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viernes, 26 de febrero de 2016

Viernes 1 abril 2016, Viernes de la Octava de Pascua.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

III. ORDENACIÓN DE DIÁCONOS

495. Los ordenandos se revisten con amito, alba y cíngulo.

Prepárese, además, para cada uno de los ordenandos estolas y dalmáticas.

Los vestiduras serán del color de la Misa que se celebra, o de color blanco, o festivo (72).

496. Además de lo dicho antes, y de lo necesario para la celebración de la Misa estacional, prepárese lo siguiente:
a) Pontifical Romano;
b) sede para el Obispo, si la ordenación no se hace en la cátedra;
c) cáliz de suficiente capacidad para la Comunión bajo las dos especies.

497. Todo dispuesto, ordénese la procesión por la iglesia hacia el altar como de costumbre.

Los ordenandos preceden al diácono que lleva el Evangeliario.

498. Los ritos iniciales y la liturgia de la palabra hasta el Evangelio, inclusive, se hacen como de costumbre.

Después de la lectura del Evangelio, el diácono coloca de nuevo el Evangeliario reverentemente sobre el altar, donde permanece hasta que se entregue a los ordenados.

499. Después del Evangelio, se inicia la ordenación de los diáconos.

El Obispo se sienta en la cátedra, o en la sede preparada, y recibe la mitra.

500. El diácono llama a los ordenandos, diciendo: Acérquense los que van a ser ordenados diáconos.

E, inmediatamente, los llama por el nombre, y cada uno de los llamados responde: Presente.

Y se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia (73).

501. Estando todos los ordenandos ante el Obispo, el presbítero designado por éste, los presenta, tal como se indica en el Pontifical Romano.

El Obispo concluye diciendo: Con el auxilio de Dios.

Y todos aprueban su elección diciendo: Demos gracias a Dios, o de otro modo determinado por la Conferencia Episcopal (74).

502. Después, estando todos sentados, el Obispo, con mitra y báculo, a no ser que le parezca otra cosa, hace la homilía, en la cual, partiendo del texto de las lecturas sagradas que se leyeron en la Misa, habla al pueblo y a los elegidos acerca del ministerio del diácono, lo que puede hacer o con el texto que trae el Pontifical Romano n. 14, o con sus propias palabras.

Si hay ordenandos que deban asumir el celibato, también debe hablar del significado e importancia del sagrado celibato en la Iglesia (75).

503. Terminada la homilía, los candidatos al Presbiterado y los candidatos no casados, manifiestan públicamente la aceptación del celibato.

Al ser llamados por el diácono, los candidatos se levantan y permanecen de pie delante del Obispo, quien los exhorta con la monición que tiene el Pontifical destinada para esta ocasión o con palabras semejantes.

504. Luego, interrogados por el Obispo, los elegidos manifiestan su propósito de aceptar el sagrado celibato, sea respondiendo: Sí quiero, o también con otra manera externa establecida por la Conferencia Episcopal.

El Obispo concluye, diciendo: Os conceda el Señor perseverar en el santo propósito, a lo cual los elegidos responden: Amén (76).

505. Después se acercan los otros elegidos para el Diaconado, no obligados a asumir el sagrado celibato.

El Obispo interroga simultáneamente a todos los elegidos, que están de pie delante, según el texto del Pontifical Romano n. 15, agregando después de la tercera pregunta, allí mismo inscrita, la pregunta referente a la celebración de la Liturgia de las Horas (77).

506. En seguida el Obispo deja el báculo, y cada uno de los elegidos se acerca al Obispo, se arrodilla ante él, y coloca sus manos juntas entre las manos del Obispo.

El Obispo pide a cada uno la promesa de obediencia, según la fórmula propuesta en el Pontifical.

Si en alguna parte el rito de colocar las manos juntas entre las manos del Obispo se considera menos conveniente, la Conferencia Episcopal puede determinar otro (78).

CALENDARIO

ABRIL
1 VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Misa
del viernes de la Octava (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Gl., sin Cr., Pf. Pasc. I «en este día», embolismos props. en las PP. EE. No se puede decir la PE IV. Despedida con doble «Aleluya».
LECC.: vol. VII (o bien: vol. II de las nuevas ediciones).
- Hch 4, 1-12. Ningún otro puede salvar.
- Sal 117. R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
- Secuencia (ad libitum). Ofrezcan los cristianos.
- Jn 21, 1-14. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
* En la Octava no se permiten otras celebraciones, excepto la Misa exequial. Liturgia de las Horas: oficio del viernes de la Octava. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 2 de abril, pág. 233.
CALENDARIOS: Orden de San Juan de Jerusalén: San Nuño Álvares Pereira, religioso (MO).

