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jueves, 10 de diciembre de 2015

Jueves 14 enero 2016, Lecturas Jueves I semana del Tiempo Ordinario, año par.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la I semana del Tiempo Ordinario, año par (Lecc. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Sam 4, 1-11
Israel fue derrotado y el Arca de Dios fue apresada
Lectura del primer libro de Samuel.

En aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec.
Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos.
Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación.
Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel:
«¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos».
El pueblo envió gente a Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines. Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.
Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció.
Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron:
«¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?».
Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento.
Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron:
«Dios ha venido al campamento».
Después gritaron:
«¡Ay de nosotros!, nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con toda tipo de plagas en el desierto. Filisteos, cobrad fuerzas y comportaos como hombres, para que no tengáis que servir a los hebreos, como os han servido a vosotros. Portaos como hombres y luchad».
Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda.
Fue una gran derrota: cayeron treinta mil infantes de Israel.
El Arca de Dios fue apresada, y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 43, 10-11. 14-15. 24-25 (R.: 27b)
R.
Redímenos, Señor, por tu misericordia. Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

V. Ahora nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea. R.
Redímenos, Señor, por tu misericordia. Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

V. Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones. R.
Redímenos, Señor, por tu misericordia. Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

V. Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión? R.
Redímenos, Señor, por tu misericordia. Rédime nos, Dómine, propter misericórdiam tuam.

Aleluya Cf. Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. Prædicábat Iesus Evangélium regni, et sanábat omnem infirmitátem in pópulo.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO Mc 1, 40-45
La lepra se le quitó, y quedó limpio
Lectura del santo Evangelio según San Marcos
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

S. Beda, In Marci Evangelium expositio, in loc.
Aquel hombre se arrodilla postrándose en tierra –lo que es señal de humildad y de vergüenza–, para que cada uno se avergüence de las manchas de su vida. Pero la vergüenza no ha de impedir la confesión: el leproso mostró la llaga y pidió el remedio. Su confesión está llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes: esto es, reconoció que el poder curarse estaba en manos del Señor.