miércoles, 24 de febrero de 2016

Miércoles 30 marzo 2016, Miércoles de la Octava de Pascua.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

I. ADMISIÓN DE LOS CANDIDATOS AL DIACONADO Y AL PRESBITERADO

479. El rito de admisión tiene como finalidad que los aspirantes al Diaconado o al Presbiterado manifiesten públicamente su voluntad de ofrecerse a Dios y a la Iglesia, para ejercer el Orden sagrado.

Por su parte, la Iglesia al aceptar esta entrega, lo elige y lo llama, para que se prepare a recibir el Orden sagrado, y así lo agrega ritualmente a los candidatos al Diaconado o al Presbiterado (56).

Los profesos en los Institutos religiosos clericales que aspiren al Presbiterado, no están obligados a este rito.

(56) Cf. Pablo VI, Carta Apost. Ad Pascendum, 15 de agosto de 1972: A.A.S. 64 (1972), p. 538.

480. El rito de admisión se celebra cuando consta que el propósito de los aspirantes, corroborado con las dotes necesarias, ha llegado ya a una suficiente madurez.

El rito de admisión lo celebra el Obispo o el Superior mayor de los Institutos clericales religiosos, según la naturaleza de los aspirantes (57).

(57) Cf. Pontifical Romano, Admisión de un aspirante como candidato al Diaconado y al Presbiterado, nn. 1-2

481. El rito de admisión puede hacerse cualquier día, especialmente en los días de fiesta, en una iglesia o en otro lugar adecuado, ya sea dentro de la Misa, ya sea en una celebración de la Palabra de Dios. Sin embargo, este rito, por su misma naturaleza, nunca se una con las Ordenes sagradas ni con la institución de lectores o acólitos (58).

(58) Cf. ibidem, n. 3.

482. El Obispo esté acompañado de un diácono o de un presbítero delegado para llamar a los candidatos, y también de otros ministros según convenga.

Si el rito se celebra dentro de la Misa, el Obispo usa las vestiduras litúrgicas requeridas para la celebración eucarística y también mitra y báculo.

Pero si el rito se celebra fuera de la Misa, el Obispo puede o llevar la cruz pectoral, la estola y capa pluvial del color conveniente sobre el alba, o sólo la cruz y la estola sobre el roquete y la muceta: en este caso no usa ni mitra ni báculo.

483. Si el rito se cumple dentro de la Misa, se puede celebrar la Misa por las vocaciones a las Ordenes sagradas, con las lecturas propias (59) del rito de admisión.

Se usa el color blanco.

Cuando ocurren los días que se encuentran bajo los nn. 19 de la tabla de los días litúrgicos (60), se celebra la Misa del día.

Cuando no se celebra la Misa por las vocaciones a las Ordenes sagradas, puede tomarse una lectura de las que se proponen en el Leccionario para el rito de admisión, a no ser que ocurra uno de los días que están bajo los nn. 14 de la tabla de los días litúrgicos (61).

(59) cf. Misal Romano, Ordenación de las Lecturas de la Misa , nn. 775-779 .
(60) Cf. Apéndice II de este libro.
(61) Cf. Apéndice ll de este libro .


484. Si sólo se hace la celebración de la Palabra de Dios, ésta puede iniciarse con una antífona apropiada y, después del saludo del Obispo, decirse la oración colecta de la misma Misa. Las lecturas se toman de las que se indican en el Leccionario para esta celebración.

485. Después del Evangelio, el Obispo usando preferentemente mitra y báculo, se sienta en la cátedra y hace la homilía, la cual concluye con la alocución que trae el Pontifical u otras palabras parecidas (62).

(62) Cf. Pontifical Romano, Admisión de un aspirante como candidato al Diaconado y al Presbiterado, n. 5.

486. El diácono o el presbítero designado para el caso llama por el nombre a los aspirantes, y cada uno responde: Presente, y se acercan al Obispo, a quien hacen una reverencia (63).

(63) Cf. ibidem, n. 6.

487. El Obispo los interroga con las fórmulas que trae el Pontifical Romano, o con otras que la Conferencia Episcopal haya establecido para esta ocasión.

Además, si al Obispo le parece, puede recibir el propósito de los candidatos también con algún signo externo determinado por la Conferencia Episcopal.

El Obispo concluye diciendo: La Iglesia recibe con gozo esta decisión tuya. Y todos responden: Amén (64).

(64) Cf. ibidem, n. 7.

488. Entonces el Obispo, deja el báculo y la mitra, se levanta, y con él todos igualmente se levantan.

Se dice el Credo, si según las rúbricas debe decirse.

En seguida el Obispo invita a los fieles a orar, diciendo: Pidamos, queridos hermanos, a Dios Nuestro Señor.

El diácono u otro ministro idóneo propone las intenciones de la oración.

Todos responden con una aclamación apropiada.