TEXTOS MISA

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA FERIA VI INFRA OCTAVAM PASCHAE
Antífona de entrada Sal 77, 53
El Señor condujo a su pueblo seguro, mientras el mar cubrió a sus enemigos. Aleluya.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 77, 53
Edúxit Dóminus pópulum suum in spe, et inimícos eórum opéruit mare, allelúia.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que por el misterio pascual has restaurado tu alianza con los hombres, concédenos realizar en la vida cuanto celebramos en la fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui paschále sacraméntum in reconciliatiónis humánae fodere contulísti, da méntibus nostris, ut, quod professióne celebrámus, imitémur efféctu. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la Octava de Pascua (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Hch 4, 1-12
No hay salvación en ningún otro
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Más, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a (R.: 22)
R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Lápidem, quem reprobavérunt ædificántes, hic factus est in caput ánguli.
O bien: Aleluya.

V. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Lápidem, quem reprobavérunt ædificántes, hic factus est in caput ánguli.

V. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Lápidem, quem reprobavérunt ædificántes, hic factus est in caput ánguli.

V. Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Lápidem, quem reprobavérunt ædificántes, hic factus est in caput ánguli.

SECUENCIA (opcional)
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Victimae Pascháli laudes immolent Christiáni.

Agnus redémit oves:
Christus ínnocens Patri
reconciliávit
peccatores.

Mors et vita duello
conflixére mirándo:
dux vitae mórtuus,
regnat vivus.

Dic nobis María,
Quid vidísti in via?

Sepúlcrum Christi vivéntis,
et glóriam vidi resurgéntis:
Angélicos testes,
sudárium et vestes.

Surréxit Christus spes mea:
praecédet suos in Galilaéam.

Scimus Christum surrexísse
a mórtuis vere:
Tu nobis, victor Rex miserére.

Amen. Allelúia.

Aleluya Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Éste es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Hæc dies quam fecit Dóminus; exsultémus et lætémur in ea.

EVANGELIO Jn 21, 1-14
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque rio distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

De san Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 265-266.
Pasa al lado de sus Apóstoles, junto a esas almas que se han entregado a Él: y ellos no se dan cuenta. ¡Cuántas veces está Cristo, no cerca de nosotros, sino en nosotros; y vivimos una vida tan humana! (...). Vuelve a la cabeza de aquellos discípulos lo que, en tantas ocasiones, han escuchado de los labios del Maestro: pescadores de hombres, apóstoles. Y comprenden que todo es posible, porque Él es quien dirige la pesca.
Entonces, el discípulo aquel que Jesús amaba se dirige a Pedro: es el Señor. El amor, el amor lo ve de lejos. El amor es el primero que capta esas delicadezas. Aquel Apóstol adolescente, con el firme cariño que siente hacia Jesús, porque quería a Cristo con toda la pureza y toda la ternura de un corazón que no ha estado corrompido nunca, exclamó: ¡es el Señor!
Simón Pedro apenas oyó es el Señor, vistióse la túnica y se echó al mar. Pedro es la fe. Y se lanza al mar, lleno de una audacia de maravilla. Con el amor de Juan y la fe de Pedro, ¿hasta dónde llegaremos nosotros?

