Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

domingo, 22 de mayo de 2016

Domingo 26 junio 2016, XIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo C.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

La adoración

1111. Durante la exposición las oraciones, cantos y lecturas se dispondrán de tal manera que los fieles, recogidos en la oración, se reconcentren en Cristo Señor.
Para favorecer la oración íntima se emplearán lecturas de la Sagrada Escritura con homilía, o breves exhortaciones que conduzcan a los fieles a una mejor estima del Misterio Eucarístico. Conviene, también, que los fieles respondan cantando a la Palabra de Dios, y que, en momentos adecuados, se guarde un sagrado silencio.
Durante la exposición más prolongada con el Santísimo Sacramento puede celebrarse también alguna parte de la Liturgia de las Horas, sobre todo de las Horas principales, pues por ella la alabanza y acción de gracias que se tributan a Dios en la celebración de la Eucaristía, se extienden a las diversas horas del día, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por él mismo al Padre, en nombre del mundo entero (398).

La bendición

1112. Cuando está para terminar la adoración, el Obispo se acerca al altar (399).
Si entonces acaba de llegar, se observará lo que se describió en el n. 1107.
Cuando llega al altar, entrega el báculo pastoral al ministro y deja la mitra.

1113. El Obispo hace genuflexión juntamente con los diáconos y permanece de rodillas ante el altar.
Entre tanto se entona la estrofa Tantum ergo, u otro canto eucarístico.
Después de poner incienso en el incensario y de bendecirlo, el Obispo, de rodillas, inciensa el Sacramento, como se dijo antes.
Luego se levanta y dice: Oremos. Y todos oran en silencio durante algunos momentos. Entonces el Obispo, con las manos extendidas, dice: Oh Dios, que en este Sacramento admirable, u otra de las oraciones que se proponen en el Ritual Romano.

1114. Terminada la oración, el Obispo recibe el velo humeral, sube al altar, hace genuflexión y, con la ayuda del diácono, recibe la custodia con ambas manos, cubiertas con el velo, y la sostiene elevada, se vuelve hacia el pueblo y sin decir nada hace sobre él el signo de la cruz (400).
Terminada la bendición, el diácono recibe la custodia de manos del Obispo, y la coloca sobre el altar. El Obispo y el diácono hacen genuflexión.
Luego, mientras el Obispo, dejado el velo humeral, permanece de rodillas delante del altar, el diácono traslada reverentemente el Sacramento a la capilla de la reserva, donde lo coloca en el tabernáculo, hace genuflexión y cierra el tabernáculo.
Entretanto, el pueblo, si se cree conveniente, dice alguna aclamación (401).
Y regresan al secretarium de la manera acostumbrada.

(398) Ritual Romano, Ritual de la sagrada Comunión y culto al misterio eucarístico fuera de la Misa, nn. 95-96.
(399) Cf. ibidem, n. 97.
(400) Cf. ibidem, n. 99.
(401) Cf. ibidem, n. 100.


II. EXPOSICIÓN BREVE

1115. Si la exposición es breve y con el copón, y la preside el Obispo, prepárese lo siguiente:
- al menos dos cirios;
- incensario y naveta con incienso, si se juzga oportuno;
- para el Obispo: alba, cruz pectoral, estola y capa pluvial;
- para el diácono o el presbítero: alba y estola;
- para los demás ministros: albas u otras vestiduras legítimamente aprobadas.

Cuando el Obispo haya llegado al altar, hará la debida reverencia y permanecerá de rodillas ante el altar.
El diácono o el presbítero expone el Santísimo Sacramento.
Si se emplea incienso obsérvese lo que se dijo en el n. 1109 y 1113.
Cuando está para terminar la adoración se canta la estrofa Tantum ergo, u otro canto eucarístico.
Luego el Obispo se levanta y dice: Oremos. Y todos oran en silencio durante algunos momentos.
Entonces el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración adecuada, tomada del Ritual Romano.
El Obispo recibe el velo humeral, sube al altar, hace genuflexión, toma el copón con ambas manos, cubiertas con el velo, y se vuelve hacia el pueblo, sobre él hace el signo de la cruz, sin decir nada.
En seguida coloca el copón sobre el altar, hace genuflexión, deja el velo humeral y permanece de rodillas delante del altar, mientras el diácono o el presbítero coloca el Santísimo Sacramento en el tabernáculo.
Después de hacer la debida reverencia, todos regresan al secretarium.

