sábado, 4 de junio de 2016

Sábado 9 julio 2016, Lecturas Sábado XIV semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XIV semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Is 6, 1 -8
Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo

Lectura del libro de Isaías.

En el año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la oria de su manto llenaba el templo.
Junto a él estaban los serafines, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos el cuerpo, con dos volaban, y se gritaban uno a otro diciendo:
«¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!».
Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo».
Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
«Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado».
Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
«¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?».
Contesté:
«Aquí estoy, mándame».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)
R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. El Señor reina, vestido de majestad;
el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

Aleluya 1 Pe 4, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Si exprobrámini in nómine Christi, beáti éritis, quóniam Spíritus Dei super vos requiéscit.
R.

EVANGELIO Mt 10, 24-33
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos, Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Beato Álvaro del Portillo, Como sal y como luz 363 (Carta pastoral 2-X-1986)
Tened paciencia, como el Señor la tiene con cada uno de nosotros. Ayudad, a las personas que tratáis, a recomenzar una y otra vez. Acogedles siempre con afecto: que puedan acudir a vosotros para recuperar el entusiasmo, después de una derrota, porque se sienten comprendidos, estimulados, ¡queridos! (…). Si realizáis así vuestra labor apostólica; si sois comprensivos, optimistas, constantes; si seguís sembrando paz y alegría a vuestro alrededor, estad seguros de que acabaréis venciendo las dificultades que se os presenten –siempre las habrá, hijos, porque no es el discípulo más que el Maestro (Mt 10, 24)–, y alzaréis bien alto a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas.