sábado, 2 de enero de 2016

Sábado 6 febrero 2016, Lecturas Sábado IV semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la IV semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Re 3, 4-13
Concede a tu siervo un corazón atento para juzgar a tu pueblo
Lectura del primer libro de los Reyes.

En aquellos días, el rey Salomón acudió a Gabaón a ofrecer mil holocaustos sobre aquel altar, pues era aún el santuario
principal.
Aquella noche el Señor se apareció allí en sueños a Salomón y le dijo:
«Pídeme lo que deseas que te dé».
Salomón respondió:
«Has actuado con gran benevolencia hacia tu siervo David, mi padre, porque caminaba en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón. Has tenido para con él una gran benevolencia, concediéndole un hijo que había de sentarse en su trono, como sucede en este día.
Pues bien, Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».
Agradó al Señor esta súplica de Salomón.
Entonces le dijo Dios:
«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti.
Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria mayores que las de ningún otro rey mientras vivas».

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14 (R.: 12b)
R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus decretos. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

Mis labios van enumerando
todos los mandamientos de tu boca. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.
Enséñame, Señor, tus decretos. Doce me, Dómine, iustificatiónes tuas.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO Mc 6, 30-34
Andaban como ovejas que no tienen pastor
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Teofilacto (Catena aurea).
El Señor se retira a un lugar desierto por humildad, y hace descansar a sus discípulos, para que aprendan los propósitos que merecen descansar los que trabajan de palabra y obra, y que no deben trabajar continuamente.