desear comer cuando se tiene hambre, o calentarse cuando se tiene frío. Estos deseos son buenos en sí mismos; pero con frecuencia no guardan la medida de la razón y nos empujan a codiciar injustamente lo que no es nuestro y pertenece, o es debido a otro.
2536 El décimo mandamiento proscribe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de lo pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:
"Cuando la Ley nos dice: "No codiciarás", nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: "El ojo del avaro no se satisface con su suerte" (Si 14, 9)" (Catec. R. 3, 37)
2537 No se quebranta este mandamiento deseando obtener cosas que pertenecen al prójimo siempre que sea por justos medios. La catequesis tradicional señala con realismo "quiénes son los que más deben luchar contra sus codicias pecaminosas" y a los que, por tanto, es preciso "exhortar más a observar este precepto":
"Los comerciantes, que desean la escasez o la carestía de las mercancías, que ven con tristeza que no son los únicos en comprar y vender, pues de lo contrario podrían vender más caro y comprar a precio más bajo; los que desean que sus semejantes estén en la miseria para lucrarse vendiéndoles o comprándoles… Los médicos, que desean tener enfermos; los abogados que anhelan causas y procesos importantes y numerosos… " (Cat. R. 3, 37).
2538 El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la envidia. Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que trataba como una hija, y del rico, a pesar de sus numerosos rebaños, envidiaba al primero y acabó por robarle la cordera (cf 2 S 12, 1-4). La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1 R 21, 1-29). La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24).
"Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros… Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo… Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras" (S. Juan Crisóstomo, hom. in 2 Co, 28, 3 - 4).
2539 La envidia es un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:
San Agustín veía en la envidia el "pecado diabólico por excelencia" (ctech. 4, 8). "De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad" (s. Gregorio Magno, mor. 31, 45).
2540 La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad:
"¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros. Dios será alabado - se dirá - porque su siervo ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en los méritos de otros" (S. Juan Crisóstomo, hom. in Rom. 7, 3).
La oración nos llama a la humildad y a la pobreza de espíritu.
2546 "Bienaventurados los pobres en el espíritu" (Mt 5, 3). Las bienaventuranzas revelan un orden de felicidad y de gracia, de belleza y de paz. Jesús celebra la alegría de los pobres de quienes es ya el Reino (Lc 6, 20):
El Verbo llama "pobreza en el Espíritu" a la humildad voluntaria de un espíritu humano y su renuncia; el Apóstol nos da como ejemplo la pobreza de Dios cuando dice: "Se hizo pobre por nosotros" (2 Co 8, 9) (S. Gregorio de Nisa, beat, 1).
2559 "La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes"(San Juan Damasceno, f. o. 3, 24). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde "lo más profundo" (Sal 130, 1-4) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. "Nosotros no sabemos pedir como conviene"(Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (cf San Agustín, serm 56, 6, 9).
2631 La petición de perdón es el primer movimiento de la oración de petición (cf. el publicano: "ten compasión de mí que soy pecador": Lc 18, 13). Es el comienzo de una oración justa y pura. La humildad confiada nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo, y de los unos con los otros (cf 1 Jn 1, 7–1 Jn 2, 2): entonces "cuanto pidamos lo recibimos de El" (1 Jn 3, 22). Tanto la celebración de la eucaristía como la oración personal comienzan con la petición de perdón.
2713 Así, la contemplación es la expresión más sencilla del misterio de la oración. Es un don, una gracia; no puede ser acogida más que en la humildad y en la pobreza. La oración contemplativa es una relación de alianza establecida por Dios en el fondo de nuestro ser (cf Jr 31, 33). Es comunión: en ella, la Santísima Trinidad conforma al hombre, imagen de Dios, "a su semejanza".
Nuestra participación en la Liturgia celeste.
1090 "En la liturgia terrena pregustamos y participamos en aquella liturgia celestial que se celebra en la ciudad santa, Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero; cantamos un himno de gloria al Señor con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos, esperamos participar con ellos y acompañarlos; aguardamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste El, nuestra Vida, y nosotros nos manifestamos con El en la gloria" (SC 8; cf. LG 50).
