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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

viernes, 3 de junio de 2016

Bautismo de un solo niño.

Ritual del Bautismo de los niños

BAUTISMO DE UN SOLO NIÑO

El Bautismo de un niño se ha de conferir en el domingo, día en que la Iglesia celebra el Misterio pascual (a no ser que una causa justa lo impida), con asistencia de fieles, al menos los familiares, amigos y vecinos, los cuales participarán activamente.
El padre y la madre, en unión con los padrinos, deben presentar al niño a la Iglesia para ser bautizado.

RITO DE ACOGIDA

136. Mientras los fieles cantan un salmo o himno apropiado para este momento, el sacerdote o el diácono celebrante, vestido con alba y estola, o incluso con capa pluvial de color festivo, se dirigirá con los ministros a la puerta de la iglesia o al lugar donde se encuentran los padres y padrinos con el niño.

El celebrante saluda a los presentes, principalmente a los padres y padrinos, recordándoles el gozo con que han recibido a este niño como un don de Dios, que es la fuente de toda vida y que quiere ahora comunicarla. Lo puede hacer con las siguientes palabras u otras espontáneas:

Hermanos:
Con gozo habéis vivido en el seno de vuestra familia el nacimiento de un niño. Con gozo venís ahora a la Iglesia a dar gracias a Dios y celebrar el nuevo y definitivo nacimiento por el Bautismo.
Todos los aquí presentes nos alegramos en este momento, porque se va a acrecentar el número de los bautizados en Cristo.
Dispongámonos a participar activamente.

137. El celebrante, en primer lugar, interroga a los padres.

Celebrante:
¿Qué nombre habéis elegido para este niño?
Padres:
N.

Celebrante:
¿Qué pedís a la Iglesia para N.?
Padres:
El Bautismo.

El celebrante, en el diálogo, puede usar otras palabras.
La primera respuesta la puede dar otra persona si, según las costumbres de la región, tiene el derecho de imponer el nombre.

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En la segunda respuesta los padres pueden decir también:
La gracia de Cristo, o bien: La entrada en la Iglesia, o bien: La vida eterna.
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138. Entonces el celebrante se dirige a los padres con estas palabras u
otras semejantes:

Al pedir el Bautismo para vuestro hijo, ¿sabéis que os obligáis a educarlo en la fe, para que este niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el Evangelio?

Padres:
Sí, 1o sabemos.

139. Dirigiéndose después a los padrinos, les pregunta con estas u otras palabras:

Y vosotros, padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres en esa tarea?

Padrinos:
Sí, estamos dispuestos.

140. Prosigue el celebrante diciendo:

N., La Iglesia te recibe con gran alegría. Yo, en su nombre, te signo con la señal de Cristo Salvador.

Y, en silencio, signa al niño en la frente.
Después invita a los padres, y si parece oportuno a los padrinos, para que hagan lo mismo.

Y vosotros, padres (y padrinos), haced también sobre él la señal de la cruz.

LITURGIA DE LA PALABRA

141. El celebrante invita a los padres, padrinos y demás asistentes a participar en la celebración de la Palabra de Dios. Si las circunstancias lo permiten, hágase una procesión con cantos, v. gr.: Sal 84,7-8-9, hasta el lugar previsto.

Lecturas bíblicas y homilía

142. Estando todos sentados, se lee una o algunas de las siguientes perícopas, según la oportunidad.
  • Jn 3, 1-6: El que no nazca de nuevo, no puede entrar en el Reino de Dios (n. 203).
  • Mt 28, 18-20: "Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (n. 199).
  • Mc 1, 9-11: Jesús fue bautizado por Juan, en el Jordán (n.200).
  • Mc 10, 13-16: "Dejad que los niños se acerquen a mí" (n. 201).

