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martes, 2 de febrero de 2016

Martes 8 marzo 2016, Martes IV semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

CAPÍTULO XII. TIEMPO PASCUAL

371. Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se celebran con viva alegría, como si se tratara de un solo y único día festivo, ciertamente como “un gran domingo” (123).

Estos son los días en que principalmente se canta el Aleluya.

Donde exista, conservese la tradición particular de celebrar, en el día de Pascua, las Vísperas bautismales, en las que, mientras se cantan los salmos se hace la procesión a la fuente.

372. El cirio pascual se enciende en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de este tiempo, sea la Misa, sean las Laudes y Vísperas.

Pero después del día de Pentecostés, el cirio pascual se conserva con reverencia en el bautisterio, para que de él, encendido en la celebración del Bautismo, se enciendan los cirios de los bautizados (124).

Durante todo el tiempo pascual para celebrar el Bautismo, se emplea agua bendecida en la noche pascual (125).

373. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua y celebran como las solemnidades del Señor.

Para despedir al pueblo en la Misa se agrega un doble Aleluya al Podéis ir en paz, y también al Podéis ir en paz de la Liturgia de las Horas, a los cuales se responde: Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya (126).

374. Donde haya neófitos, el tiempo pascual y principalmente la primera semana, es tiempo de “mistagogía” de los neófitos. La comunidad, juntamente con ellos, medita y experimenta la vivencia del misterio pascual, con la reflexión, la participación en la Eucaristía y la práctica de la caridad.

La ocasión más significativa de la “mistagogía” son las Misas de los domingos de Pascua, porque en éstos los neófitos encuentran, especialmente en el Leccionario del año A, lecturas peculiarmente aptas para ellos, que se explican en la homilía (127).

375. El día cuadragésimo después de la Pascua o, donde no es de precepto, el domingo VII de Pascua, se celebra la Ascensión del Señor.

En esta solemnidad se presenta ante nuestros ojos a Cristo, quien a la vista de los discípulos asciende al cielo, se sienta a la derecha de Dios dotado de regia potestad, prepara a los hombres el reino celestial, y vendrá al final de los tiempos.

376. Las ferias que van de la Ascensión al sábado antes de Pentecostés, inclusive, preparan para la venida del Espíritu Santo Paráclito.

Este sagrado tiempo de cincuenta días concluye con el Domingo de Pentecostés, en que se celebra el don del Espíritu Santo a los Apóstoles, los orígenes de la Iglesia y el comienzo de su misión a todas las lenguas, pueblos y naciones.

Este día el Obispo de ordinario celebra la Misa estacional y preside la Liturgia de las Horas, principalmente Laudes y Vísperas.

CALENDARIO

8 MARTES DE LA IV SEMANA DE CUARESMA, feria o SAN JUAN DE DIOS, conmemoración

Misa
de feria (morado).
mo MISAL: ants. y oracs. props., para la conmem. 1ª orac. prop. y el resto de la feria, Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. VII (o bien: vol. II de las nuevas ediciones).
La Cuaresma: Recordar el agua vivificante y curante.
- Ez 47, 1-9. 12. Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
- Sal 45. R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
- Jn 5, 1-3. 5-16. Al momento aquel hombre quedó sano.

Liturgia de las Horas: oficio de feria. Se puede hacer conmemoración del santo.

Martirologio: elogs. del 9 de marzo, pág. 198.
CALENDARIOS: Granada-ciudad y Hospitalarios de San Juan de Dios: San Juan de Dios, religioso (S).
Calasancias: Beato Faustino Míguez, presbítero (F). Getafe, Asidonia-Jerez y Escolapios: (conm.).
Pamplona y Tudela: San Veremundo de Irache (conm.).
O. Cist.: San Esteban de Obazine, abad cisterciense (conm.).

