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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

martes, 22 de diciembre de 2015

EXEQUIAS CON MISA por un difunto, celebradas íntegramente en la iglesia, oratorio o capilla.

Exequias y Difuntos

RITO SIMPLIFICADO DE LAS EXEQUIAS

FORMULARIO COMÚN I

1. RECIBIMIENTO DEL DIFUNTO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA.

1. El ministro, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:
Hermanos: la muerte de N., vuestro ser querido, os entristece y os recuerda, una vez más, hasta qué punto es frágil y breve la vida del hombre. Pero, en este momento triste, vuestra fe os debe confortar porque os asegura que Cristo vive eternamente y que el amor que él nos tiene es más fuerte que la misma muerte, Que vuestra esperanza, pues, no vacile. Que el Padre de la misericordia y Dios de todo consuelo os conforte en esta tribulación.

2. A continuación se entra el cadáver en la iglesia.
(Mientras se introduce es muy oportuno cantar el salmo 113, en el que la asamblea puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor, o bien se entona otro canto apropiado).

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Puesto el cadáver ante el altar, colocado, si es posible, junto a él el cirio pascual y situados los familiares en sus lugares, el ministro saluda a la asamblea diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Luego se dirige a los fieles reunidos en la iglesia con las siguientes palabras u otras parecidas:
Hermanos: Nos hemos reunido hoy, en un momento especialmente triste y doloroso, en primer lugar para confesar, ante el cadáver de nuestro hermano (nuestra hermana) N., nuestra fe en que la vida no termina junto al sepulcro. Y también para rodear con nuestro afecto y con nuestra plegaria a unos amigos que están tristes por la muerte de aquel (aquella) a quien amaban. Y, finalmente, para pedir a Dios que perdone las culpas que, durante su vida, cometió nuestro hermano (nuestra hermana) que acaba de morir. Que el Señor escuche nuestras plegarias y se compadezca ante las lágrimas de los que lloran.

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2 bis. El que preside puede encender en este momento el cirio pascual, diciendo la siguiente fórmula:
Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano (nuestra hermana) N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
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3. (Si no ha habido canto) Luego, se reza la siguiente letanía por el difunto:

Letanía por el difunto

Tú que libraste a tu pueblo de la esclavitud de Egipto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que abriste el mar Rojo ante los israelitas que caminaban hacia la libertad prometida:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que diste a tu pueblo posesión de una tierra que manaba leche y miel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que quisiste que tu Hijo llevara a realidad la antigua Pascua de Israel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, por la muerte de Jesús, iluminas las tinieblas de nuestra muerte:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la resurrección de Jesucristo, has inaugurado la vida nueva de los que han muerto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la ascensión de Jesucristo, has querido que tu pueblo vislumbrara su entrad en la tierra de promisión definitiva:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

En lugar de las letanías precedente, puede también leerse el salmo 113, en el que el pueblo puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor.

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

2. MISA EXEQUIAL

4. Terminadas las letanías (o el salmo 113) y omitido el acto penitencial y el Señor, ten piedad, se dice la oración colecta:

Oremos.
Te encomendamos, Señor, a nuestro hermano (nuestra hermana) N., a quien en esta vida mortal rodeaste con tu amor infinito; concédele ahora que, libre de todos los males, participe en el descanso eterno. Y, ya que este primer mundo acabó para él (ella), admítelo (admítela) en tu paraíso, donde no hay llanto ni luto ni dolor, sino paz y alegría eternas. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que tu siervo (sierva) N., que acaba de salir de este mundo, perdonado (perdonada) de sus pecados y libre de toda pena, goce junto a ti de la vida inmortal; y, cuando llegue el gran día de la resurrección y del premio, colócalo (colócala) entre tus santos y elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo.

La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra (cf. el Leccionario de las misas de difuntos).

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Los recibió como sacrificio de holocausto
Lectura del libro de la Sabiduría 3, 1-9

La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz.
La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los hallo dignos de sí; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente.
Los que confían en el comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.

Palabra de Dios.

