martes, 29 de diciembre de 2015

Martes 2 febrero 2016, La Presentación del Señor, fiesta.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La fiesta de la Presentación del Señor


120. Hasta el 1969 la antigua fiesta del 2 de Febrero, de origen oriental, recibía en Occidente el título de "Purificación de Santa María Virgen", y concluía, cuarenta días después de Navidad, el ciclo de navidad.

Esta fiesta siempre ha tenido un marcado carácter popular. Los fieles, de hecho:
- asisten con gusto a la procesión conmemorativa de la entrada de Jesús en el Templo y de su encuentro, ante todo con Dios Padre, en cuya morada entra por primera vez, después con Simeón y Ana. Esta procesión, que en Occidente había sustituido a los cortejos paganos licenciosos y que era de tipo penitencial, posteriormente se caracterizó por la bendición de las candelas, que se llevaban encendidas durante la procesión, en honor de Cristo "luz para alumbrar a las naciones" (Lc 2,32);
- son sensibles al gesto realizado por la Virgen María, que presenta a su Hijo en el Templo y se somete, según el rito de la Ley de Moisés (cfr. Lv 12,1-8), al rito de la purificación; en la piedad popular el episodio de la purificación se ha visto como una muestra de la humildad de la Virgen, por lo cual, la fiesta del 2 de Febrero es considerada con frecuencia la fiesta de los que realizan los servicios más humildes en la Iglesia.

121. La piedad popular es sensible al acontecimiento, providencial y misterioso, de la concepción y del nacimiento de una vida nueva. En particular las madres cristianas advierten la relación que existe, a pesar de las notables diferencias – la concepción y el parto de María son hechos únicos – entre la maternidad de la Virgen, la purísima, madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, y su maternidad: ellas también son madres según el plan de Dios, pues han generado los futuros miembros del mismo Cuerpo Místico. En esta intuición, y como imitando el rito realizado por María (cfr. Lc 2,22-24), tenía origen el rito de la purificación de la que había dado a luz, algunos de cuyos elementos reflejaban una visión negativa de lo relacionado con el parto

En el actual Rituale Romanum está prevista una bendición para la madre, tanto antes del parto como después del parto, esta última sólo en el caso de que la madre no haya podido participar en el bautismo del hijo.

Sin embargo, es muy oportuno que la madre y sus parientes, al pedir esta bendición, se adapten a las características de la oración de la Iglesia: comunión de fe y de caridad en la oración, para que llegue a su feliz cumplimiento el tiempo de espera (bendición antes del parto) y para dar gracias a Dios por el don recibido (bendición después del parto).

122. En algunas Iglesias locales se valoran de modo especial algunos elementos del relato evangélico de la fiesta de la Presentación del Señor (Lc 2,22-40), como la obediencia de José y María a la Ley del Señor, la pobreza de los santos esposos, la condición virginal de la Madre de Jesús, lo que ha aconsejado convertir, también, el 2 de Febrero en la fiesta de los que se dedican al servicio del Señor y de los hermanos, en las diversas formas de vida consagrada.

123. La fiesta del 2 de Febrero conserva un carácter popular. Sin embargo es necesario que responda verdaderamente al sentido auténtico de la fiesta. No resultaría adecuado que la piedad popular, al celebrar la Presentación del Señor, se olvidase el contenido cristológico, que es el fundamental, para quedarse casi exclusivamente en los aspectos mariológicos; el hecho de que deba "ser considerada ...como memoria simultánea del Hijo y de la Madre" no autoriza semejante cambio de la perspectiva; las velas, conservadas en los hogares, deben ser para los fieles un signo de Cristo "luz del mundo" y por lo tanto, un motivo para expresar la fe.

JUBILEO DE LA MISERICORDIA

La fiesta de la Presentación del Señor (2 de febrero), clausura del Año de la Vida Consagrada. En este día el obispo diocesano puede reunir, en la Iglesia catedral, a todos los que pertenecen a los distintos institutos para la celebración eucarística, abierta por la liturgia de la luz y caracterizada por un recuerdo particular a su compromiso de consagración a Dios misericordioso y benigno.

