jueves, 5 de noviembre de 2015

Jueves 10 diciembre 2015, Jueves II semana de Adviento, feria.

TEXTOS MISA

Jueves de la II semana de Adviento Feria quinta. Hebdomada II Adventus
Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152
Tú, Señor, estás cerca y todos tus mandatos son estables; hace tiempo comprendí tus preceptos, porque tú existes desde siempre.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 118, 151-152
Prope es tu, Dómine, et omnes viae tuae véritas; inítio cognóvi de testimóniis tuis, quia in aetérnum tu es.
Oración colecta
Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo, para que por el misterio de su venida podamos servirte con pureza de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Excita, Dómine, corda nostra ad praeparándas Unigéniti tui vias, ut, per eius advéntum, purificátis tibi méntibus servíre mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la 2ª semana de Adviento, feria (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Is 41, 13-20
Yo soy tu libertador, el Santo de Israel

Lectura del libro de Isaías.

Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo, aguzado, de doble filo: trillarás los montes hasta molerlos; reducirás a paja las colinas; los aventarás, y el viento se los llevará, el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor, te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la encuentran; su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas, en medio de los valles, manantiales; transformaré el desierto en marisma y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos, y olivares; plantaré en la estepa cipreses, junto con olmos y alerces, para que vean y sepan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor

Salmo responsorial Sal 144,1bc y 9. 10-11. 12-13ab (R.: 8)
R.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.

V. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.

V. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que té bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas; R.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.

V. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R.
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Miserátor et miséricors Dóminus, longánimis et multæ misericórdiæ.

Aleluya Cf. Is 45, 8
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Cielos, destilad desde lo alto al Justo, las nubes lo derramen, se abra la tierra y brote el Salvador.
Roráte, cæli, désuper, et nubes pluant iustum; aperiátur terra, et gérminet Salvatórem.
R. Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO Mt 11, 11-15
No ha nacido uno más grande que Juan el Bautista

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
El que tenga oídos, que oiga».

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Crisóstomo, in Matt. Hom., XXIII
Pero no te aflijas por eso, dice, de que la senda sea áspera y empinada, sino atiende en dónde termina. Y todo esto lo dice para levantar el ánimo, como lo hizo cuando decía: Y los que se hacen violencia lo arrebatan. (Mt 11, 12) Cuando el atleta entra al concurso, al darse cuenta claramente de que el jefe del certamen está mirando la lucha, se torna más diligente. No decaigamos, pues, de ánimo cuando acá nos acontezcan contrariedades y aflicciones. 


Oración de los fieles
16. Unidos en la fe y en la oración, presentemos nuestras peticiones a Dios, contestando:
R. Ven, Señor; ven, Salvador.
- Por nuestra madre la Iglesia: para que, purificada por el fuego del Espíritu, lleve la alegría al mundo. R.
- Por los que rigen las naciones: para que su justicia renueve el gozo y la esperanza de los que sufren a causa del hambre, del paro, de la pobreza. R.
- Por los que lloran en su dolor o en su soledad: para que el Señor les haga sentir su presencia y convierta su tristeza en alegría. R.
- Por los hombres de todos los pueblos: para que el respeto de los derechos humanos les procure el gozo, la paz y el bienestar. R.
- Por nuestra comunidad: para que la palabra del Señor encuentre en nosotros una respuesta generosa de amor compartido y de justicia. R.
Señor, Dios todopoderoso, que nos concedes la gracia de prepararnos a celebrar un año más el misterio del nacimiento de tu Hijo; escucha benignamente nuestras súplicas y concédenos en tu bondad cuanto te hemos pedido con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, este pan y este vino, escogidos de entre los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta eucaristía, que nos permites celebrar ahora en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, múnera, quae de tuis offérimus colláta benefíciis, et, quod nostrae devotióni concédis éffici temporáli, tuae nobis fiat praemium redemptiónis aetérnae. Per Christum.
PREFACIO III DE ADVIENTO
Cristo, Señor y Juez de la Historia
En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la esperanza dichosa de su reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus, quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de la comunión Tit 2, 12-13
Llevemos ya desde una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios.
Antiphona ad communionem Tit 2, 12-13
Iuste et pie vivámus in hoc saeculo, exspectántes beátam spem et advéntum glóriae magni Dei.
Oración después de la comunión
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos, con los que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Prosint nobis, quaesumus, Dómine, frequentáta mystéria, quibus nos, inter praetereúntia ambulántes, iam nunc instítuis amáre caeléstia et inhaerére mansúris. Per Christum.