lunes, 11 de abril de 2016

Lunes 16 mayo 2016, Lecturas Lunes VII semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la VII semana de Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA Sant 3, 13 18
Si en vuestro corazón tenéis rivalidad, no presumáis

Lectura de la carta del apóstol Santiago.

Queridos hermanos:
¿Quién de vosotros es sabio y experto? Que muestre sus obras como fruto de la buena conducta, con la delicadeza propia de la sabiduría.
Pero si en vuestro corazón tenéis envidia amarga y rivalidad, no presumáis, mintiendo contra la verdad.
Esa no es la sabiduría que baja de lo alto, sino la terrena, animal y diabólica.
Pues donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera.
El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: 9ab)
R .
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. Iustítiæ Dómini rectæ lætificántes corda.

V. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. Iustítiæ Dómini rectæ lætificántes corda.

V. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. Iustítiæ Dómini rectæ lætificántes corda.

V. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. Iustítiæ Dómini rectæ lætificántes corda.

V. Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, Roca mía, Redentor mío. R.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. Iustítiæ Dómini rectæ lætificántes corda.

Aleluya Cf. 2 Tm 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illúminavit vita per Evangélium.
R.

EVANGELIO Mc 9, 14-29
Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y los tres discípulos bajaron del monte y volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos.
Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo. Él les preguntó:
«¿De qué discutís?».
Uno de la gente le contestó:
«Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces».
Él, tomando la palabra, les dice:
«Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo».
Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre:
«¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?».
Contestó él:
«Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos».
Jesús replicó:
«Si puedo? Todo es posible al que tiene fe».
Entonces el padre del muchacho se puso a gritar:
«Creo, pero ayuda mi falta de fe».
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo:
«Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto.
Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas:
«¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?».
Él les respondió:
«Esta especie solo puede salir con oración».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

S. Beda, In Marci Evangelium expositio, in loc.
Al enseñar el Señor a los Apóstoles cómo debe ser expulsado este demonio tan maligno, nos enseña a todos cómo hemos de vivir, y que el ayuno y la oración son los medios de que hemos de valemos para superar hasta las mayores tentaciones de los espíritus inmundos o de los hombres. El ayuno no comprende sólo la abstinencia de los alimentos, sino de todas las seducciones carnales y más aún de toda pasión viciosa. La oración, igualmente, no consiste sólo en las palabras con que invocamos la clemencia divina, sino también en todo lo que hacemos en obsequio de nuestro Creador movidos por la fe. De ello es testigo el Apóstol cuando dice: "Orad sin cesar" (1Ts 5, 17).