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miércoles, 28 de octubre de 2015

Miércoles 2 diciembre 2015, Miércoles I semana de Adviento, feria.

TEXTOS MISA

Miércoles de la I Semana de Adviento. Feria quarta. Hebdómada I Adventus.
Antífona de entrada Cf. Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5
El Señor llegará sin retrasarse, él iluminará lo que esconden las tinieblas y se manifestará a todas los pueblos.
Antiphona ad introitum Cf. Ha 2, 3; 1Co 4, 5
Véniet Dóminus et non tardábit, et illuminábit abscóndita tenebrárum, et manifestábit se ad omnes gentes.
Oración colecta
Señor y Dios nuestro, prepara nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu para que cuando llegue Jesucristo, tu Hijo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y él mismo nos sirva en el festín eterno. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Praepara, quaesumus, Dómine Deus noster, corda nostra divína tua virtúte, ut, veniénte Christo Fílio tuo, digni inveniámur aetérnae vitae convívio, et cibum caeléstem, ipso ministránte, percípere mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la 1ª semana de Adviento, feria (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Is 25, 6-10a
El Señor invita a su festín y enjuga las lágrimas de todos los rostros

Lectura del libro de Isaías.

En aquel día, preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lenzo extendido sobre a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo -lo ha dicho el Señor-.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 22, 1b-3a. 3bc-4. 5. 6 (R.: 6cd)
R.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.

V. El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.

V. Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.

V. Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.

V. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Inhabitábo in domo Dómini in longitúdinem diérum.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Mirad que llega el Señor, para salvar a su pueblo; bienaventurados los que están preparados para salir a su encuentro.
Ecce véniet Dóminus, ut salvet pópulum suum; beáti qui paráti sunt occúrrere illi.
R. 

EVANGELIO Mt 15, 29-37
Jesús cura a muchos y multiplica los panes

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús, se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Misericordiae Vultus, Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia 8.
Jesús, ante la multitud de personas que lo seguían, viendo que estaban cansadas y extenuadas, pérdidas y sin guía, sintió desde lo profundo del corazón una intensa compasión por ellas (cfr Mt 9, 36). A causa de este amor compasivo curó los enfermos que le presentaban (cfr Mt 14, 14) y con pocos panes y peces calmó el hambre de grandes muchedumbres (cfr Mt 15, 37). Lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales.

Oración de los fieles
6. Nuestro Dios es un Dios que salva: acudamos, pues, a él llenos de confianza.
- Para que los cristianos seamos para todos los hombres testimonio de aquella alegría que brota de la certeza de que viene el Señor a salvarnos. Roguemos al Señor.
- Para que los hombres de nuestro tiempo no se cierren en su autosuficiencia, sino que se abran para acoger al Señor. Roguemos al Señor.
- Para que los que sufren experimenten en la oración y en el amor de los hermanos la venida del Señor. Roguemos al Señor.
- Para que nosotros esperemos la salvación únicamente de Cristo y no de ningún otro. Roguemos al Señor.
Señor, concédenos los bienes que te hemos pedido y haz que toda nuestra vida sea una espera constante de tu venida. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos el sacramento que tú nos diste y se lleve a cabo en nosotros la obra de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Devotiónis nostrae tibi, Dómine, quaesumus, hóstia iúgiter immolétur, quae et sacri péragat institúta mystérii, et salutáre tuum nobis poténter operétur. Per Christum.
PREFACIO III DE ADVIENTO
Cristo, Señor y Juez de la Historia
En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la esperanza dichosa de su reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus, quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5
El Señor llega con poder. Iluminará los ojos de sus siervos.
Antiphona ad communionem Cf. Is 40, 10. 35, 5
Ecce Dóminus noster cum virtúte véniet, ut illúminet óculos servórum suórum.
Oración después de la comunión
Imploramos, Señor, tu misericordia, para que esta comunión que hemos recibido nos prepare a las fiestas que se acercan, purificándonos de todo pecado. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Tuam, Dómine, cleméntiam implorámus, ut haec divína subsídia, a vítiis expiátos, ad festa ventúra nos praeparent. Per Christum.