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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

martes, 16 de febrero de 2016

Martes 22 marzo 2016, Martes santo, feria.

SOBRE LITURGIA

CEREMONIAL DE LOS OBISPOS
(14-septiembre-1984)

Celebración de la Confirmación dentro de la misa

458. Es del todo preferible que el Obispo celebre la Misa.

Los presbíteros que ayudan al Obispo en la Confirmación, concelebren con él.

Por tanto, todos llevan las vestiduras litúrgicas necesarias para la Misa.

Pero si la Misa la celebra otro, conviene que el Obispo presida la liturgia de la palabra y que al final de la Misa dé la bendición, como se dijo en los nn. 175-185.

En este caso el Obispo reviste el alba, la cruz pectoral, la estola y la capa pluvial de color correspondiente a la Misa; además, usa la mitra y el báculo.

Los presbíteros que ayudarán al Obispo en la celebración de la Confirmación, a no ser que concelebren, revestirán la sobrepelliz sobre la sotana, o el alba, la estola y, si se juzga oportuno, la capa pluvial.

459. Los días en que se permiten las Misas rituales (39), puede celebrarse la Misa para la celebración de la Confirmación, con sus lecturas propias (40).

El color será rojo o blanco.

Pero si no se puede celebrar la Misa ritual, se puede tomar una de las lecturas que se proponen en el Leccionario para dicha Misa.

Cuando ocurren los días que se encuentran bajo los nn. 1-4 de la tabla de los días litúrgicos (41), se dice la Misa del día, con sus lecturas.

Siempre se puede usar la fórmula de la bendición final propia de la Misa ritual.

(39) Cf. Apéndice lII de este libro.
(40) Cf. Misal Romano, Ordenación de las Lecturas de la Misa, nn. 764-768.
(41) Cf. Apéndice lI de este libro .


460. La entrada a la iglesia, los ritos iniciales y la liturgia de la palabra se desarrollan como de costumbre, hasta el Evangelio.

461. Proclamado el Evangelio, el Obispo con mitra, se sienta en la cátedra o en la sede preparada. Los presbíteros que lo acompañan se sientan cerca de él.

Los confirmandos son presentados por el párroco, o por otro presbítero, o por el diácono, o también por el catequista, según la costumbre de cada lugar.

Se procede de la siguiente manera:
- Si es posible, se llama a los confirmandos por su nombre, y cada uno se acerca al presbiterio.
- Si son niños, son llevados por uno de los padrinos o uno de sus padres y permanecen de pie delante del Obispo.
- Si los confirmandos son numerosos, no se les llama nominalmente: se colocan en un lugar conveniente ante el Obispo (42).

(42) Cf. Pontifical Romano, Ritual de la Confirmación, n. 21.

462. Luego el Obispo hace una breve homilía, con la que explica las lecturas proclamadas, a fin de conducir a los confirmandos, a sus padres y padrinos y a toda la asamblea de los fieles a una comprensión más profunda del misterio de la Confirmación (43), si lo desea usa la alocución que trae el Pontifical.

(43) Ibidem, n. 22.

463. Terminada la homilía, el Obispo, sentado, con mitra y báculo, interroga a los confirmandos, que están de pie, les pide la renovación de los compromisos bautismales (44) y al final proclama la fe de la Iglesia, a la cual la asamblea asiente con una aclamación o con un canto adecuado.

(44) Cf. ibidem. n. 23.

464. A continuación deja el báculo y la mitra, se levanta y teniendo cerca a los presbíteros que lo acompañan, con las manos juntas, vuelto hacia el pueblo, dice la monición: Hermanos amadísimos, oremos a Dios Padre todopoderoso.
Todos oran en silencio unos momentos (45).

En seguida, el Obispo y los presbíteros que lo acompañan imponen las manos sobre todos los confirmandos. Entre tanto el Obispo solo dice: Dios Todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo (46).

(45) Cf. ibidem, n. 24.
(46) Cf. ibidem, n. 25.