Pueden también elegirse las lecturas que se encuentran en el apéndice, números 184-209 (lecturas del Antiguo Testamento, Cartas apostólicas, Evangelios), u otras más adaptadas al deseo o utilidad de los padres.
Entre las lecturas pueden cantarse los salmos responsoriales con sus respuestas, tal como se proponen en los números 194-197.
Después de la lectura el celebrante hace una breve homilía, para ilustrar a los oyentes sobre lo que han oído, haciéndoles penetrar más profundamente en el misterio del Bautismo e invitándoles a abrazar con entusiasmo la misión que les concierne especialmente como padres y padrinos.
Después de la homilía o de la letanía, o durante la misma letanía, es muy conveniente que el celebrante invite a la asamblea a orar en silencio, y que los fieles oren al Señor en su interior. Después, si se puede, se entona un canto apropiado.

Oración de los fieles

143. Seguidamente se tiene la oración de los fieles.

Celebrante:
Hermanos: oremos ahora por este niño que va a ser bautizado, por sus padres y padrinos, y por todo el pueblo santo de Dios.

Lector:
Para que este niño, al participar en el misterio de la muerte y resurrección de cristo, alcance nueva vida, y por el Bautismo se incorpore a su santa lglesia. Roguemos aI Señor.Todos:
Te rogamos, óyenos (u otra respuesta habitual).

Lector:
Para que el Bautismo y la Confirmación lo hagan fiel discipulo suyo, que dé testimonio del Evangelio en el mundo. Roguemos al Señor.
Todos:
Te rogamos, óyenos.

Lector:
Para que a través de una vida santa llegue al Reino de los cielos. Roguemos al Señor.
Todos:
Te rogamos, óyenos.

Lector:
Para que los padres y padrinos sean ejemplo de fe viva Para este niño. Roguemos al Señor.
Todos:
Te rogamos, óyenos.

Lector:
Para que Dios guarde siempre en su amor a esta familia. Roguemos al Señor.
Todos:
Te rogamos, óyenos.

Lector:
Para que renueve en todos nosotros la gracia del Bautismo. Roguemos al Señor.
Todos:
Te rogamos, óyenos.

Otras fórmulas ad libitum, en los números 210-214.

144. Después el celebrante invita a los presentes a invocar a los santos.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
San José, esposo de la Virgen, ruega por nosotros.
San Juan Bautista, ruega por nosotros.
Santos apóstoles Pedro y Pablo, rogad por nosotros.

Pueden añadirse los nombres de otros santos, sobre todo de los que sean patronos del niño, de la iglesia o del lugar.

San N.
San N.

Se termina así:
Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.

Oración de exorcismo y unción prebautismal

145. Acabadas las invocaciones, el celebrante dice:

Dios todopoderoso y eterno, que has enviado tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas, al Reino de tu luz admirable; te pedimos que este niño, lavado del pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en é1. Por Cristo nuestro Señor.
Todos:
Amén.

Otra fórmula de exorcismo ad libitum, en el número 215.

146. Prosigue el celebrante:

Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca, te ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Iesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Todos:
Amén.

Se hace la unción con el óleo de los catecúmenos en el pecho.

LITURGIA DEL SACRAMENTO

Seguidamente se va procesionalmente al baptisterio o, según la oportunidad, al presbiterio, si allí se celebra el Bautismo.

Bendición e invocación a Dios sobre el agua

147. Cuando hubieren llegado a la fuente bautismal, el celebrante recordará brevemente a los presentes la admirable providencia de Dios, que ha querido santificar el alma y el cuerpo del hombre por medio del agua.
Lo puede hacer con estas o parecidas palabras:

Oremos, hermanos, al Señor Dios todopoderoso, para que conceda a este niño la vida nueva por el agua y el Espíritu Santo.

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O bien con éstas:
Sabéis, hermanos, que Dios concede a los creyentes la abundancia de su vida por el sacramento del agua.
Levantemos hacia él nuestro corazón, para que por el agua de esta fuente derrame su gracia sobre estos elegidos.