CALENDARIO

26 + XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
ve MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. III (o bien: vol. I (C) de las nuevas ediciones).
- 1 Re 19, 16b. 19-21. Eliseo se levantó y marchó tras Elías.
- Sal 15. R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.
- Gál 5, 1. 13-18. Vuestra vocación es la libertad.
- Lc 9, 51-62. Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas.
Llamada y seguimiento. Jesús nos invita a seguirlo por la senda de la renuncia. Seguir a Jesús es mucho más que una euforia de momento; es una exigencia de cada día que no admite rebajas. En la vida cristiana existe una triple exigencia: dejar todo por el Señor, como Eliseo (1 Lect.); caminar según el Espíritu (2 Lect.) y no mirar atrás, una vez emprendido el camino (Ev).

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 27 de junio, pág. 383.
CALENDARIOS: Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei: San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero (S).
Terrassa: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Salvador Cristau Coll, obispo auxiliar (2010).

TEXTOS MISA

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XIII PER ANNUM
Antífona de entrada Sal 46, 2
Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Antiphona ad introitum Ps 46, 2
Omnes gentes, pláudite mánibus, iubiláte Deo in voce exsultatiónis.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis.
Oración colecta
Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz; concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui, per adoptiónem grátiae, lucis nos esse fílios voluísti, praesta, quaesumus, ut errórum non involvámur ténebris, sed in splendóre veritátis semper maneámus conspícui. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de la XIII semana del Tiempo Ordinario, ciclo C (Lecc. I C).

PRIMERA LECTURA 1 Re 19, 16b. 19-21
Eliseo se levantó y siguió a Elías

Lectura del primer libro de los Reyes.

En aquellos días, el Señor dijo a Elías en el monte Horeb:
«Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo se Safat, de Abel Mejolá».
Partió Elías de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima.
Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo:
«Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré».
Elías le respondió:
«Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?».
Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 (R.: cf. 5a)
R.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad. Tu es, Domine, pars hereditatis meæ.

V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad. Tu es, Domine, pars hereditatis meæ.

V. Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad. Tu es, Domine, pars hereditatis meæ.

V. Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad. Tu es, Domine, pars hereditatis meæ.

V. Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Tú eres, Señor, el lote de mi heredad. Tu es, Domine, pars hereditatis meæ.

SEGUNDA LECTURA Gál 5, 1. 13-18
Habéis sido llamados a la libertad

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.

Hermanos:
Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.
Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor.
Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente.
Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.
Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya 1Sam 3, 9c; Jn 6, 68c
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha; tú tienes palabras de vida eterna. Lóquere, Dómine, quia audit servus tuus; verba vitæ ætérnæ habes.
R.