TEXTOS MISA


Martes de la IV Semana de Cuaresma. Feria tertia. Hebdómada IV Quadragésimae.
Antífona de entrada Cf. Is 55, 1
Sedientos, acudid por agua -dice el Señor-, venid los que no tenéis dinero y bebed con alegría.
Antiphona ad introitum Cf. Is 55, 1
Sitiéntes, veníte ad aquas, dicit Dóminus; et qui non habétis prétium, veníte, et bíbite cum laetítia.
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que las prácticas santas de esta Cuaresma dispongan el corazón de tus fieles para celebrar dignamente el misterio pascual y anunciar a todos los hombres la grandeza de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Exercitátio veneránda sanctae devotiónis, Dómine, tuórum fidélium corda dispónat, ut et dignis méntibus suscípiant paschále mystérium, et salvatiónis tuae núntient praecónium. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la IV semana de Cuaresma (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA 47, 1-9. 12
Vi agua que manaba del templo, y habrá vida allí donde llegue el torrente

Lectura de la profecía de Ezequiel.

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros:
era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado. Entonces me dijo:
«¿Has visto, hijo de hombre?»,
Después me condujo por la ribera del torrente.
Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 8)
R.
El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Dóminus virtútum nobíscum, refúgium nobis Deus Iacob.

V. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.
El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Dóminus virtútum nobíscum, refúgium nobis Deus Iacob.

V. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.
El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Dóminus virtútum nobíscum, refúgium nobis Deus Iacob.

V. El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R.
El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob. Dóminus virtútum nobíscum, refúgium nobis Deus Iacob.

Versículo antes del Evangelio Sal 50, 12a. 14a
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro; y devuélveme la alegría de tu salvación. Cor mundum crea in me, Deus; et redde mihi laetítiam salutáris tui.

EVANGELIO Jn 5, 1-16
Al momento aquel hombre quedó sano

Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.
Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:
«¿Quieres quedar sano?».
El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:
«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó:
«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».
Ellos le preguntaron:
«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».
Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa del gentío que había en aquel sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Crisóstomo, Homilía LXVII (LXVIII)
Mira, estás curado: no peques más, no sea que te suceda algo peor; mientras que a los otros dice: ¿Quieres ser sano? Toma tu camilla y vete a tu casa. Porque ciertamente es grave parálisis el pecado, es grave. Ni es solamente parálisis, sino algo más grave. Porque el pecador no únicamente se priva de bienes, sino que anda ejercitando el mal. Pero aunque en ese estado te encuentres, si tienes una poca de voluntad de salir de él, se remediarán todos los males. Aunque lleves ya treinta y ocho años de enfermedad, si quieres recuperar la salud, nada lo impide. Todavía ahora se presenta Cristo y te dice: Toma tu camilla. Con tal que quieras, levántate y no desesperes. No tienes un hombre que te baje a la piscina, pero tienes a Dios. No tienes quien te ponga en la piscina, pero tienes al que puede no permitir que necesites de la piscina. No tienes quien te baje, pero tienes al que puede ordenarte tomar tu camilla.