Organícese en cada una de las diócesis uno o más momentos de oración también por los fieles de institutos de vida consagrada, masculinos y femeninos.

CALENDARIO

2 MARTES. LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, fiesta


Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (blanco).
bl MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. V .
- Mal 3, 1-4. Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.
o bien: Heb 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.
- Sal 23. R. El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
- Lc 2, 22-40. Mis ojos han visto a tu Salvador.

* JUBILEO DE LA MISERICORDIA: Véase pág. 24, n. 9.
* Las candelas pueden ser bendecidas con procesión o entrada solemne.
* Al entrar en la iglesia o en el presbiterio se canta el introito de la Misa, sigue el Gloria y la oración colecta.
* Se encienden las candelas desde el principio, mientras se canta la antífona «El Señor llega con poder».
* En la procesión el sacerdote puede usar capa pluvial o casulla.
* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.
* JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA, en la clausura del año de la Vida Consagrada (mundial y pontificia): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta. Te Deum. II Vísp. de la fiesta.

Martirologio: elogs. del 3 de febrero, pág. 144.
CALENDARIOS: Orden Premonstratense: (S).
Palencia-ciudad: Nuestra Señora de la Calle (S).
Tenerife: Nuestra Señora de Candelaria (S). HH. de Belén: (F).

TEXTOS MISA

2 de febrero
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Fiesta
Die 2 februarii
IN PRAESENTATIONE DOMINI
Festum
Bendición y procesión de las candelas
Primera forma: Procesión
1. En la hora más oportuna se reúnen todos en una iglesia o en otro lugar conveniente, fuera de la iglesia hacia la que va a encaminarse la procesión. Los fieles tienen en sus manos las candelas, apagadas.
2. Llega el sacerdote con sus ministros, revestidos con vestiduras blancas como para la misa, si bien puede el sacerdote usar el pluvial hasta que termine la procesión.
3. Se encienden las candelas mientras se canta la Antífona:
El Señor llega con poder. Iluminará los ojos de sus siervos. Aleluya.
U otro cántico apropiado.
4. El sacerdote saluda como de costumbre al pueblo y hace luego una breve monición para invitar a los fieles a celebrar esta fiesta de manera activa y consciente. Puede servirse de esta monición o de otra semejante:
Hace hoy cuarenta días hemos celebrado, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor.
Hoy es el día en que Jesús fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente. Impulsados por el Espíritu Santo, llegaron al templo los santos ancianos Simeón y Ana que, iluminados por el mismo Espíritu, conocieron al Señor y lo proclamaron con alegría. De la misma manera nosotros, congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.
5. Después de la monición, el sacerdote bendice las candelas diciendo con las manos juntas:
Oremos.
Oh Dios, fuente y origen de toda luz, que has mostrado hoy a Cristo, luz de las naciones, al justo Simeón: dígnate santificar con tu + bendición estos cirios; acepta los deseos de tu pueblo que, llevándolos encendidos en las manos, se ha reunido para cantar tus alabanzas,
y concédenos caminar por la senda del bien, para que podamos llegar a la luz eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
O bien:
Oremos.
Oh Dios, luz verdadera, autor y dador de la luz eterna, infunde en el corazón de los fieles la luz que no se extingue, para que, cuantos son iluminados en tu templo por la luz de estos cirios, puedan llegar felizmente al esplendor de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
Y rocía las candelas con agua bendita, sin decir nada.
6. El sacerdote recibe su propia candela y comienza la procesión, después de decir:
Marchemos en paz al encuentro del Señor.
7. Durante la procesión se canta la siguiente Antífona con el cántico indicado u otro semejante:
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
A quien has presentado ante todos los pueblos.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
8. Al entrar la procesión en la iglesia se canta el introito de la misa. Llegado el sacerdote al altar, lo venera, y, si parece oportuno, lo inciensa. Va a la sede, se quita el pluvial, si es que lo ha usado en la procesión, y se pone la casulla; y, después del cántico del Gloria, dice la colecta. Y la misa prosigue como de costumbre.
De benedictione et processione candelarum
Forma prior: Processio
1. Hora competenti fit Collecta in ecclesia minore vel in alio loco apto extra ecclesiam, ad quam processio tendit. Fideles tenent in manibus candelas non accensas.
2. Accedit sacerdos cum ministris, indutus paramentis albis sicut ad Missam; sed pro casula sacerdos sumere potest pluviale, quod deponit, expleta processione.
3. Dum accenduntur candelae, cantatur antiphona vel alius cantus aptus.
4. Sacerdos, cantu absoluto, ad populum conversus dicit: In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Postea populum de more salutat, ac deinde introductoriam monitionem profert, qua fideles ad celebrandum ritum huius festi actuose et conscie invitantur, his vel similibus verbis:
Fratres caríssimi: Ante dies quadragínta celebrávimus cum gáudio Festum Nativitátis Dómini. Hódie vero occúrrit dies ille beátus, quo Iesus a María et Ioseph praesentátus est in templo, extérius quidem legem implens, rerum veritáte autem occúrrens pópulo suo credénti. Spíritu Sancto impúlsi, in templum venérunt beáti illi senes et cognovérunt Dóminum eódem Spíritu illumináti, et conféssi sunt eum in exsultatióne. Ita et nos, congregáti in unum per Spíritum Sanctum, procedámus ad domum Dei óbviam Christo. Inveniémus eum et cognoscémus in fractióne panis, donec véniat maniféstus in glória.
5. Post monitionem sacerdos benedicit candelas, dicens, extensis manibus:
Orémus.
Deus, omnis lúminis fons et orígo, qui iusto Simeóni Lumen ad revelatiónem géntium hódie demonstrásti, te súpplices deprecámur, ut hos céreos sanctificáre tua + benedictióne dignéris, tuae plebis vota suscípiens, quae ad tui nóminis laudem eos gestatúra concúrrit, quátenus per virtútum sémitam ad lucem indeficiéntem perveníre mereátur. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.
Vel:
Deus, lumen verum, aetérnae lucis propagátor et auctor, córdibus infúnde fidélium perpétui lúminis claritátem, ut, quicúmque in templo sancto tuo splendóre praeséntium lúminum adornántur, ad lumen glóriae tuae felíciter váleant perveníre. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.
Et aspergit candelas aqua benedicta, nihil dicens, incensum imponit ad processionem.
6. Tunc sacerdos accipit a diacono vel ministro candelam accensam sibi praeparatam et incipit processio, clamante diacono (vel, eo deficiente, ipso sacerdote):
Procedámus in pace ad occurréndum Dómino.
Vel:
Procedámus in pace.
7. Omnes, candelas accensas gestant. Progrediente processione cantatur una alterave ex antiphonis quae sequuntur, scilicet antiphona Lumen ad revelatiónem cum cantico (Lc 2, 29-32), vel antiphona Adórna vel alius cantus aptus:
I
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium, et glóriam plebis tuae Israel. Nunc dimíttis servum tuum, Dómine, secúndum verbum tuum in pace.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium... Quia vidérunt óculi mei salutáre tuum.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium... Quod parásti ante fáciem ómnium populórum.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium...
II
Ant. Adórna thálamum tuum, Sion, et súscipe Regem Christum: ampléctere Maríam, quae est caeléstis porta: ipsa enim portat Regem glóriae novi lúminis: subsístit Virgo, addúcens mánibus Fílium ante lucíferum génitum: quem accípiens Símeon in ulnas suas, praedicávit pópulis, Dóminum eum esse vitae et mortis, et Salvatórem mundi.
8. Ingrediente processione in ecclesiam, cantatur introitus Missae. Sacerdos, cum ad altare pervenerit, illud veneratur et, pro opportunitate, incensat. Deinde pergit ad sedem, ubi, deposito pluviali, si illud adhibuit in processione, et assumpta casula, post cantatum hymnum Glória in excélsis, dicit de more Collectam. Missa prosequitur modo consueto.
Segunda forma: Entrada solemne
9. Los fieles, con las candelas en sus manos, se reúnen en la iglesia. El sacerdote, con vestiduras blancas, acompañado de los ministros y algunos fieles, va a un lugar adecuado, bien delante de la puerta de la iglesia, bien dentro del recinto sagrado, con tal de que los fieles puedan ver y participar cómodamente en el rito.
10. Una vez llegados al lugar elegido para la bendición, se encienden las candelas y se canta la Antífona: El Señor llega, o algún otro canto apropiado.
11. Tras el saludo y monición, el sacerdote bendice las candelas tal como se indica arriba en los núms. 4-5; y se organiza la procesión hacia el altar, con cánticos (núms. 6-7). Para la misa se observa lo ya indicado en el núm. 8.
Forma altera: Introitus sollemnis
9. Sicubi processio fieri nequit, fideles congregantur in ecclesia, candelas in manibus tenentes. Sacerdos, indutus sacris vestibus pro Missa coloris albi, cum ministris et aliqua deputatione fidelium accedit ad locum aptum, vel ante portam vel in ipsa ecclesia, ubi saltem magna pars fidelium ritum commode participare possit.
10. Cum sacerdos ad locum pro benedictione candelarum statutum pervenerit, accenduntur candelae, dum canitur antiphona Ecce Dóminus (n. 3), vel alius cantus aptus.
11. Deinde sacerdos, post salutationem et monitionem, benedicit candelas, ut supra nn. 4-5; et fit processio ad altare, cum cantu (nn. 6-7). Ad Missam ea servantur quae supra n. 8 indicantur.
Antífona de entrada Sal 47, 10-11
Oh Dios, hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo. Como tu renombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra; tu diestra esta llena de justicia.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 47,10-11
Suscépimus, Deus, misericórdiam tuam in médio templi tui. Secúndum nomen tuum, Deus, ita et laus tua in fines terrae; iustítia plena est déxtera tua.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, maiestátem tuam súpplices exorámus, ut, sicut Unigénitus Fílius tuus hodiérna die cum nostrae carnis substántia in templo est praesentátus, ita nos fácias purificátis tibi méntibus praesentári. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la fiesta de la Presentación del Señor.
Cuando esta fiesta no cae en domingo, antes del evangelio se escoge una sola de las lecturas siguientes.