465. Después del Obispo se sienta y recibe la mitra.

El diácono se acerca trayendo la crismera y crismeras con el santo crisma.

Si los presbíteros ayudan a hacer la unción, el diácono entrega al Obispo todas las crismeras, y él entrega una crismera a cada uno de los presbíteros que se le acercan.

466. Luego los confirmandos se acercan al Obispo y a los presbíteros, o bien, si se juzga oportuno, el Obispo con mitra y báculo, y los presbíteros, se acercan a cada uno de los confirmandos.

El que presentó al confirmando, le coloca la mano derecha sobre el hombro y dice al Obispo el nombre de aquél, o lo dice por sí mismo el confirmando (47).

(47) Cf. ibidem, n. 26; 28.

467. El Obispo, o el presbítero humedece el pulgar de la mano derecha en el crisma y traza el signo de la cruz en la frente del confirmando mientras dice la fórmula sacramental.

Una vez que el confirmado respondió Amén, añade: La paz esté contigo, a lo cual el confirmado responde: Y con tu espíritu.

Mientras dura la unción puede entonarse un canto adecuado (48).

(48) Cf. ibidem, n. 27.

468. Después de la unción el Obispo (y los presbíteros) se lavan las manos.

469. A continuación el Obispo, de pie y sin mitra, hace la monición para la oración universal y la concluye.

470. El Credo se omite, ya que la profesión de fe se hizo antes.

La Misa prosigue de la manera acostumbrada.

Mientras se canta el canto de la presentación de dones, algunos confirmados oportunamente llevan el pan, el vino y el agua para celebrar la Eucaristía.

En la Plegaria Eucarística se hace memoria de los confirmados, usando la fórmula que se propone en el Misal.

Los confirmados, sus padrinos, sus padres, los catequistas y los familiares pueden recibir la Comunión bajo las dos especies (49).

(49) Cf. ibidem, nn. 31-32.

471. Para dar la bendición al final de la Misa, el Obispo usará la bendición solemne o la oración sobre el pueblo, como se indica en el Pontifical Romano (50).

Los recién confirmados están de pie ante el Obispo. Este, a su vez, de pie con mitra, dice: El Señor esté con vosotros.

Entonces uno de los diáconos puede decir la monición para la bendición y el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice las invocaciones de la bendición.

Luego recibe el báculo y dice: La bendición de Dios todopoderoso, y hace el signo de la cruz sobre el pueblo.

El Obispo también puede dar la bendición con las fórmulas propuestas en los nn. 1120-1121.

(50) Ibidem, n. 33

472. Luego el diácono despide al pueblo, diciendo: Podéis ir en paz.

Todos responden: Demos gracias a Dios.

CALENDARIO

22 MARTES SANTO, feria

Misa
de feria (morado).
mo MISAL: ants. y oracs. props., Pf. II Pasión.
LECC.: vol. VII (o bien: vol. II de las nuevas ediciones).
- Is 49, 1-6. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.
- Sal 70. R. Mi boca contará tu salvación, Señor.- Jn 13, 21-33. 36-38. Uno de vosotros me va a entregar... No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.

* Hoy no se permiten otras celebraciones, excepto la Misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 23 de marzo, pág. 219.
CALENDARIOS: Albacete: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Ciriaco Benavente Mateos, obispo (1992).

TEXTOS MISA

MARTES SANTO FERIA III HEBDOMADAE SANCTAE
Antífona de entrada Sal 26, 12
No me entregues, Señor, a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 26, 12
Ne tradíderis me, Dómine, in ánimas persequéntium me: quóniam insurrexérunt in me testes iníqui, et mentíta est iníquitas sibi.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, da nobis ita domínicae passiónis sacraménta perágere, ut indulgéntiam percípere mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes Santo (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Is 49, 1-6
Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra

Lectura del libro de Isaías.