O bien, en Tiempo Pascual:
Dichosos los muertos que mueren en el Señor
Lectura del libro del Apocalipsis 14, 13

Yo, Juan, oí una voz que decía desde el cielo:
—«Escribe: ¡Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor! Si (dice el Espíritu), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 26, 1. 4. 7 y 8b y 9a. 13-14 (R.: 1a; o bien: 13)
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
O bien:
Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quien temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quien me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor, eso buscare:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.
Tu rostro buscare, Señor,
no me escondas tu rostro. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, se valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA (si se ve conveniente)
Veremos a Dios tal cual es
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aun no se ha manifestado lo que seremos.
Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a el, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios.

Aleluya o versículo antes del Evangelio
Jn 6, 40
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que cree en mi tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el ultimo día —dice el Señor—.

EVANGELIO
El que cree en el Hijo tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 37-40

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echare afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el ultimo día.
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.»

Palabra del Señor.

5. Después de la homilía, se hace, como habitualmente la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Oración universal

Pidamos al Señor que escuche nuestra oración y atienda las súplicas de su Iglesia.

1. Para que el Señor y Hacedor de todo reciba en su reino a nuestro hermano (nuestra hermana) N. que, como primicia de su familia, ha salido ya de este mundo, roguemos al Señor.

2. Para que el Árbitro de la vida y de la muerte se compadezca de las faltas y debilidades de quien era como el heno y la flor del campo, roguemos al Señor.

3. Para que nuestro hermano (nuestra hermana), que mientras vivía en este mundo confió en la benignidad de nuestro Dios, goce ahora de los bienes que esperó, roguemos al Señor.

4. Para que todos los amigos y familiares que convivieron en este mundo con nuestro hermano (nuestra hermana) y nos han precedido ya en la morada eterna gocen ahora con él (ella) de la compañía de los santos, roguemos al Señor.

5. Para que el Señor vele por nuestras vidas mientras moramos aún en este mundo y, cuando nos llegue el momento de dejarlo, nos presentemos ante él cargados de buenas obras, roguemos al Señor.

6. Para que Dios no permita que en la hora de nuestra muerte, desesperados y sin acordarnos de él, nos sintamos como arrancados y expulsados de este mundo, sino que, alegres y bien dispuestos, lleguemos a la vida feliz y eterna, roguemos al Señor.

Escucha, Señor, nuestras oraciones y concede a tu siervo (sierva) N., que te conoció en la fe y quiso ser fiel a tu servicio, gozar eternamente de la visión de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

La misa prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión.

Oración sobre las ofrendas
Te presentamos, Señor, estas ofrendas implorando de tu bondad la salvación de nuestro hermano N.; concédele que tu Hijo Jesucristo, en quien siempre creyó como su Salvador, sea para él Juez misericordioso. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO I DE DIFUNTOS
La esperanza de la resurrección en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad.
Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA III.

Antífona de la comunión Cf. 4 Esd 2, 35.34
Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.

Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, por el sacramento del Cuerpo de tu Hijo que nos dejó como viático para la vida eterna, te pedimos que nuestro hermano N. sea conducido al banquete de tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

6. Dicha la oración después de la comunión y omitida la bendición, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto. El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Vamos a cumplir ahora con nuestro deber de llevar a la sepultura el cuerpo de nuestro hermano (nuestra hermana); y, fieles a la costumbre cristiana, lo haremos pidiendo con fe a Dios, para quien toda cristura vive, que admita su alma entre sus santos y que, a este cuerpo que hoy enterramos en debilidad, lo resucite un día lleno de vida y de gloria. Que, en el momento del juicio, use de misericordia para con nuestro hermano (nuestra hermana), para que, libre de la muerte, absuelto (absuelta) de sus culpas, reeconciliado (reconciliada) con el Padre, llevado (llevada) sobre los hombros del buen Pastor y agregado (agregada) al séquito del Rey eterno, disfrute para siempre de la gloria eterna y de la compañía de los santos.

7. Todos oran unos momentos en silencio. Luego, el que preside continúa, diciendo:

No temas, hermano (hermana), Cristo murió por ti y en su resurrección fuiste salvado (salvada). El Señor te protegió durante tu vida; por ello, esperamos que también te librará, en el último día de la muerte que acabas de sufrir. Por el bautismo fuiste hecho (hecha) miembro de Cristo resucitado: el agua que ahora derramaremos sobre tu cuerpo nos lo recordará. [Dios te dio su Espíritu Santo, que consagró tu cuerpo como templo suyo; el incienso con que perfumaremos tus despojos será símbolo de tu dignidad de templo de Dios y acrecentará en nosotros la esperanza de que este mismo cuerpo, llamado a ser piedra viva del templo eterno de Dios, resucitará gloriosamente como el de Jesucristo.]

