Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

sábado, 4 de junio de 2016

Sábado 9 julio 2016, Santa María en sábado, memoria libre, misa del común de santa María Virgen.

SOBRE LITURGIA

De la Ordenación General del Misal Romano

B) Misa con Diacono


171. Cuando un diácono, revestido con las vestiduras sagradas, interviene en la celebración eucarística, desempeña su oficio propio. Así pues, él:
a) Asiste al sacerdote y está siempre a su lado;
b) En el altar le ayuda en lo referente al cáliz o al libro;
c) Proclama el Evangelio y, por mandato del sacerdote celebrante, puede tener la homilía
(cf. n. 66);
d) Dirige al pueblo fiel por medio de las oportunas moniciones y enuncia las intenciones de la oración universal;
e) Ayuda al sacerdote celebrante a distribuir la Comunión y purifica y recoge los vasos sagrados;
f) Desempeña, si es necesario, las tareas de otros ministros, en el caso de que éstos falten.

Ritos iniciales

172. Llevando el Evangeliario algo elevado, el diácono precede al sacerdote en su camino hacia el altar; si no, camina a su lado.

173. Llegado al altar, si porta el Evangeliario, omitida la reverencia, accede al altar. Luego, una vez colocado el Evangeliario como es laudable, sobre el altar, juntamente con el sacerdote lo venera con un beso.
Si no lleva el Evangeliario hace una inclinación profunda al altar juntamente con el sacerdote, según el modo acostumbrado, y con él lo venera mediante un beso.
Finalmente, si se emplea el incienso, asiste al sacerdote en la imposición del mismo y en la incensación de la cruz y el altar.

174. Una vez incensado el altar, se dirige a la sede acompañando al sacerdote, y allí permanece a su lado y le ayuda cuando sea necesario.

Liturgia de la palabra

175. Mientras se dice el Aleluya u otro canto, si se ha de usar el incienso, ayuda al sacerdote a ponerlo en el incensario; luego, profundamente inclinado ante él, le pide su bendición, diciendo en voz baja: Padre, dame tu bendición. El sacerdote le da la bendición, diciendo: El Señor esté en tu corazón. El diácono se signa con la señal de la cruz y responde: Amén. Luego, hecha una profunda inclinación al altar, toma el Evangeliario que se había depositado sobre el altar y se dirige al ambón, llevando el libro algo elevado, precedido por el turiferario que lleva el incensario humeante y por los ministros con cirios encendidos. Allí saluda al pueblo diciendo con las manos juntas: El Señor esté con vosotros, y en las palabras Lectura del santo Evangelio, signa con el dedo pulgar el libro y se signa él mismo en la frente, en los labios y en el pecho, inciensa el libro y proclama el Evangelio. Terminado esto, aclama: Palabra del Señor, y todos responden: Gloria a ti, Señor Jesús. Luego venera el libro con un beso, diciendo al mismo tiempo en secreto: Las palabras del Evangelio, y vuelve al lado del sacerdote.
Cuando el diácono asiste al Obispo, lleva el libro para que lo bese o lo besa él mismo diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio. En las celebraciones más solemnes, el Obispo imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario, si se ve oportuno.
Por último, el Evangeliario puede llevarse a la credencia o a otro lugar apto y digno.

176. Si no hay otro lector idóneo, el diácono lee también las demás lecturas.

177. Las intenciones de la oración de los fieles, una vez introducidas por el sacerdote, las recita el diácono, habitualmente desde el ambón.

Liturgia eucarística


178. Terminada la oración universal, el sacerdote permanece en la sede y el diácono prepara el altar, con la ayuda del acólito; le corresponde, en particular, tener cuidado de los vasos sagrados. Asiste también al sacerdote cuando recibe los dones del pueblo. Luego pasa al sacerdote la patena con el pan que se va a consagrar; vierte el vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en secreto: El agua unida al vino, y luego lo presenta al sacerdote. Esta preparación del cáliz puede también hacerla en la credencia. Si se emplea el incienso, ayuda al sacerdote en la incensación de las ofrendas, de la cruz y del altar, y luego él o el acólito inciensa al sacerdote y al pueblo.

