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lunes, 16 de mayo de 2016

Lunes 20 junio 2016, Lecturas Lunes XII semana de Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XII semana de Tiempo Ordinario, año par ( Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 2 Re 17, 5-8. 13-15a. 18
El Señor apartó a Israel de su presencia y sólo quedó la tribu de Judá

Lectura del segundo libro de los Reyes.

En aquellos días, avanzó Salmanasar, rey de Asiria, contra todo el país, comenzando por Samaría, a la que puso sitio durante tres años, hasta que, el año noveno de Oseas, el rey de Asiria la conquistó. Deportó a Israel a Asiria y lo estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, así como en las ciudades de los medos.
Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos.
Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá, por boca de todos los profetas y videntes:
«Convertíos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y decretos, conforme a la ley que prescribí a vuestros padres y que les transmití por mano de mis siervos los profetas».
Pero no hicieron caso, manteniendo dura la cerviz como habían hecho sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Despreciaron así sus leyes y la alianza que estableció con sus padres, tanto como las exigencias que les impuso.
Y se encolerizó el Señor sobremanera contra Israel, apartándolos de su presencia.
Solo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 59, 3. 4-5. 12-14 (R.: 7b)
R.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda. Salvus fac déxtera tua, Dómine, et exáudi nos.

V. Oh Dios, nos rechazaste y rompiste nuestras filas
estabas airado, pero restáuranos. R.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda. Salvus fac déxtera tua, Dómine, et exáudi nos.

V. Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo. R.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda. Salvus fac déxtera tua, Dómine, et exáudi nos.

V. Oh, Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos. R.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda. Salvus fac déxtera tua, Dómine, et exáudi nos.

Aleluya Heb 4, 12ad
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
R.
La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. Vivis est sermo Dei, et éfficax, et discrétor cogitatiónum et intentiónum cordis.
R.

EVANGELIO Mt 7, 1-5
Sácate primero la viga del ojo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium 172.
El acompañante sabe reconocer que la situación de cada sujeto ante Dios y su vida en gracia es un misterio que nadie puede conocer plenamente desde afuera. El Evangelio nos propone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones (cf. Mt 18, 15), pero sin emitir juicios sobre su responsabilidad y su culpabilidad (cf. Mt 7, 1; Lc 6, 37). De todos modos, un buen acompañante no consiente los fatalismos o la pusilanimidad. Siempre invita a querer curarse, a cargar la camilla, a abrazar la cruz, a dejarlo todo, a salir siempre de nuevo a anunciar el Evangelio. La propia experiencia de dejarnos acompañar y curar, capaces de expresar con total sinceridad nuestra vida ante quien nos acompaña, nos enseña a ser pacientes y compasivos con los demás y nos capacita para encontrar las maneras de despertar su confianza, su apertura y su disposición para crecer.