8. Después, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; (luego, pone incienso, lo bendice y da una segunda vuelta perfumando el cadáver con el incienso;) mientras tanto se canta el responsorio Subvenite u otro canto de despedida del difunto.

Responsorio
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Suscípiat te Chrístus, qui vocávit te:
et in sínum Ábrahae Ángeli dedúcant te:* 
Suscipiénte ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Réquiem aetérnam dóna éi, Dómine:
et lux perpétua lúceat éi.
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:
Canto de despedida
Cristiano, vive con Cristo, entra en su gozo;
por su perdón y su gracia canta victoria.
Dichos tú, ya salvado: entra en la vida.
Nosotros, los que quedamos, testigos de la esperanza,
formando una sola Iglesia, te acompañamos.

Si no hay canto, uno de los presentes puede recitar las siguientes invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison.

Invocaciones
Que nuestro hermano (nuestra hermana) viva eternamente en la paz junto a ti.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que participe contigo de la felicidad eterna de los santos.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que contemple tu rostro glorioso y tenga parte en la alegría sin fin.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Oh Cristo acógelo (acógela) junto a ti con todos los que nos han precedido.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)

9. Después, el que preside añade la siguiente oración:

Oremos.
A tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano (nuestra hermana), con la firme esperanza de que resucitarrá en el último día, con todos los que han muerto en Cristo. Te damos gracias por todos los dones con que lo (la) enriqueciste a los largo de su vida; en ellos reconocemos un signo de tu amor y de la comunión de los santos.
Dios de misericordia, acoge las oraciones que te presentamos por este hermano nuestro (esta hermana nuestra) que acaba de dejarnos y ábrele las puertas de tu mansión. Y a sus familiares y amigos, y a todos nosotros, los que hemos quedado en este mundo, concédenos saber consolarnos con palabras de fe, hasta que también nos llegue el momento de volver a reunirnos con él (ella), junto a ti en el gozo de tu reino eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

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9 bis. En este momento, uno de los familiares o amigos puede hacer una breve biografía del difunto y agradecer a los presentes su participación en las exequias.
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10. Después se saca el cuerpo hasta la puerta de la iglesia, mientras se canta la siguiente antífona:

Ant. In paradísum* dedúcant te Ángeli:
in túo advéntu suscípiant te Mártires,
et perdúcant te in civitátem sánctam Ierúsalem.

O bien:

Ant. Al paraíso te lleven los ángeles,
a tu llegada te reciban los mártires
y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.

11. Llegados a la puerta de la iglesia, mientras se coloca el cuerpo del difunto en el carro mortuorio, se canta el salmo 117, en el que se puede ir intercalando la antífona Abridme las puertas del triunfo.

Ant. Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

Salmo 117, 1-20

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señ-or está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchas: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
- Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Si no se canta la antífona y el salmo, se recita el salmo 117, intercalando la antífona Abridme las puertas del triunfo, que se recita mientras se saca el cuerpo de la iglesia.

Ant. Abridme las puertas del triunfo, y entraré para dar gracias al Señor.

12. Terminado el canto o la recitación del salmo, colocado el cuerpo en el carro mortuorio, el que preside añade:

Que el Señor abra las puertas del triunfo a nuestro hermano (nuestra hermana), para que terminado el duro combate de su vida mortal, entre como vencedor (vencedora) por las puertas de los justos y en sus tiendas entone cantos de victoria por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y a todos nosotros nos dé la certeza de que no está muerto (muerta), sino que duerme, de que no ha perdido la vida, sino que reposa, porque ha sido llamado (llamada) a la vida eterna por los siglos de los siglos.
R. Amén.

13. El que preside termina la celebración, diciendo:

V. Señor, + dale el descanso eterno.
R. Y brille sobre él (ella) la luz eterna.
V. Descanse en paz.
R. Amén.
V. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.