1137 El Apocalipsis de S. Juan, leído en la liturgia de la Iglesia, nos revela primeramente que "un trono estaba erigido en el cielo y Uno sentado en el trono" (Ap 4, 2): "el Señor Dios" (Is 6, 1; cf Ez 1, 26-28). Luego revela al Cordero, "inmolado y de pie" (Ap 5, 6; cf Jn 1, 29): Cristo crucificado y resucitado, el único Sumo Sacerdote del santuario verdadero (cf Hb 4, 14-15; Hb 10, 19-21; etc), el mismo "que ofrece y que es ofrecido, que da y que es dado" (Liturgia de San Juan Crisóstomo, Anáfora). Y por último, revela "el río de Vida que brota del trono de Dios y del Cordero" (Ap 22, 1), uno de los más bellos símbolos del Espíritu Santo (cf Jn 4, 10-14; Ap 21, 6).
1138 "Recapitulados" en Cristo, participan en el servicio de la alabanza de Dios y en la realización de su designio: las Potencias celestiales (cf Ap 4-5; Is 6, 2-3), toda la creación (los cuatro Vivientes), los servidores de la Antigua y de la Nueva Alianza (los veinticuatro ancianos), el nuevo Pueblo de Dios (los ciento cuarenta y cuatro mil, cf Ap 7, 1-8; Ap 14, 1), en particular los mártires "degollados a causa de la Palabra de Dios", Ap 6, 9-11), y la Santísima Madre de Dios (la Mujer, cf Ap 12, la Esposa del Cordero, cf Ap 21, 9), finalmente "una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas" (Ap 7, 9).
1139 En esta Liturgia eterna el Espíritu y la Iglesia nos hacen participar cuando celebramos el Misterio de la salvación en los sacramentos.
El domingo nos hace partícipes en la asamblea festiva del cielo.
2188 En el respeto de la libertad religiosa y del bien común de todos, los cristianos deben reclamar el reconocimiento de los domingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana. Si la legislación del país u otras razones obligan a trabajar el domingo, este día debe ser al menos vivido como el día de nuestra liberación que nos hace participar en esta "reunión de fiesta", en esta "asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos" (Hb 12, 22-23).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
226. Imploremos, amados hermanos, al Dios de misericordia, para que nos enseñe a invocar su nombre con palabras dignas de él.
- Por nuestro Santo Padre el papa N., por nuestro obispo N. y todos los obispos del mundo, por los sacerdotes y diáconos de Jesucristo, y por todo el pueblo de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes de nuestro país y de todos los pueblos: para que bajo su gobierno tengamos una vida feliz y pacífica en justicia y caridad. Roguemos al Señor.
- Por los navegantes y los que emigran, por los enfermos y los encarcelados, y por todos los que sufren. Roguemos al Señor.
- Por esta santa asamblea reunida en la fe, la piedad y el temor de Dios, por los que hacen el bien en nuestras comunidades (parroquias) y por los que ayudan a los pobres. Roguemos al Señor.
- por nuestros padres, hermanos, amigos y conocidos que han muerto esperando la resurrección: para que el Señor les dé el descanso eterno y contemplen la luz de tu rostro. Roguemos al Señor.
Muestra, Padre, tu bondad al pueblo que te suplica, para que reciba sin tardanza lo que te pide con humildad. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Esta ofrenda, Señor nos atraiga siempre tu bendición salvadora, para que se cumpla por tu poder lo que celebramos en estos misterios. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Benedictiónem nobis, Dómine, cónferat salutárem sacra semper oblátio, ut, quod agit mystério, virtúte perfíciat. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de la comunión Sal 30, 20
Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles.
O bien: Mt 5, 9-10
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Antiphona ad communionem Ps 30, 20
Quam magna multitúdo dulcédinis tuae, Dómine, quam abscondísti timéntibus te.
Vel: Mt 5, 9-10
Beáti pacífici, quóniam fílii Dei vocabúntur. Beáti qui persecutiónem patiúntur propter iustítiam, quóniam ipsórum est regnum caelórum.