Luego el Obispo dice la oración: Escucha, Señor, nuestra plegaria, o, Concede, Señor, a tus hijos (65).

(65) Cf. ibidem, nn. 8-10.

489. Si la admisión se celebra dentro de la Misa, ésta continúa como de costumbre.

Pero si ella se realiza dentro de la celebración de la Palabra de Dios, el Obispo saluda y bendice a la asamblea congregada.

El diácono la despide, diciendo: Podéis ir en paz, a lo cual todos responden: Demos gracias a Dios (66).

(66) Cf. ibidem, n. 11.

490. “Los candidatos al Diaconado, tanto permanente como transitorio, y los candidatos al Presbiterado, deben recibir los ministerios de lector y de acólito, si todavía no los han recibido, y ejercerlos durante un tiempo conveniente para mejor prepararse a las futuras funciones de la Palabra y del Altar” (67).

El rito de institución de los lectores y de los acólitos se describe en los nn. 790-820.

(67) Pablo Vl, Carta Apost. Ad Pascendum, II, 15 de agosto de 1972: A.A.S. 64 (1972) p. 539.

CALENDARIO

30 MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Misa
del miércoles de la Octava (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Gl., sin Cr., Pf. Pasc. I «en este día», embolismos props. en las PP. EE. No se puede decir la PE IV. Despedida con doble «Aleluya».
LECC.: vol. VII (o bien: vol. II de las nuevas ediciones).
- Hch 3, 1-10. Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar.
- Sal 104. R. Que se alegren los que buscan al Señor.
- Secuencia (ad libitum). Ofrezcan los cristianos.
- Lc 24, 13-35. Lo reconocieron al partir el pan.
* En la Octava no se permiten otras celebraciones, excepto la Misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio del miércoles de la Octava. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 31 de marzo, pág. 230.

TEXTOS MISA

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA FERIA IV INFRA OCTAVAM PASCHAE
Antífona de entrada Mt 25, 34
Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.
Antiphona ad introitum Cf. Mt 25, 34
Veníte, benedícti Patris mei, percípite regnum, quod vobis parátum est ab orígine mundi, allelúia.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh Dios, todos los años nos alegras con la solemnidad de la resurrección del Señor; concédenos, a través de la celebración de estas fiestas, llegar un día a la alegría eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui nos resurrectiónis domínicae ánnua sollemnitáte laetíficas, concéde propítius, ut, per temporália festa quae ágimus, perveníre ad gáudia aetérna mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la Octava de Pascua (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Hch 3, 1-10
Te doy lo que tengo: en nombre de Jesús, levántate y anda
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9 (R.: 3b)
R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Laetétur cor quaeréntium Dóminum.
O bien: Aleluya.

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Laetétur cor quaeréntium Dóminum.

V. Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Laetétur cor quaeréntium Dóminum.

V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Laetétur cor quaeréntium Dóminum.

V. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.
Que se alegren los que buscan al Señor. Laetétur cor quaeréntium Dóminum.

SECUENCIA (opcional)
Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Victimae Pascháli laudes immolent Christiáni.

Agnus redémit oves:
Christus ínnocens Patri
reconciliávit
peccatores.

Mors et vita duello
conflixére mirándo:
dux vitae mórtuus,
regnat vivus.

Dic nobis María,
Quid vidísti in via?

Sepúlcrum Christi vivéntis,
et glóriam vidi resurgéntis:
Angélicos testes,
sudárium et vestes.

Surréxit Christus spes mea:
praecédet suos in Galilaéam.

Scimus Christum surrexísse
a mórtuis vere:
Tu nobis, victor Rex miserére.

Amen. Allelúia.

Aleluya Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Éste es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.

EVANGELIO Lc 24, 13-35
Lo reconocieron al partir el pan
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, ylo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Jesús de Nazaret 2
Lo que aquí se resume, en un largo coloquio de Jesús con dos discípulos, fue para la Iglesia naciente todo un proceso de búsqueda y maduración. A la luz de la resurrección, a la luz del don de un nuevo caminar en comunión con el Señor, se tuvo que aprender a leer el Antiguo Testamento de modo nuevo: «En efecto, nadie se había esperado un final del Mesías en cruz. O quizás, ¿se habían solamente ignorado hasta aquel momento las correspondientes alusiones en la Sagrada Escritura?» (Reiser, Bibelkritik, p. 332). No fueron las palabras de la Escritura lo que suscitó la narración de los hechos, sino que los hechos, en un primer momento incomprensibles, llevaron a una nueva comprensión de la Escritura.

