Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

jueves, 2 de junio de 2016

Exequias de un niño no bautizado celebradas en una iglesia.

Difuntos y exequias

CELEBRACIÓN DE LAS EXEQUIAS DE UN PÁRVULO NO BAUTIZADO EN LA IGLESIA

El Ordinario del lugar puede permitir una celebración cristiana de las exequias cuando se trata de un niño a quien los padres querían bautizar, pero que murió antes del bautismo.
Esta celebración es más expresiva si se hace en la misma casa del niño fallecido, pues se trata de un difunto que aún no se ha incorporado a la Iglesia; no obstante, puede permitirsed también la celebración en la iglesia, e incluso puede ser recomendable hacerla allí si, de lo contrario, lo padres del niño pudieran pensar que su hijo era en cierta manera rechazado o discriminado.

En esta clase de exequias se hará normalmente una celebración de la liturgia de la palabra, como se especifica en el Ritual. Si alguna vez se considera conveniente la celebración de la misa, utilícese los textos que siguen.

En la catequesis se ha de tener muy en cuenta no oscurecer ante los fieles la doctrina de la necesidad del bautismo.

1. RECIBIMIENTO DE LOS PADRES (FAMILIARES) DEL DIFUNTO

1. El ministro, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos amigos: Habéis venido aquí para pedir que Dios os dé fortaleza ante el dolor grande que sentís por la pérdida de vuestro pequeño hijo (vuestra pequeña hija) N. Resulta difícil aunar el inicio de una vida que apenas había comenzado con este fin brusco que estamos contemplando. Pero, aunque no comprendamos los caminos de Dios, sabemos que él continúa amándonos; poneos, pues, en sus manos. Que él, el Dios de todo consuelo, os conforte en esta hora difícil; es lo que vuestros amigos van a pedirle en esta celebración.

A continuación, se puede entrar el cadáver en la iglesia, pero no se enciende junto a él el cirio pascual.

Situados los familiares del niño en sus lugares, el ministro saluda a la asamblea, diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Luego se dirige a los fieles reunidos en la iglesia con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos hermanos: La celebración que hoy nos congrega aquí, junto a unos padres desolados por la muerte de su hiijo (hija), nos sume a todos en una angustia casi indecible; por ello, debemos recurrir a la oraciçon, El pequeño (la pequeña) N. no necesita ciertamente de nuestra plegaria, pues esperamos que Dios, en su inmensa misericordia, lo habrá ya acogido en sus brazos, como acogió Jesús a los niños que se acercaban a él. Pero sus padres [y familiaressí que necesitan de nuestra plegaria. Oremos, pues, por ellos, y pidamos al Señor que él mismo sea su fuerza en esta hora difícil.

2. MISA O LITURGIA DE LA PALABRA

Terminadas estos ritos iniciales (y, si se celebra la misa, omitido el acto penitencial y el Señor, ten piedad), se dice la oración colecta:

Oremos.
Recibe las súplicas de tus fieles, Señor, y conforta con la esperanza de tu misericordia a quienes se siente abatidos por la pérdida de su hijo (hija). Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Oh Dios, conocedor de los corazones y consuelo del espíritu, tú conoces la fe de estos padres; dales el consuelo de creer que el hijo (la hija), cuya muerte lloran, está en manos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra.

PRIMERA LECTURA
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 22-26

La misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡que grande es tu fidelidad!
El Señor es mi lote, me digo, y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 24, 4bc-5ab. 6 y 7bc. 17 y 20 (R.: 1b; o bien: 3b)
R.
 A ti, Señor, levanto mi alma.
O bien:
Los que esperan en ti, Señor, no quedan defraudados.

Señor, enséñame tus caminos, 
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; enséñame, 
porque tu eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura 
y tu misericordia son eternas; 
acuérdate de mí con misericordia, 
por tu bondad, Señor. R.

Ensancha mi corazón oprimido 
y sácame de mis tribulaciones. 
Guarda mi vida y líbrame, 
no quede yo defraudado de haber acudido a ti. R.

Aleluya o versículo antes del evangelio
2 Co 1, 3b-4a
Bendito sea el Padre de misericordia y Dios del consuelo. Él nos alienta en nuestras luchas.

EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla
+
 Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
—«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

Después de la homilía, se hace, como habitualmente, la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Oración universal
Elevemos ahora nuestras súplicas al Señor, implorando los bienes de su misericordia y de su bondad.
1. Para que el Señor mitigue el dolor de los padres y familiares que lloran la muerte de este niño (esta niña), roguemos al Señor.
2. Para que los ayude, a fin de que sepan hallar en la fe consuelo y esperanza, roguemos al Señor.
3. Para que acreciente la fe de los fieles y libre al mundo de todo mal, roguemos al Señor.
4.  Para que avive en todos nosotros la esperanza de la resurrección, roguemos al Señor.

* Si en las exequias se celebra la misa, la oración universal concluye con la siguiente colecta:
Oh Dios, Padre bueno y justo, inclinándonos humildemente ante el misterio de unos designios que no comprendemos, te pedimos que escuches nuestras plegarias, ilumines las tinieblas en que nos sume nuestro dolor y nos concedas vivir eternamente contigo y con el niño (la niña) N. en la felicidad de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

* Si las exequias se celebran sin misa, la oración universal concluye con la siguiente fórmula:
Terminemos nuestra oración con la plegaria que nos enseñór el mismo Jesucristo, pidiendo que se haga siempre la voluntad del Señor: Padre nuestro.

* Si se celebra la misa, ésta prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión. Dicha esta oración y omitida la bendición y el Podéis ir en paz, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto.

* Si no se celebra la misa, el rito del último adiós se hace inmediatamente después de terminada la oración de los fieles.

Oración sobre las ofrendas
Dígnate, Señor, recibir esta ofrenda como signo de nuestro total abandono en tus manos, y a los que nos sometemos con paz y confianza a los designios de tu providencia, ayúdanos con el consuelo de saber que cuidas amorosamente de nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO II DE DIFUNTOS
Cristo ha muerto para nuestra vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él aceptó la muerte, uno por todos, para librarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos vida eterna.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II.

Antífona de la comunión Is 25, 8
El Señor aniquilará la muerte para siempre y Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Oración después de la comunión
Por la comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, muerto en la cruz y resucitado a nueva vida, has alimentado, Señor, en nosotros la esperanza de la vida eterna; concede, pues, a los que han participado en estos santos misterios, ayuda en las dificultades y consuelo en las lágrimas de esta vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Hermanos: Confiados en que este niño (esta niña) está en las manos de Dios, que ama infinitamente todo cuánto él mismo ha creado, en este momento, en que el cuerpo de este pequeño (esta pequeña) va a ser llevado al sepulcro, pidamos a Dios que conceda a sus padres [y familiares] la fortaleza necesaria para sobrellevar cristianamente su dolor.

Todos oran unos momentos en silencio. A continuación (omitida la aspersión del cuerpo), se añade la siguiente oración:

Te pedimos, Señor, que santa María, Madre de Dios, que estuvo al pie de la cruz del Hijo que moría, comunique su fe y su fortaleza a estos padres que están, com ella, afligidos, los socorra y les alcance el premio eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Después, el que preside termina la celebración bendiciendo al pueblo con la bendición habitual:

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda cobre vosotros.
R. Amén.