miércoles, 30 de diciembre de 2015

Miércoles 3 febrero 2016, San Oscar, obispo, memoria libre. Lecturas Miércoles IV semana del Tiempo Ordinario, año par.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
San Oscar o Ansgario, obispo de Hamburgo y después también de Brema, en Sajonia, actual Alemania, que, siendo monje del monasterio de Corbie, fue designado por el papa Gregorio IV como legado para todas las tierras del norte de Europa. Anunció el Evangelio a grandes multitudes de Dinamarca y Suecia, consolidó allí la Iglesia de Cristo y, después de superar con ánimo invicto muchas dificultades, desgastado por sus trabajos murió en Brema. (865)

La oración colecta es propia. El resto está tomado del común de pastores: 10. Misioneros.

3 de febrero
San Óscar, obispo
Die 3 februarii
S. Ansgarii, episcopi
Antífona de entrada
Estos son los hombres santos, amigos de Dios, insignes en la predicación de la verdad divina.
Antiphona ad introitum
Isti sunt viri sancti facti amíci Dei, divínae veritátis praecónio gloriósi.
Oración colecta
Señor, Dios nuestro, que has querido enviar al obispo san Óscar a evangelizar numerosos pueblos; concédenos, por su intercesión, caminar siempre en la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui ad multas illuminándas gentes beátum Ansgárium epíscopum míttere voluísti, eius nobis intercessióne concéde, ut in tuae veritátis luce iúgiter ambulémus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la IV semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA
Soy yo el que ha pecado al censar al pueblo. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho?
Lectura del segundo libro de Samuel.

En aquellos días, el rey David mandó a Joab, jefe del ejército, que estaba a su lado:
«Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan a Berseba, y haz el censo del pueblo, para que sepa su número».
Joab entregó al rey el número del censo del pueblo: Israel contaba con ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá con quinientos mil hombres.
Pero después, David sintió remordimiento por haber hecho el censo de! pueblo. Y dijo al Señor:
«He pecado gravemente por lo que he hecho. Ahora, Señor, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente».
Al Jevantarse David por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió esta palabra del Señor:
«Ve y di a David: así dice el Señor. “Tres cosas te propongo. Elige una de ellas y la realizare ».
Gad fue a ver a David y le notificó:
«¿Prefieres que vengan siete años de hambre en tu país, o que tengas que huir durante tres meses ante tus enemigos, los cuales te perseguirán, o que haya tres días de peste en tu país? Ahora, reflexiona y decide qué he de responder al que me ha enviado».
David respondió a Gad:
«¡Estoy en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres».
Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó la peste a Israel desde la mañana hasta el plazo fijado.
Murieron setenta y siete mil hombres del pueblo desde Dan hasta Berseba.
El ángel del Señor extendió su mano contra Jerusalén para asolarla. Pero el Señor se arrepintió del castigo y ordenó al ángel que asolaba al pueblo:
«¡Basta! Retira ya tu mano».
El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Al ver al ángel golpeando al pueblo, David suplicó al Señor:
«Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 31, 1b-2. 5. 6. 7 (R.: cf. 5d)
R.
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Remítte, Dómine, culpam peccáti mei.

V. Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
y en cuyo espíritu no hay engaño. R.
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Remítte, Dómine, culpam peccáti mei.

V. Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Remítte, Dómine, culpam peccáti mei.

V. Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R.
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Remítte, Dómine, culpam peccáti mei.

V. Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R.
Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Remítte, Dómine, culpam peccáti mei.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen.
Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO Mc 6, 1-6
No desprecian a un profeta más que en su tierra
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían
sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Ángelus 3-febrero-2013
Jesús dirige a la gente, en la sinagoga, palabras que suenan como una provocación. Cita dos milagros realizados por los grandes profetas Elías y Eliseo en ayuda de no israelitas, para demostrar que a veces hay más fe fuera de Israel. En ese momento la reacción es unánime: todos se levantan y le echan fuera, y hasta intentan despeñarle; pero Él, con calma soberana, pasa entre la gente enfurecida y se aleja. Entonces es espontáneo que nos preguntemos: ¿cómo es que Jesús quiso provocar esta ruptura? Al principio la gente se admiraba de Él, y tal vez habría podido lograr cierto consenso... Pero esa es precisamente la cuestión: Jesús no ha venido para buscar la aprobación de los hombres, sino –como dirá al final a Pilato– para "dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37). El verdadero profeta no obedece a nadie más que a Dios y se pone al servicio de la verdad, dispuesto a pagarlo en persona. Es verdad que Jesús es el profeta del amor, pero el amor tiene su verdad. Es más, amor y verdad son dos nombres de la misma realidad, dos nombres de Dios.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XVIII
306. Oremos a Dios Padre.
- Por el Papa, los obispos y los presbíteros. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes, los jueces y los legisladores. Roguemos al Señor.
- Por todos los que se encuentran en cualquier necesidad. Roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad (parroquia), por nosotros mismos. Roguemos al Señor.
Atiende a nuestras peticiones y concédenos los dones de tu bondad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso, acepta la ofrenda que te presentamos en la fiesta de san N., y concédenos a cuantos celebramos el sacramento de la muerte de tu Hijo, cumplir en la vida lo que ahora realizamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Réspice quas offérimus hóstias, omnípotens Deus, in beáti N. festivitáte, et praesta, ut, qui domínicae passiónis mystéria celebrámus, imitémur quod ágimus. Per Christum.
PREFACIO COMÚN IV
Nuestra misma acción de gracias es un don de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación, por Cristo, Señor nuestro.
A quien alaban los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO COMMUNIS IV
De laude, dono Dei
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia, cum nostra laude non égeas, tuum tamen est donum quod tibi grates rependámus, nam te non augent nostra praecónia, sed nobis profíciunt ad salútem, per Christum Dóminum nostrum.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de la comunión Ez 34, 15
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear dice el Señor.
Antiphona ad communionem Ez 34, 15
Ego pascam oves meas, et ego eas accubáre fáciam, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Por la eficacia de este sacramento confirma, Señor, a tu pueblo en la verdadera fe, para que la proclame en todas partes de palabra y de obra,
a ejemplo de san N. que trabajó y se entregó hasta la muerte por su propagación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Huius mystérii virtúte, confírma, Dómine, fámulos tuos in fide veritátis, ut eam ubíque ore et ópere confiteántur, pro qua beátus N. laboráre non déstitit et vitam suam impéndit. Per Christum.