sábado, 21 de mayo de 2016

Sábado 25 junio 2016, Lecturas Sábado XII semana de Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XII semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 2, 2. 10-14. 18-19
Sus corazones claman al Señor sobre la muralla de la hija de Sion
Lectura del libro de las Lamentaciones.

Ha destruido el Señor, sin piedad,
todas las moradas de Jacob;
ha destrozado, lleno de cólera,
las fortalezas de la hija de Judá;
echó por tierra y profanó
el reino y a sus príncipes.
Se sientan silenciosos en el suelo
los ancianos de la hija de Sion;
cubren de polvo su cabeza
y se ciñen con saco;
humillan hasta el suelo su cabeza
las doncellas de Jerusalén.
Se consumen en lágrimas mis ojos,
se conmueven mis entrañas;
muy profundo es mi dolor
por la ruina de la hija de mi pueblo;
los niños y lactantes desfallecen
por las plazas de la ciudad.
Preguntan a sus madres:
«¿Dónde hay pan y vino?»,
mientras agonizan, como los heridos,
por las plazas de la ciudad,
exhalando su último aliento
en el regazo de sus madres.
¿A quién te compararé,
a quién te igualaré, hija de Jerusalén?;
¿con quién te equipararé para consolarte,
doncella, hija de Sion?;
pues es grande como el mar tu desgracia:
¿quién te podrá curar?
Tus profetas te ofrecieron
visiones falsas y vanas;
no denunciaron tu culpa
para que cambiara tu suerte,
sino que te anunciaron
oráculos falsos y seductores.
Sus corazones claman al Señor.
Muralla de la hija de Sion,
¡derrama como un torrente
tus lágrimas día y noche;
no te des tregua,
no descansen tus ojos!
Levántate, grita en la noche,
al relevo de la guardia;
derrama como agua tu corazón
en presencia del Señor;
levanta tus manos hacia él
por la vida de tus niños,
que desfallecen de hambre
por las esquinas de las calles.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 73, 1b-2. 3-4. 5-7. 20-21 (R.: 19b)
R.
No olvides sin remedio la vida de los pobres. Animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.

V. ¿Por qué, oh, Dios, nos rechazas para siempre
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sion donde pusiste tu morada.
R.
No olvides sin remedio la vida de los pobres. Animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.

V. Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R.
No olvides sin remedio la vida de los pobres. Animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.

V. Como quien se abre paso
entre la espesa arboleda,
todos juntos derribaron sus puertas,
las abatieron con hachas y mazas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron
la morada de tu nombre.
R.
No olvides sin remedio la vida de los pobres. Animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.

V. Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R.
No olvides sin remedio la vida de tus pobres. Animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.

Aleluya Mt 8, 17b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.
Ipse infirmitátes nostras accépit, et ægrotatiónes nostras portávit.
R.

EVANGELIO Mt 8, 5-17
Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Y dijo Jesús al centurión:
«Vete; que te suceda según has creído».
Y en aquel momento se puso bueno el criado.
Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.
Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Él tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia de Eucharistia 48
Aunque la lógica del "convite" inspire familiaridad, la Iglesia no ha cedido nunca a la tentación de banalizar esta " cordialidad " con su Esposo, olvidando que Él es también su Dios y que el "banquete" sigue siendo siempre, después de todo, un banquete sacrificial, marcado por la sangre derramada en el Gólgota. El banquete eucarístico es verdaderamente un banquete "sagrado", en el que la sencillez de los signos contiene el abismo de la santidad de Dios: "O Sacrum convivium, in quo Christus sumitur!" El pan que se parte en nuestros altares, ofrecido a nuestra condición de peregrinos en camino por las sendas del mundo, es "panis angelorum", pan de los ángeles, al cual no es posible acercarse si no es con la humildad del centurión del Evangelio: "Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo" (Mt 8, 8; Lc 7, 6).