Oración después de la comunión
Saciados con el pan del cielo te pedimos, Señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Pane mensae caeléstis refécti, te, Dómine, deprecámur, ut hoc nutriméntum caritátis corda nostra confírmet, quátenus ad tibi ministrándum in frátribus excitémur. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 29 de agosto
M
emoria del martirio de san Juan Bautista, al que Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte y a quien, en el día de su cumpleaños, mandó decapitar a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I).
2. En Sirmio, de Panonia, santa Basila (s. III/IV).
3. En Roma, conmemoración de santa Sabina, cuya iglesia titular construida en el monte Aventino lleva su nombre, digno de veneración (422-432).
4. En Metz, de la Galia Bélgica, san Adelfo, obispo (s. V).
5*. En la región de Nantes, en la Bretaña Menor, san Víctor, solitario, que vivió recluido en un pequeño oratorio, construido por él mismo junto a Bonchamp (c. s. VII).
6. En Londres, en Inglaterra, conmemoración de san Sebbo, que, siendo rey de los sajones orientales, muy devoto del Señor, dejó el reinado y quiso morir con el hábito monacal, que largo tiempo había deseado (c. 693).
7. En París, en Neustria, san Mederico, presbítero y abad de Autun, que vivió en un paraje retirado, cerca de la ciudad (c. 700).
8*. En Valencia, de España, beatos mártires Juan de Perugia, presbítero, y Pedro de Sassoferrato, religioso, ambos de la Orden de los Hermanos Menores, que, por predicar la fe entre los musulmanes de Valencia, fueron decapitados por orden del rey en la plaza pública y alcanzaron así la palma del martirio (1231).
9*. Cerca de Cracovia, en Polonia, beata Bronislava, virgen de la Orden de los Premostratenses, que quiso llevar una vida humilde y escondida, y destruido su monasterio por los tártaros, permaneció en una choza viviendo a solas con Dios (1259).
10*. En Lancaster, en Inglaterra, beato Ricardo Herst, mártir, padre de familia y labrador, que, acusado falsamente de un crimen de homicidio, por su fe en Cristo fue condenado a morir en la horca en tiempo del rey Jacobo I (1618).
11*. En el litoral frente a Rochefort, en Francia, beato Luis Vulfilocio Huppy, presbítero y mártir, que, retenido de una manera inhumana, por ser sacerdote, en una vieja nave durante la Revolución Francesa, murió víctima de enfermedad (1794).
12*. En Watherford, en Irlanda, beato Edmundo Ignacio Rice, que con todo entusiasmo y perseverancia se entregó a la formación de los niños y de los jóvenes, en difíciles condiciones. Para el auge de esta obra fundó la Congregación de los Hermanos Cristianos y la de los Hermanos de la Presentación (1844).
13*. En Renes, en Francia, beata María de la Cruz (Juana) Jugan, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, para pedir limosna por Dios para los pobres, y expulsada injustamente de la dirección del Instituto, pasó el resto de su vida en la oración y en la humildad (1879).
14*. En Valencia, en España, beato Constantino Fernández Álvarez, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que, en el tiempo de la persecución, llevó a cabo su prueba por la fe (1936).
15*. En la localidad de Híjar, cerca de Teruel, también en España, beato Francisco Monzón Romeo, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que, durante la misma persecución, confirmó con la propia sangre su fidelidad para con el Señor (1936).
16*. En el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich, en Baviera, de Alemania, beato Domingo Jedrzejewski, presbítero y mártir, que en el furor de la guerra, expulsado de Polonia y detenido en una prisión extranjera, por Cristo murió torturado (1942).
17*. En Poznan, ciudad de Polonia, beata Sancha (Joanina) Szymkowiak, virgen, de la Congregación de la Hijas de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores, que, en medio de las dificultades de la guerra, se ocupó con gran entrega de los detenidos en las cárceles (1942).
18*. En la aldea de Santa Giulia, en el Piamonte, de Italia, beata Teresa Bracco, virgen y mártir, que en tiempo de guerra, estando trabajando en el campo, murió a causa de las heridas que le causaron los golpes de unos soldados, al defender valientemente su castidad (1944).