Oración de los fieles
115. Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, y pidámosle que, desde el trono de su gloria, escuche las oraciones de su pueblo, que camina hacia la Pascua.
- Para que acreciente la fe y abra la inteligencia de los que recibirán el bautismo en las próximas solemnidades pascuales. Roguemos al Señor.
- Para que las naciones necesitadas reciban ayuda en su indigencia y se consolide en todo el mundo la justicia, el bienestar y la paz. Roguemos al Señor.
- Para que cuantos se sientan tristes o tentados, sean sostenidos por la gracia de Dios y ayudados por la oración de la iglesia. Roguemos al Señor.
- Para que todos nosotros cedamos con generosidad el fruto de nuestras privaciones voluntarias en bien de los pobres y necesitados. Roguemos al Señor.
Ten misericordia, Dios todopoderoso, de tu Iglesia suplicante y atiende a los que se humillan ante ti; que cuantos participamos en estos sacramentos cuaresmales gocemos de tu protección. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, estos dones que tu mismo nos diste; haz que lleguen a ser para nosotros prueba de tu providencia sobre nuestra vida mortal y alimento que da la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Offérimus tibi, Dómine, múnera quae dedísti, ut et creatiónis tuae circa mortalitátem nostram testificéntur auxílium, et remédium nobis immortalitátis operéntur. Per Christum.
PREFACIO I DE CUARESMA
Significación espiritual de la Cuaresma
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno por Cristo, Señor nuestro.
Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, santo...
PRAEFATIO I DE QUADRAGESIMA
De spiritali significatione Quadragesimae
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quia fidélibus tuis dignánter concédis quotánnis paschália sacraménta in gáudio purificátis méntibus exspectáre: ut, pietátis offícia et ópera caritátis propénsius exsequéntes, frequentatióne mysteriórum, quibus renáti sunt, ad grátiae filiórum plenitúdinem perducántur.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión Sal 22, 1-2
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas.
Antiphona ad communionem Cf. Ps 22, 1-2
Dóminus regit me, et nihil mihi déerit; in loco páscuae ibi me collocávit, super aquam refectiónis educávit me.
Oración después de la comunión
Purifícanos, Señor, y renuévanos de tal modo con tus sacramentos que también nuestro cuerpo encuentre en ellos fuerza para la vida presente y el germen de su vida inmortal. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Purífica, quaesumus, Dómine, mentes nostras benígnus, et rénova caeléstibus sacraméntis, ut consequénter et córporum praesens páriter et futúrum capiámus auxílium. Per Christum.


Oratio super populum (ad libitum adhibenda)
Concéde, miséricors Deus, ut devótus tibi pópulus semper exístat et de tua cleméntia, quod ei prosit, indesinénter obtíneat. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 9 de marzo
S
anta Francisca, religiosa
, que casada aún adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio, siendo excelente esposa y madre de familia, admirable por su piedad, humildad y paciencia. En tiempos calamitosos distribuyó sus bienes entre los pobres, asistió a los atribulados y, al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de san Benito, en Roma (1440).
2. En Sebaste, en Armenia, pasión de los santos cuarenta soldados de Capadocia, que, en tiempo del emperador Licinio, se mostraron compañeros no por razón de sangre, sino por la fe común y la obediencia a la voluntad del Padre celestial. Tras cárceles y crueles tormentos, como pernoctar desnudos al aire libre sobre un estanque helado en el tiempo más frío del invierno, consumaron el martirio con el quebrantamiento de sus piernas (320).
3. En Barcelona, en la Hispania Tarraconense, san Paciano, obispo, que, exponiendo su fe, manifestaba que “cristiano” era su nombre y “católico” su apellido (390).
4*. En el lugar de Rapolla, en la Lucania, san Vital de Castronovo, monje (993).
5. En Moravia oriental, san Bruno, obispo de Querfurt y mártir, el cual, cuando acompañaba a Italia al emperador Otón III, movido por la autoridad de san Romualdo abrazó la disciplina monástica, recibiendo el nombre de Bonifacio. Vuelto a Alemania y creado obispo por el papa Juan X, durante una expedición apostólica fue despedazado, junto con dieciocho compañeros, por unos idólatras (1009).
6. En Bolonia, en la provincia de la Emilia, santa Catalina, virgen de la Orden de Santa Clara, la cual, notable por sus dotes naturales, fue más ilustre por sus virtudes místicas y por la vida de penitencia y humildad, siendo guía de vírgenes consagradas (1463).
7. En Mondonio, en el Piamonte, santo Domingo Savio, que, dulce y jovial desde la infancia, todavía adolescente consumó con paso ligero el camino de la perfección cristiana (1857).
8. En la aldea de Nei-Co-Ri, en Corea, santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por administrar el bautismo y publicar libros cristianos, razón por la que fueron entregados al suplicio, manteniéndose tan constantes en la fe que causaron la admiración de sus perseguidores (1866).