PRIMERA LECTURA Mal 3, 1-4
Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis

Lectura de la profecía de Malaquías.

Así dice el Señor:
«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.
De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis.
Miradlo entrar - dice el Señor de los ejércitos -.
¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?
Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido.
Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

O bien:
PRIMERA LECTURA Heb 2, 14-18
Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos. 

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 23, 7. 8. 9. 10
R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. -¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. -¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

Aleluya Lc 2, 32
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Lumen ad revelatiónem gentium, et glóriam plebis tuæ Israel.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO Lc 2, 22-40
Mis ojos han visto a tu Salvador
╬ Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 
R. Gloria a ti, Señor.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
[Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
–«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
529
 La Presentación de Jesús en el templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13, 2. 12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "luz de las naciones" y "gloria de Israel", pero también "signo de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos".

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
XIX JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana, Lunes 2 de febrero de 2015

Pongamos ante los ojos de la mente el icono de María Madre que va con el Niño Jesús en brazos. Lo lleva al Templo, lo lleva al pueblo, lo lleva a encontrarse con su pueblo.
Los brazos de su Madre son como la «escalera» por la que el Hijo de Dios baja hasta nosotros, la escalera de la condescendencia de Dios. Lo hemos oído en la primera Lectura, tomada de la Carta a los Hebreos: Cristo «tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel» (2,17). Es el doble camino de Jesús: bajó, se hizo uno de nosotros, parasubirnos con Él al Padre, haciéndonos semejantes a Él.
Este movimiento lo podemos contemplar en nuestro corazón imaginando la escena del Evangelio: María que entra en el templo con el Niño en brazos. La Virgen es la que va caminando, pero su Hijo va delante de ella. Ella lo lleva, pero es Él quien la lleva a Ella por ese camino de Dios, que viene a nosotros para que nosotros podamos ir a Él.
Jesús ha recorrido nuestro camino, y nos ha mostrado el «camino nuevo y vivo» (cf. Hb 10,20) que es Él mismo. Y para nosotros, los consagrados, este es el único camino que, de modo concreto y sin alternativas, tenemos que recorrer con alegría y perseverancia.
Hasta en cinco ocasiones insiste el Evangelio en la obediencia de María y José a la “Ley del Señor” (cf. Lc 2,22.23.24.27.39). Jesús no vino para hacer su voluntad, sino la voluntad del Padre; y esto –dijo Él– era su «alimento» (cf. Jn 4,34). Así, quien sigue a Jesús se pone en el camino de la obediencia, imitando la «condescendencia» del Señor, abajándose y haciendo suya la voluntad del Padre, incluso hasta la negación y la humillación de sí mismo (cf. Flp 2,7-8). Para un religioso, caminar significa abajarse en el servicio, es decir, recorrer el mismo camino de Jesús, que «no retuvo ávidamente el ser igual a Dios» (Flp 2,6). Rebajarse haciéndose siervo para servir.
Y este camino adquiere la forma de la regla, que recoge el carisma del fundador, sin olvidar que la regla insustituible, para todos, es siempre el Evangelio. El Espíritu Santo, en su infinita creatividad, lo traduce también en diversas reglas de vida consagrada que nacen todas de la sequela Christi, es decir, de este camino de abajarse sirviendo.