179. Durante la Plegaria eucarística, el diácono está en pie junto al sacerdote, un poco retirado detrás de él, para ayudar cuando haga falta en el cáliz o en el misal.
Desde la epíclesis hasta la ostensión del cáliz el diácono permanece, normalmente, arrodillado. Si hay varios diáconos, al llegar la consagración, uno de ellos puede poner incienso en el turíbulo e incensar en el momento de la ostensión de la hostia y del cáliz.

180. Para la doxología final de la Plegaria eucarística, de pie al lado del sacerdote, mantiene el cáliz elevado, mientras aquél eleva la patena con el pan consagrado, hasta el momento en que el pueblo ha dicho ya: Amén.

181. Una vez que el sacerdote ha dicho la oración de la paz y las palabras La paz del Señor esté siempre con vosotros, y el pueblo haya respondido Y con tu espíritu, el diácono, si es oportuno, invita a darse la paz diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Daos fraternalmente la paz. Él la recibe directamente del sacerdote y puede darla a los ministros más cercanos.

182. Terminada la Comunión del sacerdote, el diácono la recibe bajo las dos especies de manos del sacerdote, y luego le ayuda a distribuir la Comunión al pueblo. Si la Comunión se da bajo las dos especies, él ofrece el cáliz a los que van comulgando, y, terminada la distribución, sume con reverencia en el altar toda la Sangre de Cristo que queda, ayudado, si es preciso, de otros diáconos y presbíteros.

183. Terminada la Comunión, el diácono vuelve al altar con el sacerdote. Recoge los fragmentos, si los hay, y luego lleva el cáliz y demás vasos sagrados a la credencia, y allí los purifica y coloca como de costumbre, mientras el sacerdote vuelve a la sede. Sin embargo, puede también cubrir decorosamente los vasos, dejarlos en la credencia sobre el corporal y purificarlos inmediatamente después de la Misa, una vez despedido el pueblo.

Rito de conclusión

184. Dicha la oración después de la Comunión, el diácono hace, si es necesario, y con brevedad, los oportunos anuncios al pueblo, a no ser que prefiera hacerlo personalmente el sacerdote.

185. Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de la bendición solemne, el diácono dice: Inclinaos para recibir la bendición. Una vez dada la bendición por el sacerdote, el diácono se encarga de despedir al pueblo, diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: Podéis ir en paz.

186. Luego, juntamente con el sacerdote, venera el altar besándolo, y haciendo una profunda reverencia, se retira en el mismo orden en que había llegado.


CALENDARIO

9 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre o SAN AGUSTÍN ZHAO RONG, presbítero, Y COMPAÑEROS, mártires, memoria libre


Misa de sábado (verde) o de una de las memorias (blanco o rojo).
ve bl ro MISAL: para el sábado cualquier formulario permitido (véase pág. 73, n. 5; y en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 16. 24) / para la memoria de santa María del común de santa María Virgen o de las «Misas de la Virgen María» (véase en el presente año jubilar: pp. 26ss, nn. 17. 24) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común o de un domingo del T. O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. IV (o bien: vol. III-par de las nuevas ediciones).
- Is 6, 1-8. Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.
- Sal 92. R. El Señor reina, vestido de majestad.
- Mt 10, 24-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.
o bien: cf. vol. V (o bien: vol. IV de las nuevas ediciones).

Liturgia de las Horas: oficio de sábado o de una de las memorias.

Martirologio: elogs. del 10 de julio, pág. 409.
CALENDARIOS: Congregación de los Sagrados Corazones: Nuestra Señora de la Paz (F).
Mercedarios: Santísimo Redentor (F).
Canónigos Regulares de Letrán: San Juan Ostenwijk, presbítero y mártir (MO).
Dominicos: San Juan de Colonia, presbítero y compañeros, mártires (MO).
Jesuitas: Santos León Ignacio Mangín, presbítero, María Zhu Wu y compañeros, mártires (MO).
OFM Cap.: Santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros, mártires (MO).
Orden Premonstratense: San Adrián y Santiago, presbíteros (MO).
Carmelitas: Beata Juana Scopelli, virgen (ML).
Pasionistas: Nuestra Señora Madre de la Santa Esperanza (ML).