Oración de los fieles
147. En este día santísimo, en que la potencia del Espíritu nos crea como hombres nuevos, a imagen del Señor resucitado, y hace de todos nosotros un pueblo santo, elevemos nuestra oración común para que la alegría pascual se extienda por todo el mundo.
R. Por la resurrección de tu Hijo, escúchanos, Padre.
- Por la iglesia de Dios: para que cada día sea más consciente de ser la comunidad pascual, generada por Cristo humillado en la cruz y glorificado en la resurrección. Roguemos al Señor.
- Por todos los bautizados: Para que en la aspersión de la sangre y el agua que brotan del costado de Cristo, renueven la gracia de su nacimiento en el Espíritu. Roguemos al Señor.
- Por toda la humanidad: para que se extienda por el mundo el alegre anuncio de que en Cristo se han hecho las paces del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y del hombre con sus hermanos. Roguemos al Señor.
- Por nuestra familias: para que en todas las casas se celebre el acontecimiento pascual en sinceridad y verdad, y se comparta el don del Señor con una hospitalidad festiva con los pobres y los que sufren. Roguemos al Señor.
- Por todas las hermanas y hermanos difuntos: para que desde ahora sean comensales del reino eterno, mientras esperan la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos. Roguemos al Señor.
Padre, que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas todos los miedos y haces posible lo que nuestro corazón nos se atreve a esperar; concede a todos los que se llaman cristianos renovarse en el pensamiento y en las obras, con la fe de quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio, con el que has redimido a todos los hombres, y concédenos, bondadosamente la salvación del alma y del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, hóstias redemptiónis humánae, et salútem nobis mentis et córporis operáre placátus. Per Christum.
Prefacio pascual I: en este día.
EL MISTERIO PASCUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio paschalis I (in hac potíssimum die).
De mysterio paschali
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hac potíssimum die gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Ipse enim verus est Agnus qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. Intercesión y Recuerdo propio de la Octava de Pascua PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Lc 24, 35
Los discípulos reconocieron al Señor al partir el pan. Aleluya.
Antiphona ad communionem Cf. Lc 24, 35
Cognovérunt discípuli Dóminum Iesum in fractióne panis, allelúia.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que la participación en los sacramentos de tu Hijo nos libre de nuestros antiguos pecados y nos transforme en hombres nuevos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Ab omni nos, quaesumus, Dómine, vetustáte purgátos, sacraménti Fílii tui veneránda percéptio in novam tránsferat creatúram. Per Christum.
Bendición solemne.
Que os bendiga Dios todopoderoso en este día solemne de Pascua, y, que su misericordia os guarde de todo pecado.
R. Amén.
Y el que os ha redimido por la resurrección de su Jesucristo os enriquezca con el premio de la vida eterna.
R. Amén.
Y a vosotros, que al terminar los días de la pasión del Señor celebráis con gozo la fiesta de Pascua, os conceda también alegraros, con el gozo de la Pascua eterna.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Benedictio solemnis.
Benedícat vos omnípotens Deus, hodiérna interveniénte sollemnitáte pascháli, et ab omni miserátus deféndat incursióne peccáti.
R. Amen.
Et qui ad aetérnam vitam in Unigéniti sui resurrectióne vos réparat, vos praemiis immortalitátis adímpleat.
R. Amen.
Et qui, explétis passiónis domínicae diébus, paschális festi gáudia celebrátis, ad ea festa, quae laetítiis peragúntur aetérnis, ipso opitulánte, exsultántibus ánimis veniátis.
R. Amen.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 31 de marzo

1. En el lugar de Argol, en Persia, san Benjamín, diácono, que al predicar insistentemente la palabra de Dios, consumó su martirio con cañas agudas entre sus uñas, en tiempo del rey Vararane V (c. 420).
2. En Roma, conmemoración de santa Balbina, cuyo título situado en el Aventino muestra la veneración que se tributó a su nombre (antes de 595).
3*. En Colonia, en Austrasia, san Agilolfo, obispo, preclaro por la austeridad de vida y la predicación (751/752).
4*. En Borgo San Domnino, en la región de Parma, san Guido, abad del monasterio de Ponposa, en el que recibió a muchos discípulos y restauró los edificios, preocupándose de modo especial por la oración, la contemplación y el culto divino, y buscando vivir en la soledad, atento sólo a Dios (1046).
5*. En Toulouse, en Francia, beata Juana, virgen, de la Orden de las Carmelitas (s. XV).
6*. En Udine, en el territorio de Venecia, beato Buenaventura Tornielli, presbítero de la Orden de los Siervos de María, que con su predicación por diversas regiones de Italia movió al pueblo a la penitencia, falleciendo ya octogenario, mientras predicaba un sermón cuaresmal (1491).
7*. En Carlisle, en Inglaterra, conmemoración del beato Cristóbal Robinson, presbítero y mártir, que fue testigo del martirio de san Juan Boste y, finalmente, bajo la reina Isabel I, también, en día desconocido, fue ajusticiado sólo por ser sacerdote, recibiendo la palma de la gloria (1597).
8*. En la aldea de Ravensbrück, en Alemania, beata Natalia Tulasiewicz, mártir, que al ser ocupada Polonia militarmente fue recluida en un campo de concentración por los nazis y, a causa de la inhalación de gases, entregó su alma al Señor (1945).