O bien con estas otras:
Comenzamos ahora la plegaria de bendición y de alabanza a Dios por las grandes obras que él ha realizado por medio del agua en la historia santa, suplicándole las realice también ahora por el agua de esta fuente bautismal.
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148. Fuera del Tiempo Pascual, el celebrante, vuelto hacia la fuente, dice la siguiente bendición:

Oh Dios,
que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura, el agua, para significar la gracia del Bautismo.

Oh Dios,
cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.

Oh Dios,
que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

Oh Dios,
que hiciste pasar a pie enjuto por el Mar Rojo a los hijos de Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.

Oh Dios,
cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: "ld y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo".

Mira, ahora, a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del Bautismo: Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el Bautismo, muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.

El celebrante toca el agua con la mano derecha y prosigue:

Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda sobre el agua de esta fuente, para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el Bautismo, resuciten con él a la vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Otras fórmulas ad libitum, en los números 216-218.

En el Tiempo Pascual, si se ha consagrado el agua en la Vigilia pascual, a fin de que no falten en el Bautismo la acción de gracias y la súplica, se hace la bendición e invocación de Dios sobre el agua, según las fórmulas que se encuentran en los números 217-218, teniendo en cuenta las variantes del texto en el final de las mismas fórmulas.

Renuncias y profesión de fe

149. El celebrante amonesta a los padres y padrinos con estas palabras:

Queridos padres y padrinos:
En el sacramento del Bautismo, este niño que habéis presentado a la Iglesia va a recibir, por el agua y el Espíritu Santo, una nueva vida que brota del amor de Dios.
Vosotros, por vuestra parte, debéis esforzaros en educarlo en la fe, de tal manera que esta vida divina quede preservada del pecado y crezca en él de día en día.
Así, pues, si estáis dispuestos a aceptar esta obligación, recordando vuestro propio Bautismo, renunciad al pecado y confesad vuestra fe en Cristo Jesús, que es la fe de la Iglesia, en la que va a ser bautizado vuestro hijo.

150. Después pregunta a los mismos:

Celebrante:
¿Renunciáis a Satanás?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Y a todas sus obras?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Y a todas sus seducciones?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

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O bien les pregunta con esta otra fórmula:

Celebrante:
¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que domine en vosotros el Pecado?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

Celebrante:
¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Padres y padrinos:
Sí, renuncio.

Otras fórmulas de renuncia ad libitum, en los números 219-220.
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151. Seguidamente el celebrante pide esta triple profesión de fe a los padres y padrinos:

Celebrante:
¿Creéis en Dios, Padre todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra?

Padres y padrinos:
Sí, creo.

Celebrante:
¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?

Padres y padrinos:
Sí, creo.

Celebrante:
¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Padres y padrinos:
Sí, creo.

152. A esta profesión de fe asienten el celebrante y la comunidad, diciendo:

Ésta es nuestra fe.
Ésta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Todos:
Amén.

Oportunamente esta fórmula puede ser sustituida por otra. Se puede cantar también un canto apropiado, en el que la comunidad expresa su fe.

Bautismo

153. El celebrante invita a la familia para que se acerque a la fuente, y pregunta a los padres y padrinos:

Celebrante:
¿Queréis, por tanto, que vuestro hijo N. sea bautizado en la fe de la Iglesia, que todos juntos acabamos de profesar?

Padres y padrinos:
Sí, queremos.

E inmediatamente el celebrante bautiza al niño diciendo:

N., yo te bautizo en el nombre del Padre,

primera inmersión o infusión de agua

y del Hijo,

segunda inmersión o infusión de agua

y del Espíritu Santo.

tercera inmersión o infusión de agua

Después del Bautismo del niño se puede hacer una breve aclamación del pueblo (cf. nn. 221-222).
Si el Bautismo es por infusión, es de desear que el niño lo lleve la madre o el padre; sin embargo, puede ser sostenido por la madrina o el padrino allí donde convenga mantener esta costumbre.
Si el Bautismo se hace por inmersión, corresponde a las mismas personas tomar al niño cuando es sacado del agua.