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno,
de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba
y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
por medio de ti me glorificaré».
Y yo pensaba: «En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad el Señor defendía mi causa,
mi recompensa la custodiaba Dios.
Y ahora dice el Señor,
el que me formó desde el vientre como siervo suyo,
para que le devolviese a Jacob,
para que le reuniera a Israel;
he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo
para restablecer las tribus de Jacob
y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 70. 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17 (R.: cf. 15ab)
R.
Mi boca contará tu salvación, Señor. Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.

V. A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R.
Mi boca contará tu salvación, Señor. Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.

V. Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.
Mi boca contará tu salvación, Señor. Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.

V. Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R.
Mi boca contará tu salvación, Señor. Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.

V. Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.
Mi boca contará tu salvación, Señor. Os meum annuntiábit salutáre tuum, Dómine.

Versículo antes del Evangelio
Salve, Rey nuestro, obediente al Padre; fuiste llevado a la crucifixión, como manso cordero a la matanza. Ave, Rex noster, Patri obóediens: ductus es ad crucifigéndum, ut agnus mansuétus ad occisiónem.

EVANGELIO Jn 13, 21-33. 36-38
Uno de vosotros me va a entregar... No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».
Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti». Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Jesús de Nazaret 2.
En la hora del lavatorio de los pies, en la atmósfera de la despedida que caracteriza la situación, Pedro pregunta abiertamente al Maestro: «Señor, ¿adónde vas?». Y, una vez más, recibe una respuesta cifrada: «A donde yo voy, no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde» (Jn 13, 36). Pedro entiende que Jesús habla de su muerte inminente e intenta subrayar su fidelidad radical hasta la muerte con su pregunta: «Por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti» (Jn 13, 37). De hecho, después, en el Monte de los Olivos, decidido a poner en práctica su propósito, se comprometerá desenvainando la espada. Pero tiene que aprender que el martirio tampoco es un acto heroico, sino un don gratuito de la disponibilidad para sufrir por Jesús. Tiene que olvidarse de la heroicidad de sus propias acciones y aprender la humildad del discípulo. Su voluntad de llegar a las manos en la reyerta, su heroísmo, termina en su renegar de Jesús. Para lograr un puesto cercano al fuego en el patio del palacio del sumo sacerdote, y obtener posiblemente información de las últimas novedades sobre lo que ocurría con Jesús, dice que no lo conoce. Su heroísmo se ha derrumbado en una mezquina forma de táctica. Tiene que aprender a esperar su hora; tiene que aprender la espera, la perseverancia. Tiene que aprender el camino del seguimiento, para ser llevado después, a su hora, donde él no quiere (cf. Jn 21, 18), y recibir la gracia del martirio.

Oración de los fieles
138. Cristo colgado en la cruz intercede por todos los hombres. Es el mediador entre el cielo y la tierra. Reconcilia a todos los hombres con Dios. Unidos a él, oremos.
- Por la Iglesia de Dios: para que se disponga a celebrar el misterio pascual siguiendo fielmente los pasos de Jesús. Roguemos al Señor.
- Por todos los pueblos de la tierra: para que llegue a ellos el anuncio de la redención consumada en el árbol de la cruz. Roguemos al Señor.
- Por aquellos miembros de la humanidad que sufren: para que su dolor no sea inútil y puedan alcanzar la plena salvación. Roguemos al Señor.
- Por los aquí reunidos: para que nuestro arrepentimiento y penitencia sean camino de gracia y salvación. Roguemos al Señor.
Dios Padre nuestro, que te apiadas de la humanidad hasta entregar a tu propio Hijo a la muerte, acude en nuestra ayuda para que lo que te pedimos sea realidad en todos lo hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad las ofrendas de esta familia tuya a la que invitas a tomar parte en tus sacramentos; concédele alcanzar la plenitud de lo que ellos significan y contienen. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Hóstias famíliae tuae, quaesumus, Dómine, placátus inténde, et, quam sacris munéribus facis esse partícipem, tríbuas ad eórum plenitúdinem perveníre. Per Christum.
PREFACIO II DE LA PASIÓN DEL SENOR
La victoria de la Pasión
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su resurrección gloriosa; en ellos celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención.
Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE PASSIONE DOMINI
De victoria Passionis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Cuius salutíferae passiónis et gloriósae resurrectiónis dies appropinquáre noscúntur, quibus et de antíqui hostis supérbia triumphátur, et nostrae redemptiónis recólitur sacraméntum. Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium.
Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Rom 8, 32
Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros.
Antiphona ad communionem Rm 8, 32
Próprio Fílio suo non pepércit Deus, sed pro nobis ómnibus trádidit illum.
Oración después de la comunión
Señor, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos que este mismo sacramento, que sostiene nuestra vida temporal, nos lleve a participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Satiáti múnere salutári, tuam, Dómine, misericórdiam deprecámur, ut hoc eódem sacraménto, quo nos voluísti temporáliter vegetári, perpétuae vitae fácias esse partícipes. Per Christum.