Mediante esta «ley» los consagrados pueden alcanzar la sabiduría, que no es una actitud abstracta sino obra y don del Espíritu Santo. Y signo evidente de esa sabiduría es la alegría. Sí, la alegría evangélica del religioso es consecuencia del camino de abajamiento con Jesús… Y, cuando estamos tristes, nos vendrá bien preguntarnos: «¿Cómo estoy viviendo esta dimensiónkenótica?».
En el relato de la Presentación de Jesús, la sabiduría está representada por los dos ancianos, Simeón y Ana: personas dóciles al Espíritu Santo (se los nombra 3 veces), guiadas por Él, animadas por Él. El Señor les concedió la sabiduría tras un largo camino de obediencia a su ley. Obediencia que, por una parte, humilla y abate, pero que por otra parte levanta y custodia la esperanza, haciéndolos creativos, porque estaban llenos de Espíritu Santo. Celebran incluso una especie de liturgia en torno al Niño cuando entra en el templo: Simeón alaba al Señor y Ana «predica» la salvación (cf. Lc 2,28-32.38). Como María, también el anciano lleva al Niño en sus brazos, pero, en realidad, es el Niño quien toma y guía al anciano. La liturgia de las primeras Vísperas de la Fiesta de hoy lo expresa con claridad y belleza: «Senex puerum portabat, puer autem senem regebat». Tanto María, joven madre, como Simeón, anciano «abuelo», llevan al Niño en brazos, pero es el mismo Niño quien los guía a ellos.
Es curioso advertir que, en esta ocasión, los creativos no son los jóvenes sino los ancianos. Los jóvenes, como María y José, siguen la ley del Señor a través de la obediencia; los ancianos, como Simeón y Ana, ven en el Niño el cumplimiento de la Ley y las promesas de Dios. Y son capaces de hacer fiesta: son creativos en la alegría, en la sabiduría.
Y el Señor transforma la obediencia en sabiduría con la acción de su Espíritu Santo.
A veces, Dios puede dar el don de la sabiduría a un joven inexperto, pero a condición de que esté dispuesto a recorrer el camino de la obediencia y de la docilidad al Espíritu. Esta obediencia y docilidad no es algo teórico, sino que está bajo el régimen de la encarnación del Verbo: docilidad y obediencia a un fundador, docilidad y obediencia a una regla concreta, docilidad y obediencia a un superior, docilidad y obediencia a la Iglesia. Se trata de una docilidad y obediencia concreta.
Perseverando en el camino de la obediencia, madura la sabiduría personal y comunitaria, y así es posible también adaptar las reglas a los tiempos: de hecho, la verdadera «actualización» es obra de la sabiduría, forjada en la docilidad y la obediencia.
El fortalecimiento y la renovación de la Vida Consagrada pasan por un gran amor a la regla, y también por la capacidad decontemplar y escuchar a los mayores de la Congregación. Así, el «depósito», el carisma de una familia religiosa, queda custodiado tanto por la obediencia como por la sabiduría. Y este camino nos salva de vivir nuestra consagración de manera “light”, desencarnada, como si fuera una gnosis, que reduce la vida religiosa a una “caricatura”, una caricatura en la que se da un seguimiento sin renuncia, una oración sin encuentro, una vida fraterna sin comunión, una obediencia sin confianza y una caridad sin trascendencia.
También nosotros, como María y Simeón, queremos llevar hoy en brazos a Jesús para que se encuentre con su pueblo, y seguro que lo conseguiremos si nos dejamos poseer por el misterio de Cristo. Guiemos el pueblo a Jesús dejándonos a su vez guiar por Él. Eso es lo que debemos ser: guías guiados.
Que el Señor, por intercesión de María nuestra Madre, de San José y de los santos Simeón y Ana, nos conceda lo que le hemos pedido en la Oración colecta: «Ser presentados delante de ti con el alma limpia». Así sea.