Unción con el Santo Crisma

154. Después el celebrante dice:

Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te ha liberado del pecado y dado nueva vida por el agua y el Espíritu Santo, te consagre con el Crisma de la salvación para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey.

Todos:
Amén.

Seguidamente, en silencio, el sacerdote unge en la coronilla al niño con el Santo Crisma.

Imposición de la vestidura blanca

155. El celebrante dice:

N., eres ya nueva criatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna.

Todos:
Amén.

Y se impone al niño el vestido blanco. Es de desear que la misma familia lleve la vestidura.

Entrega del cirio

156. Después el celebrante muestra el cirio pascual y dice:

Recibid la luz de Cristo.

Uno (v. gr.: el padre o el padrino) enciende la vela del niño en el cirio pascual.

Seguidamente el celebrante dice:

A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz.
Que vuestro hijo, iluminado por Cristo, camine siempre como hijo de la luz.
Y, perseverando en la fe, pueda salir con todos los santos al encuentro del Señor.

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"Effetá"

157. Si al celebrante le parece oportuno, puede añadir el rito del "effetá" de la forma siguiente: tocando con el dedo pulgar los oídos y la boca del niño, dice:

El Señor Jesús, que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda, a su tiempo, escuchar su Palabra y proclamar la fe, para alabanza y gloria de Dios Padre.

Todos:
Amén.
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CONCLUSIÓN DEL RITO

158. Después, a no ser que el Bautismo haya tenido lugar en el mismo presbiterio, se va procesionalmente al altar llevando encendido el cirio del bautizado.
Es de desear que mientras tanto se cante un cántico bautismal, por ejemplo:

Los que en Cristo habéis sido bautizados,
de Cristo os habéis revestido.
Aleluya, aleluya.

Otros cantos ad libitum, en los números 221-222.

Recitación de la oración dominical

159. El celebrante, de pie ante el altar, dice a los padres y padrinos y todos los presentes estas palabras u otras semejantes:

Hermanos:
Este niño, nacido de nuevo por el Bautismo, se llama y es hijo de Dios. Un día recibirá por la Confirmación la plenitud del Espíritu Santo. Se acercará al altar del Señor, participará en la mesa de su sacrificio y lo invocará como Padre en medio de su Iglesia. Ahora nosotros, en nombre de este niño, que es ya hijo por el espíritu de adopción que todos hemos recibido, oremos juntos como Cristo nos enseñó.

Y todos juntamente con el celebrante dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,                                                      
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Bendición

160. Seguidamente el celebrante bendice a la madre, que tiene en sus brazos al niño, y al padre y a todos los presentes, diciendo:

El Señor todopoderoso, por su Hijo, nacido de María la Virgen, bendiga a esta madre y alegre su corazón con la esperanza de la vida eterna, alumbrada hoy en su hijo, para que del mismo modo que le agradece el fruto de sus entrañas, persevere con él en constante acción de gracias. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Celebrante:
El Señor todopoderoso, dispensador de la vida temporal y la eterna, bendiga a este padre, para que junto con su esposa sean los primeros que, de palabra y obra, den testimonio de la fe ante su hijo, en |esucristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Celebrante:
El Señor todopoderoso, que nos ha hecho renacer a la vida eterna por el agua y el Espíritu Santo, bendiga a estos fieles, para que, siempre y en todo lugar, sean miembros vivos de su pueblo; y conceda la abundancia de su paz a todos los aquí presentes, en Jesucristo nuestro Señor.

Todos:
Amén.

Celebrante:
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

Todos:
Amén.

Otras fórmulas de bendición, en los números 223-226.

Después de la bendición, oportunamente todos cantan un cántico apropiado que exprese la alegría pascual y la acción de gracias, o el canto de la Virgen, el Magníficat.
Puede conservarse oportunamente la costumbre de llevar al niño bautizado a un altar de la Virgen.