EVANGELIO Lc 9, 51-62
Tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adondequiera que vayas
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
ÁNGELUS, Domingo 30 de juniio de 2013
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (Lc 9, 51-62) muestra un paso muy importante en la vida de Cristo: el momento en el que –como escribe san Lucas– "Jesús tomó la firme decisión de caminar a Jerusalén" (v. 51). Jerusalén es la meta final, donde Jesús, en su última Pascua, debe morir y resucitar, y así llevar a cumplimiento su misión de salvación. Desde ese momento, después de esa "firme decisión", Jesús se dirige a la meta, y también a las personas que encuentra y que le piden seguirle les dice claramente cuáles son las condiciones: no tener una morada estable; saberse desprender de los afectos humanos; no ceder a la nostalgia del pasado.
Pero Jesús dice también a sus discípulos, encargados de precederle en el camino hacia Jerusalén para anunciar su paso, que no impongan nada: si no hallan disponibilidad para acogerle, que se prosiga, que se vaya adelante. Jesús no impone nunca, Jesús es humilde, Jesús invita. Si quieres, ven. La humildad de Jesús es así. Él invita siempre, no impone.
Todo esto nos hace pensar. Nos dice, por ejemplo, la importancia que, también para Jesús, tuvo la conciencia: escuchar en su corazón la voz del Padre y seguirla. Jesús, en su existencia terrena, no estaba, por así decirlo, "telemandado": era el Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre, y en cierto momento tomó la firme decisión de subir a Jerusalén por última vez; una decisión tomada en su conciencia, pero no solo: ¡junto al Padre, en plena unión con Él! Decidió en obediencia al Padre, en escucha profunda, íntima, de su voluntad. Y por esto la decisión era firme, porque estaba tomada junto al Padre. Y en el Padre Jesús encontraba la fuerza y la luz para su camino. Y Jesús era libre; en aquella decisión era libre. Jesús nos quiere a los cristianos libres como Él, con esa libertad que viene de este diálogo con el Padre, de este diálogo con Dios. Jesús no quiere ni cristianos egoístas –que siguen el propio yo, no hablan con Dios– ni cristianos débiles –cristianos que no tienen voluntad, cristianos "telemandados", incapaces de creatividad, que buscan siempre conectarse a la voluntad de otro y no son libres–. Jesús nos quiere libres, ¿y esta libertad dónde se hace? Se hace en el diálogo con Dios en la propia conciencia. Si un cristiano no sabe hablar con Dios, no sabe oír a Dios en la propia conciencia, no es libre, no es libre.
Por ello debemos aprender a oír más nuestra conciencia. Pero ¡cuidado! Esto no significa seguir al propio yo, hacer lo que me interesa, lo que me conviene, lo que me apetece... ¡No es esto! La conciencia es el espacio interior de la escucha de la verdad, del bien, de la escucha de Dios; es el lugar interior de mi relación con Él, que habla a mi corazón y me ayuda a discernir, a comprender el camino que debo recorrer, y una vez tomada la decisión, a seguir adelante, a permanecer fiel.
Hemos tenido un ejemplo maravilloso de cómo es esta relación con Dios en la propia conciencia; un ejemplo reciente maravilloso. El Papa Benedicto XVI nos dio este gran ejemplo cuando el Señor le hizo entender, en la oración, cuál era el paso que debía dar. Con gran sentido de discernimiento y valor, siguió su conciencia, esto es, la voluntad de Dios que hablaba a su corazón. Y este ejemplo de nuestro padre nos hizo mucho bien a todos nosotros, como un ejemplo a seguir.
La Virgen, con gran sencillez, escuchaba y meditaba en lo íntimo de sí misma la Palabra de Dios y lo que sucedía a Jesús. Siguió a su Hijo con íntima convicción, con firme esperanza. Que María nos ayude a ser cada vez más hombres y mujeres de conciencia, libres en la conciencia, porque es en la conciencia donde se da el diálogo con Dios; hombres y mujeres capaces de escuchar la voz de Dios y de seguirla con decisión.