Oración de los fieles
312. Que nuestra oración, hermanos, se eleve a Dios Padre todopoderoso, que por el bien de toda la humanidad a la que Cristo ha venido a iluminar con su presencia y salvar por medio de la Iglesia.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que por la vida de sus fieles y el ministerio de sus sacerdotes, haga brillar ante los hombres la luz de Cristo, salvador de las naciones. Roguemos al Señor.
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Si se celebra la Jornada de la vida consagrada:
- Por todos los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las vírgenes, por cuantos han recibido el don de la llamada a la consagración: para que sigan a Cristo, renuncien al poder del mundo y sirvan a Dios y a los hermanos con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Roguemos al Señor.
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- Por los que rigen los destinos de los pueblos:para que su labor sea siempre de servicio, de justicia y de paz. Roguemos al Señor.
- Por los que están al fin de sus días: para que alcancen un tránsito feliz en la paz y en los brazos de Dios. Roguemos al Señor.
- Por las madres de familia: para que reciban en sus hogares el honor, la ayuda y la gratitud que merecen sus afanes por el bienestar de su familia. Roguemos al Señor.
- Por nosotros mismos y por y por todos los miembros de nuestra comunidad (parroquia): para que la manifestación del Señor en la carne sea causa de edificación y de vida, y no de caída y escándalo. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que recibiste hoy en tu templo a tu Unigénito, que se ofrecía por nosotros: te pedimos humildemente que escuche nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Oración sobre las ofrendas
Sea grata a tus ojos, Señor, la ofrenda que la Iglesia te presenta llena de alegría, a ti que has querido que tu Hijo unigénito se inmolara como cordero inocente por la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Gratum tibi sit, Dómine, quaesumus, exsultántis Ecclésiae munus oblátum, qui Unigénitum Fílium tuum voluísti Agnum immaculátum tibi offérri pro saeculi vita. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio: El misterio de la Presentación del Señor.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy, tu Hijo es presentado en el templo y es proclamado por el Espíritu: Gloria de Israel y luz de las naciones
Por eso, nosotros, llenos de alegría salimos al encuentro del Salvador, mientras te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Praefatio: De mysterio Praesentationis Domini.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia coaetérnus hódie in templo tuus Fílius praesentátus glória Israel et lumen géntium a Spíritu declarátur.
Unde et nos, Salutári tuo in gáudiis occurréntes, cum Angelis et Sanctis te laudámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Lc 2, 30-31
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
Antiphona ad communionem Lc 2,30-31
Vidérunt óculi mei salutáre tuum, quod parásti ante fáciem ómnium populórum.
Oración después de la comunión
Por estos sacramentos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente la esperanza de Simeón; y así como a él no le dejaste morir sin haber tenido en sus brazos a Cristo, concédenos a nosotros, que caminamos al encuentro del Señor, merecer el premio de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Per haec sancta quae súmpsimus, Dómine, pérfice in nobis grátiam tuam, qui exspectatiónem Simeónis implésti, ut, sicut ille mortem non vidit nisi prius Christum suscípere mererétur, ita et nos, in occúrsum Dómini procedéntes, vitam obtineámus aetérnam. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 3 de febrero
