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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Lunes 11 enero 2016, Lecturas Lunes I semana del Tiempo Ordinario, año par

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la I semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par)

PRIMERA LECTURA 1 Sam 1, 1-8
Su rival insultaba a Ana, porque el Señor la había hecho estéril
Comienzo del primer libro de Samuel.

Había un hombre de Ha Ramatáin Sufín, en la montaña de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efrateo. Tenía dos mujeres: la primera se llamaba Ana y la otra Feniná. Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
Ese hombre subía desde su ciudad de año en año a adorar y ofrecer sacrificios al Señor del universo en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí: Jofní y Pinjás.
Llegado el día, Elcaná ofrecía sacrificios y entregaba porciones de la víctima a su esposa Feniná y a todos sus hijos e hijas, mientras que a Ana le entregaba una porción doble porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. Su rival la importunaba con insolencia hasta humillarla, pues el Señor la había hecho estéril.
Así hacía Elcaná año tras año, cada vez que subía a la casa del Señor; y así Feniná la molestaba del mismo modo. Por tal motivo, ella lloraba y no quería comer.
Su marido Elcaná le preguntaba:
«Ana, ¿por qué lloras y por qué no comes? ¿Por qué está apenado tu corazón? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?».

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 115 12-13. 14 y 17. 18-19 (R.: 17a)
R.
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza. Tibi, Dómine, sacrificábo hóstiam laudis.
O bien: R. Aleluya.

V. ¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R.
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza. Tibi, Dómine, sacrificábo hóstiam laudis.

V. Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor. R.
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza. Tibi, Dómine, sacrificábo hóstiam laudis.

V. Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R.
Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza. Tibi, Dómine, sacrificábo hóstiam laudis.

Aleluya Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio. Appropinquávit regnum Dei; pænitémini et crédite Evangélio.
R.

EVANGELIO Mc 1, 14-20
Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
Gloria a ti, Señor.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Palabra del Señor.
Gloria ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa 175
¿Y será lícito meterse de ese modo en la vida de los demás? Es necesario. Cristo se ha metido en nuestra vida sin pedirnos permiso. Así actuó también con los primeros discípulos: pasando por la ribera del mar de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: seguidme, y haré que vengáis a ser pescadores de hombres (Mc 1, 16-17). Cada uno conserva la libertad, la falsa libertad, de responder que no a Dios, como aquel joven cargado de riquezas (Cfr. Lc 18, 23), de quien nos habla San Lucas. Pero el Señor y nosotros –obedeciéndole: id y enseñad (Cfr. Mc 16, 15)– tenemos el derecho y el deber de hablar de Dios, de este gran tema humano, porque el deseo de Dios es lo más profundo que brota en el corazón del hombre.