9 SÁBADO. Después de la hora nona:
DECIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Tercera semana del salterio
Misa
vespertina del XV Domingo del tiempo ordinario (verde).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

COMÚN DE SANTA MARÍA VIRGEN 2. COMMUNE BEATAE MARIAE VIRGINIS
I. TEMPORE PER ANNUM 2
Antífona de entrada
Dichosa eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al autor del universo; engendraste al que te creó, y permaneces virgen para siempre.
Antiphona ad introitum
Beáta es, Virgo María, quae ómnium portásti creatórem; genuísti qui te fecit, et in aetérnum pérmanes Virgo.
Oración colecta
Dios de misericordia, fortalece nuestra débil condición y, al recordar en este día a la Madre de tu Hijo, concédenos por su intercesión vernos libres de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Concéde, miséricors Deus, fragilitáti nostrae praesídium, ut, qui sanctae Dei Genetrícis memóriam ágimus, intercessiónis eius auxílio a nostris iniquitátibus resurgámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XIV semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Is 6, 1 -8
Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo

Lectura del libro de Isaías.

En el año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la oria de su manto llenaba el templo.
Junto a él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban, y se gritaban uno a otro diciendo:
«¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!».
Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo».
Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
«Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado».
Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
«¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?».
Contesté:
«Aquí estoy, mándame».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)
R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

Aleluya 1 Pe 4, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Si exprobrámini in nómine Christi, beáti éritis, quóniam Spíritus Dei super vos requiéscit.
R.

EVANGELIO Mt 10, 24-33
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos, Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Beato Álvaro del Portillo, Como sal y como luz 363 (Carta pastoral 2-X-1986)
Tened paciencia, como el Señor la tiene con cada uno de nosotros. Ayudad, a las personas que tratáis, a recomenzar una y otra vez. Acogedles siempre con afecto: que puedan acudir a vosotros para recuperar el entusiasmo, después de una derrota, porque se sienten comprendidos, estimulados, ¡queridos! (…). Si realizáis así vuestra labor apostólica; si sois comprensivos, optimistas, constantes; si seguís sembrando paz y alegría a vuestro alrededor, estad seguros de que acabaréis venciendo las dificultades que se os presenten –siempre las habrá, hijos, porque no es el discípulo más que el Maestro (Mt 10, 24)–, y alzaréis bien alto a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. 

Oración de los fieles
372. Dirijamos confiados nuestra oración a Dios Padre, que ha prometido habitar en los corazones de aquellos que, como María, guardan su Palabra.
R. Danos, Padre, tu Espíritu Santo.
- Por los pastores de la Iglesia: para que, formados en la escuela de María, Reina de los Apóstoles, sean fieles mensajeros de la Palabra de Dios y dispensadores incansables de su misericordia. Roguemos al Señor. R.
- Por los pueblos afligidos a causa de la guerra y de las adversidades: para que todo hombre se convenza de que la paz tiene su raíz en la conversión del corazón, que hace pasar del egoísmo a la generosidad y de la violencia al respeto del prójimo. Roguemos al Señor. R.
- Por todos los cristianos: para que, encontrando en la Virgen la fuente de la alegría, vivan con autenticidad su propia vocación, dando testimonio de fidelidad radical al mandato del amor. Roguemos al Señor. R.
- Por los enfermos: para que hallen en María ayuda y consuelo, y en los hermanos solidaridad generosa que aliente su esperanza. Roguemos al Señor. R.
- Por nosotros, aquí reunidos: para que, guardando la Palabra que hemos escuchado, seamos servidores fieles y testigos del Reino entre los hombres. Roguemos al Señor. R.
Oh Dios, fortalece en nosotros el deseo del bien, refuerza nuestra esperanza, confírmanos en la caridad, por intercesión de María, que nos precede en la peregrinación de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al venerar la memoria de la Madre de tu Hijo, te rogamos, Señor, que la ofrenda que te presentamos nos transforme a nosotros, por tu gracia, en oblación viva y perenne. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Genetrícis Fílii tui memóriam venerántes, quaesumus, Dómine, ut sacrifícii huius oblátio nosmetípsos, grátia tua largiénte, tibi perfíciat munus aetérnum. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de la comunión Lc 1, 49
El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
Antiphona ad communionem Lc 1, 49
Fecit mihi magna, qui potens est, et sanctum nomen eius.
Oración después de la comunión
Como partícipes de la redención eterna te rogamos, Señor, que, al celebrar la memoria de la Madre de tu Hijo, nos gloriemos en la abundancia de tu gracia y sintamos aumento continuo de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Redemptiónis aetérnae partícipes effécti, quaesumus, Dómine, ut, qui Genetrícis Fílii tui memóriam ágimus, et de grátiae tuae plenitúdine gloriémur, et salvatiónis contínuum sentiámus augméntum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 10 de julio