Del Papa Benedicto XVI
ÁNGELUS, Domingo 1 de julio de 2007
Queridos hermanos y hermanas: 
Las lecturas bíblicas de la misa de este domingo nos invitan a meditar en un tema fascinante, que se puede resumir así: libertad y seguimiento de Cristo. El evangelista san Lucas relata que Jesús, "cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, se dirigió decididamente a Jerusalén" (Lc 9, 51). En la palabra "decididamente" podemos vislumbrar la libertad de Cristo, pues sabe que en Jerusalén lo espera la muerte de cruz, pero en obediencia a la voluntad del Padre se entrega a sí mismo por amor. 
En su obediencia al Padre Jesús realiza su libertad como elección consciente motivada por el amor. ¿Quién es más libre que él, que es el Todopoderoso? Pero no vivió su libertad como arbitrio o dominio. La vivió como servicio. De este modo "llenó" de contenido la libertad, que de lo contrario sería sólo la posibilidad "vacía" de hacer o no hacer algo. La libertad, como la vida misma del hombre, cobra sentido por el amor. En efecto, ¿quién es más libre? ¿Quien se reserva todas las posibilidades por temor a perderlas, o quien se dedica "decididamente" a servir y así se encuentra lleno de vida por el amor que ha dado y recibido? 
El apóstol san Pablo, escribiendo a los cristianos de Galacia, en la actual Turquía, dice: "Hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para vivir según la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros" (Ga 5, 13). Vivir según la carne significa seguir la tendencia egoísta de la naturaleza humana. En cambio, vivir según el Espíritu significa dejarse guiar en las intenciones y en las obras por el amor de Dios, que Cristo nos ha dado. 
Por tanto, la libertad cristiana no es en absoluto arbitrariedad; es seguimiento de Cristo en la entrega de sí hasta el sacrificio de la cruz. Puede parecer una paradoja, pero el Señor vivió el culmen de su libertad en la cruz, como cumbre del amor. Cuando en el Calvario le gritaban: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz", demostró su libertad de Hijo precisamente permaneciendo en aquel patíbulo para cumplir a fondo la voluntad misericordiosa del Padre. 
Muchos otros testigos de la verdad han compartido esta experiencia: hombres y mujeres que demostraron que seguían siendo libres incluso en la celda de una cárcel, a pesar de las amenazas de tortura. "La verdad os hará libres". Quien pertenece a la verdad, jamás será esclavo de algún poder, sino que siempre sabrá servir libremente a los hermanos. 
Contemplemos a María santísima. La Virgen, humilde esclava del Señor, es modelo de persona espiritual, plenamente libre por ser inmaculada, inmune de pecado y toda santa, dedicada al servicio de Dios y del prójimo. Que ella, con su solicitud materna, nos ayude a seguir a Jesús, para conocer la verdad y vivir la libertad en el amor.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo C. Decimotercer domingo del Tiempo Ordinario.
La subida de Jesús a Jerusalén para su Muerte y Resurrección
587 Si la Ley y el Templo pudieron ser ocasión de "contradicción" (cf. Lc 2, 34) entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel, la razón está en que Jesús, para la redención de los pecados -obra divina por excelencia- acepta ser verdadera piedra de escándalo para aquellas autoridades (cf. Lc 20, 17-18; Sal 118, 22).
Maestro, ¿qué tengo que hacer... ?”
2052 "Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?" Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como "el único Bueno", como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre". Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 19, 16-19).
2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: "Si quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme" (Mt 19, 21). Esta respuesta no anula la primera. El seguimiento de Jesucristo comprende el cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida (cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En los tres evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al joven rico, de seguirle en la obediencia del discípulo, y en la observancia de los preceptos, es relacionada con el llamamiento a la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21. 23-29). Los consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.
2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Predicó la "justicia que sobrepasa la de los escribas y fariseos" (Mt 5, 20), así como la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló todas las exigencias de los mandamientos: "habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás… Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal" (Mt 5, 21-22).
2055 Cuando le hacen la pregunta "¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?" (Mt 22, 36), Jesús responde: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas" (Mt 22, 37-40; cf Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
"En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud" (Rm 13, 9-10).
La necesidad del discipulado