S
an Blas, obispo y mártir
, que, por ser cristiano, padeció en tiempo del emperador Licinio en la ciudad de Sebaste, en Armenia (c. 320).
San Oscar o Ansgario, obispo de Hamburgo y después también de Brema, en Sajonia, el cual, siendo monje del monasterio de Corbie, fue designado por el papa Gregorio IV como legado para todas las tierras del norte de Europa, anunciando el Evangelio a grandes multitudes de Dinamarca y Suecia y consolidando allí la Iglesia de Cristo. Después de superar con ánimo invicto muchas dificultades, desgastado por sus trabajos murió en Brema (865).
3. En Jerusalén, conmemoración de los santos Simeón, anciano honrado y piadoso, y Ana, viuda y profetisa, que merecieron saludar a Jesús niño como el Mesías y Salvador, esperanza y redención de Israel, en el momento en que, según la ley, fue presentado en el Templo.
4. En Cartago, ciudad de África, san Celerino, lector y mártir, que confesó denodadamente a Cristo en la cárcel, entre azotes, cadenas y otros suplicios, siguiendo las huellas de su abuela Celerina, anteriormente coronada por el martirio, y de sus tíos Lorenzo, paterno, e Ignacio, materno, los cuales, habiendo servido en campamentos militares, llegaron a ser soldados de Dios, obteniendo del Señor palmas y coronas con su gloriosa pasión (s. III).
5* En Poitiers, en Aquitania, san Leonio, presbítero, que fue discípulo de san Hilario (s. IV).
6. En Gap, de la Provenza, en la Galia, santos Teridio y Remedio, obispos (s. IV/V).
7. En Lyon, en la Galia, san Lupicino, obispo, que vivió en la época de la persecución bajo los vándalos (s. V ex.).
8*. En el monasterio de Celle, en Hanonia, san Adelino, presbítero y abad (c. 696).
9*. En Chester, en la región de Mercia, en Inglaterra, santa Wereburga, abadesa de Ely, que fundó varios monasterios (c. 700).
10*. En Meerbeke, en Brabante, santa Berlinda, virgen, que se distinguió en esa ciudad por su vida religiosa de pobreza y caridad (s IX-X).
11*. En el monasterio cisterciense de Froidemont, en la región de Beauvais, en Francia, beato Helinando, monje, el cual, después de haber vivido como trovador itinerante, abrazó la vida humilde y escondida en el claustro (post 1230).
12*. En Londres, en Inglaterra, beato Juan Nelson, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que por haber negado la suprema potestad de la reina Isabel I en lo referente a la vida del espíritu, fue condenado a muerte y ahorcado en Tyburn (1578).
13. En Lyon, en Francia, santa María de San Ignacio (Claudina) Thévenet, virgen, quien, movida por la caridad y con ánimo esforzado, fundó la Congregación de las Hermanas de Jesús y María, para la formación espiritual de las jóvenes, especialmente las de condición humilde (1837).
14*. En Bourg-Saint-Andéol, en la región de Viviers, en Francia, beata María Ana Rivier, virgen, la cual, durante la Revolución Francesa, que suprimió todas las órdenes y congregaciones religiosas, instituyó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, para educar en la fe al pueblo cristiano (1838).
15*. En la población de Steyl, en los Países Bajos, beata María Elena Stollenwek, virgen, que colaboró con el beato Arnoldo Janssen en la fundación de la Congregación de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo y, habiendo abandonado la función de superiora, se entregó a la adoración (1900).