1. En Roma, santos mártires Félix y Felipe, enterrados en el cementerio de Priscila; Vital, Marcial y Alejandro, en el de los Jordanos; Silano, en el de Máximo; y Jenaro, en el de Pretextato, a todos los cuales recuerda hoy con alegría la Iglesia Romana, que se siente honrada con tantos triunfos y protegida por la intercesión de tantos y tan ejemplares santos (s. inc.).
2. En la vía Cornelia, a nueve miliarios de la ciudad de Roma, santas Rufina y Segunda, mártires (s. inc.).
3. En Sabina, santas Anatolia y Victoria, mártires (s. inc.).
4. En África, santos Jenaro y Marino, mártires (s. inc.).
5. En Iconio, de Licaonia, san Apolonio de Sardes, mártir, del que se dice que sufrió el martirio crucificado (s. inc.).
6. En Nicópolis, de Armenia, santos mártires Leoncio, Mauricio, Daniel, Antonio, Aniceto, Sisinio y otros, que, siendo emperador Licinio y prefecto Lisias, fueron martirizados de diversos modos (s. IV).
7. En Pisidia, santos Bianor y Silvano, mártires (s. IV).
8*. En Nantes, en la Bretaña Menor, san Pascario, obispo, que acogió a san Hermelando y a doce monjes pedidos a la comunidad de Fontenelle, con quienes fundó un monasterio en la isla de Antros (s. VII).
9. En Tamise, en Flandes, santa Amalberga, a quien san Wilibrordo impuso el velo de las vírgenes consagradas (s. VIII).
10*. En Perugia, de la Umbría, san Pedro Vincioli, presbítero y abad, que reedificó una antigua iglesia dedicada a san Pedro que amenazaba ruina, y a ella unió un monasterio en el que, venciendo gran oposición y con gran paciencia, introdujo los usos y costumbres cluniacenses (1007).
11. En Odense, ciudad de Dinamarca, san Canuto, mártir, rey de ardiente celo, que dio gran esplendor al culto en su reino, promovió el estado clerical y asentó sólidamente las iglesias de Lund y Odense, siendo finalmente asesinado por unos sediciosos (1086).
12*. En Orange, ciudad de la Provenza, en Francia, beatas María Gertrudis de Santa Sofía de Ripert d´Alauzin e Inés de Jesús (Silvia) de Romillon, vírgenes de la Orden de Santa Úrsula, mártires durante la Revolución Francesa (1794).
13. En la ciudad de Dong Hoi, en Annam, santos Antonio Nguyen Huu (Nam) Quynh y Pedro Nguyen Khac Tu, mártires y catequistas, que en tiempo del emperador Minh Mang fueron estrangulados por ser cristianos (1840).
14*. En Damasco, en Siria, muerte de los mártires beatos Manuel Ruiz, presbítero, y compañeros (Cuyos nombres son: beatos Carmelo Volta, Pedro Soler, Nicolás Alberga, Engelberto Kolland, Ascanio Nicanor, presbíteros; Francisco Pinazo y Juan Santiago Fernández, religiosos de la Orden de los Hermanos Menores; Francisco, Moocio y Rafael Massabki, hermanos carnales), de los cuales siete eran de la Orden de los Hermanos Menores y los otros tres, que eran hermanos carnales, pertenecían a la Iglesia maronita. Entregados fraudulentamente por un traidor, sufrieron toda clase de vejaciones a causa de su fe, consiguiendo la palma del martirio con una muerte gloriosa (1860).