1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14) :
"Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde 'habrá llanto y rechinar de dientes'" (LG 48).
1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: "Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia" (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: "Por todo aquél que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10, 32-33).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
217. Oremos, hermanos, A Dios todopoderoso, por Jesucristo su Hijo, el Señor, en la unidad del Espíritu Santo.
- Por la santa Iglesia de Dios, que lucha en la tierra contra el mal: para que Dios todopoderoso perdone sus debilidades, disipe sus temores, robustezca su fe y haga que su testimonio se extienda por toda la tierra. Roguemos al Señor.
- Por nuestra ciudad (pueblo) y nuestra nación, por nuestras autoridades y gobernantes, por nuestros hogares y nuestras escuelas, por nuestros sufrimientos y trabajos: para que Dios nos ayude y bendiga. Roguemos al Señor.
- Por los que buscan y no encuentran, por los que luchan o desesperan, por los que están abatidos o vacilan en su fe, por los que están tentados o se olvidan de Dios en la prosperidad. Roguemos al Señor.
- Por cuantos estamos aquí reunidos, por nuestros hermanos ausentes y por los que han pedido nuestras oraciones: para que Dios nos guarde en la fe y nos reúna al fin de los tiempos en el reino glorioso de su Hijo. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios todopoderoso, las oraciones de tu pueblo y concede abundantemente lo que no merecen nuestras súplicas. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, que obras con poder en tus sacramentos, concédenos que nuestro servicio sea digno de estos dones sagrados. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Deus, qui mysteriórum tuórum dignánter operáris efféctus, praesta, quaesumus, ut sacris apta munéribus fiant nostra servítia. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de comunión Sal 102, 1
Bendice, alma mía, al Señor y todo mi ser a su santo nombre.
O bien: Jn 17, 20-21
Padre, por ellos ruego; para que todos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado -dice el Señor.
Antiphona ad communionem Cf. Ps 102, 1
Bénedic, ánima mea, Dómino, et ea quae intra me sunt nómini sancto eius.
Vel: Jn 17, 20-21
Pater, pro eis rogo, ut ipsi in nobis unum sint, ut credat mundus quia tu me misísti, dicit Dóminus.
Oración después de la Comunión
La víctima eucarística que hemos ofrecido y recibido en comunión, nos vivifique, Señor, para que, unidos a ti, en caridad perpetua, demos frutos que siempre permanezcan. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Vivíficet nos, quaesumus, Dómine, divína quam obtúlimus et súmpsimus hóstia, ut, perpétua tibi caritáte coniúncti, fructum qui semper máneat afferámus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 27 de junio
S
an Cirilo, obispo y doctor
de la Iglesia, que elegido para ocupar la sede de Alejandría, en Egipto, trabajó con empeño para mantener íntegra la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió los dogmas de la unidad de persona en Cristo y la divina maternidad de la Virgen María (444).
2. En Cartago, santa Gudena, mártir, la cual, por orden del prefecto Rufino, fue sometida por cuatro veces al suplicio del potro, lacerada con garfios, vejada con varias pruebas en la cárcel y, finalmente, degollada (203).
3. En Córdoba, en la provincia hispánica de Bética, san Zoilo, mártir (303).
4. En Constantinopla, san Sansón, presbítero, amigo de los pobres, que habiendo sanado de una enfermedad al emperador Justiniano, logró que éste levantase un hospital (560).
5. En Chinon, en la Galia Turonense, san Juan, presbítero, que, nacido en Bretaña, por amor de Dios se escondía de la mirada de los hombres, recluyéndose en una celda junto a la iglesia del lugar (s. VI).
6*. En Milán, de Lombardía, san Arialdo, diácono y mártir, que reprendía enérgicamente las costumbres de los clérigos simoníacos y depravados, y por su celo en favor de la casa de Dios fue asesinado cruelmente por dos clérigos (1066).
7*. En Corneto, cerca de Bovino, en la Apulia, beato Bienvenido de Gubbio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se conformó a la vida de Cristo por su humilde servicio a los enfermos (c. 1232).
8. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santo Tomás Toán, mártir, el cual, siendo catequista y responsable de la misión de Trung Linh, en tiempo del emperador Minh Mang sufrió, por su fe en Cristo, nuevos y terribles suplicios en la cárcel, hasta que falleció de hambre y sed (1840).
9*. En el cantón de Friburgo, en Suiza, beata Margarita Bays, virgen, la cual, permaneciendo con su familia, trabajaba como sastra y atendía las necesidades del prójimo sin abandonar la vida de oración (1879).
10*. En Moulins, en Francia, beata Luisa Teresa Montaignac de Chauvance, virgen, que fundó la Pía Unión de las Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús (1885).