Oración de los fieles
147. En este día santísimo, en que la potencia del Espíritu nos crea como hombres nuevos, a imagen del Señor resucitado, y hace de todos nosotros un pueblo santo, elevemos nuestra oración común para que la alegría pascual se extienda por todo el mundo.
R. Por la resurrección de tu Hijo, escúchanos, Padre.
- Por la iglesia de Dios: para que cada día sea más consciente de ser la comunidad pascual, generada por Cristo humillado en la cruz y glorificado en la resurrección. Roguemos al Señor.
- Por todos los bautizados: Para que en la aspersión de la sangre y el agua que brotan del costado de Cristo, renueven la gracia de su nacimiento en el Espíritu. Roguemos al Señor.
- Por toda la humanidad: para que se extienda por el mundo el alegre anuncio de que en Cristo se han hecho las paces del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y del hombre con sus hermanos. Roguemos al Señor.
- Por nuestra familias: para que en todas las casas se celebre el acontecimiento pascual en sinceridad y verdad, y se comparta el don del Señor con una hospitalidad festiva con los pobres y los que sufren. Roguemos al Señor.
- Por todas las hermanas y hermanos difuntos: para que desde ahora sean comensales del reino eterno, mientras esperan la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos. Roguemos al Señor.
Padre, que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas todos los miedos y haces posible lo que nuestro corazón nos se atreve a esperar; concede a todos los que se llaman cristianos renovarse en el pensamiento y en las obras, con la fe de quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Realiza, Señor, en nosotros lo que significa el intercambio de esta ofrenda pascual para que desde el amor a las cosas de la tierra pasemos al amor de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Pérfice, Dómine, benígnus in nobis paschálium múnerum votíva commércia, ut a terrénis afféctibus ad caeléste desidérium transferámur. Per Christum.
Prefacio pascual I: en este día.
EL MISTERIO PASCUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio paschalis I (in hac potíssimum die).
De mysterio paschali
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hac potíssimum die gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Ipse enim verus est Agnus qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. Intercesión y Recuerdo propio de la Octava de Pascua PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Cf. Jn 21, 12-13
Jesús dijo a sus discípulos: Vamos, comed. Y tomó el pan y se lo dió. Aleluya.
Antiphona ad communionem Cf. Jn 21, 12-13
Dixit Iesus discípulis suis: Veníte, prandéte. Et accépit panem, et dedit eis, allelúia.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, no ceses de proteger con amor a los que has salvado, para que así, quienes hemos sido redimidos por la muerte de tu Hijo, podamos alegrarnos en su resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Contínua, quaesumus, Dómine, quos salvásti pietáte custódi, ut, qui Fílii tui passióne sunt redémpti, eius resurrectióne laeténtur. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Bendición solemne.
Que os bendiga Dios todopoderoso en este día solemne de Pascua, y, que su misericordia os guarde de todo pecado.
R. Amén.
Y el que os ha redimido por la resurrección de su Jesucristo os enriquezca con el premio de la vida eterna.
R. Amén.
Y a vosotros, que al terminar los días de la pasión del Señor celebráis con gozo la fiesta de Pascua, os conceda también alegraros, con el gozo de la Pascua eterna.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Benedictio solemnis.
Benedícat vos omnípotens Deus, hodiérna interveniénte sollemnitáte pascháli, et ab omni miserátus deféndat incursióne peccáti.
R. Amen.
Et qui ad aetérnam vitam in Unigéniti sui resurrectióne vos réparat, vos praemiis immortalitátis adímpleat.
R. Amen.
Et qui, explétis passiónis domínicae diébus, paschális festi gáudia celebrátis, ad ea festa, quae laetítiis peragúntur aetérnis, ipso opitulánte, exsultántibus ánimis veniátis.
R. Amen.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 2 de abril
S
an Francisco de Paula
, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a Tours (1507).
2. En Cesarea de Palestina, san Affiano o Anfiano, mártir, que, como se obligase al pueblo a sacrificar públicamente a los dioses en tiempo del emperador Maximino, se acercó intrépido al prefecto Urbano y, cogiéndole por el brazo, quiso impedir el rito, por lo cual le prendieron fuego con los pies envueltos en lino empapado con aceite y, respirando aún, fue arrojado al mar por los soldados (306).
3. En la misma ciudad, pasión de santa Teodora, virgen, natural de Tiro, que, en la misma persecución citada, por haber saludado a los confesores de la fe que estaban de pie ante el tribunal, rogándoles que al llegar ante el Señor se acordasen de ella, fue detenida por los soldados y llevada al mismo prefecto, y por mandato de éste fue torturada con acerbos tormentos y arrojada finalmente al mar (307).
4. En Como, en la provincia de Liguria, san Abundio, obispo, que enviado a Constantinopla por san León Magno, defendió allí con celo la fe ortodoxa (468).
5. En Capua, de la Campania, san Víctor, obispo, conspicuo por su erudición y su santidad (554).
6. En Lyon, en la Galia, san Nicecio, obispo, que se distinguió por su dedicación a los pobres y su benignidad para con los sencillos, estableciendo en esta Iglesia la norma de cantar salmos (573).
7. En el monasterio de Luxeuil, en Burgundia, san Eustasio, abad, discípulo de san Columbano, que fue padre de casi seiscientos monjes (629).
8. En Chelmsford, en Inglaterra, san Juan Payne, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue ahorcado, acusado falsamente de sedición (1582).
9*. En el pueblo de Tomhom, de la isla de Guam, en Oceanía, beatos mártires Diego Luis de San Vitores, presbítero de la Compañía de Jesús, y Pedro Calungsod, catequista, que fueron cruelmente precipitados al mar, en odio a la fe cristiana, por algunos apóstatas y nativos seguidores del paganismo (1672).
10*. En Spoleto, en la Umbría, beato Leopoldo de Gaiche, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que estableció el santuario de Monte Luco (1815).
11. En el pueblo Xuong Dien, en Tonquín, santo Domingo Tuoc, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir en tiempo del emperador Minh Mang (1839).
12*. En Padua, en el territorio de Venecia, beata Isabel Vendramini, virgen, que dedicó su vida a los pobres y, tras superar muchas adversidades, fundó el Instituto de Hermanas Isabelas de la Tercera Orden de San Francisco (1860).
13*. En Vic, de Cataluña, en España, beato Francisco Coll, presbítero de la Orden de Predicadores, que, al ser injustamente exclaustrado, prosiguió su firme vocación y anunció por toda la región el nombre del Señor Jesucristo (1875).
14*. En Györ, en Hungría, beato Guillermo Apor, obispo y mártir, que en plena guerra abrió su casa a unos trescientos prófugos y, por defender a unas muchachas de manos de los soldados, la tarde del Viernes Santo de la Pasión del Señor fue herido, falleciendo tres días más tarde (1945).
15*. En Lwiw, en Ucrania, beato Nicolás Carneckyj, obispo, que ejerciendo como exarca apostólico de Volyn’ y Pidljashja en tiempo de persecución contra la fe, siguió como pastor fiel las huellas de Cristo y, por su gracia, llegó al reino de los cielos (1959)
16*. En Maracay, en Venezuela, beata María de San José (Laura) Alvarado, virgen, que fundó las Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón, siempre solícita en su caridad a favor de las jóvenes huérfanas, de los ancianos y pobres abandonados (1967).