Oratio super populum (ad libitum adhibenda)
Tua misericórdia, Deus, pópulum tibi súbditum et ab omni subreptióne vetustátis expúrget, et capácem sanctae novitátis effíciat. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 23 de marzo

Santo Toribio de Mogrovejo, obispo de Lima, que siendo laico, de origen español y licenciado en leyes, fue elegido para esta sede y se dirigió a América donde, inflamado en celo apostólico, visitó a pie varias veces la extensa diócesis, proveyó a la grey a él encomendada, fustigó en sínodos los abusos y los escándalos en el clero, defendió con valentía la Iglesia, catequizó y convirtió a los pueblos nativos, hasta que finalmente en Saña, del Perú, descansó en el Señor (1606).
2*. En Cornualles, san Fingar o Guignero, mártir (c. 460).
3. Conmemoración de los santos mártires Victoriano, procónsul de Cartago, y dos hermanos de la ciudad de Aguas Regias, y también de Frumencio y otro Frumencio, mercaderes, que en la persecución desencadenada por los vándalos bajo el rey Hunerico, que era arriano, todos ellos padecieron atroces suplicios por su constancia en confesar la fe cristiana, hasta ser coronados con ilustre martirio (484).
4*. En Pontoise, cerca de París, en Francia, san Gualterio, primer abad del monasterio del lugar, que, renunciando a su amor por la soledad, enseñó con su ejemplo a los monjes la disciplina de la Regla y fustigó en el clero las costumbres simoníacas (c. 1095).
5*. En Ariano, de Irpinia, en Italia, san Otón, ermitaño (c. 1120).
6*. En Gubbio, de la Umbría, beato Pedro, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín (c. 1306).
7*. En York, en Inglaterra, beato Edmundo Sykes, presbítero y mártir, que durante el reinado de Isabel I fue desterrado por ser sacerdote, y habiendo regresado a Inglaterra de nuevo, fue apresado y ajusticiado (1587).
8*. En el lugar de Naas, cerca de Dublín, en Irlanda, beato Pedro Higgins, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que por guardar fidelidad a la Iglesia Romana, en tiempo del rey Carlos I fue ahorcado sin juicio (1642).
9. En Barcelona, en España, san José Oriol, presbítero, quien, con la mortificación corporal, el cultivo de la pobreza y la continua oración, mantuvo una constante unión con Dios, enriquecido de dones celestiales (1702).
10*. En el pueblo de Cemmo, de Lombardía, en Italia, beata Anunciata Cocchetti, virgen, que con fortaleza y humildad dirigió el Instituto de Hermanas de Santa Dorotea, recientemente fundado (1882).
11. En el lugar de ad-Dahr, en el Líbano, santa Rebeca de Himlaya ar-Rayy_s, virgen de la Orden Libanense de San Antonio de los Maronitas, que ciega a los treinta años, y paralizada después en todos los miembros, permaneció en oración, fija sólo en Dios (1914).
12*. En Leopoldvara, ciudad de Eslovaquia, beato Metodio Domingo Trcka, presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor y mártir, que en tiempo de persecución por causa de la fe, cambió su peregrinar terreno en vida eterna con su glorioso martirio (1959).