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jueves, 22 de octubre de 2015

Jueves 26 noviembre 2015, Lecturas Jueves XXXIV semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la 34ª semana de Tiempo Ordinario, año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones

Lectura de la profecía de Daniel 6, 12-28

En aquellos días, unos hombres espiaron a Daniel y lo sorprendieron orando y suplicando a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey:
-«Majestad, ¿no has firmado tú un decreto que prohíbe hacer oración, durante treinta días, a cualquier dios o cualquier hombre fuera de ti, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?»
El rey contestó:
-«El decreto está en vigor, como ley irrevocable de medos y persas.»
Ellos le replicaron:
-«Pues Daniel, uno de los deportados de Judea, no te obedece a ti, majestad, ni al decreto que has firmado, sino que tres veces al día hace oración a su Dios.»
Al oírlo, el rey, todo sofocado, se puso a pensar la manera de salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol hizo lo imposible por librarlo.
Pero aquellos hombres le urgían, diciéndole:
-«Majestad, sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto o edicto real es válido e irrevocable.»
Entonces el rey mandó traer a Daniel y echarlo al foso de los leones.
El rey dijo a Daniel:
-«¡Que te salve ese Dios a quien tú veneras tan fielmente!»
Trajeron una piedra, taparon con ella la boca del foso, y el rey la selló con su sello y con el de sus nobles, para que nadie pudiese modificar la sentencia dada contra Daniel.
Luego el rey volvió a palacio, pasó la noche en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir.
Madrugó y fue corriendo al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó afligido:
-«¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones ese Dios a quien veneras tan fielmente?»
Daniel le contestó:
-«¡Viva siempre el rey! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como tampoco he hecho nada contra ti.»
El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso. Al sacarlo, no tenia ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
Luego mandó el rey traer a los que habían calumniado a Daniel y arrojarlos al foso de los leones con sus hijos y esposas. No hablan llegado al suelo, y ya los leones los hablan atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra:
-«¡Paz y bienestar! Ordeno y mando que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo que permanece siempre. Su reino no será destruido, su imperio dura hasta el fin. Él salva y libra, hace signos y prodigios en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Dn 3, 68. 69. 70. 71. 72. 73. 74
R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Témpanos y hielos, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Noche y día, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Rayos y nubes, bendecid al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

Bendiga la tierra al Señor. R.
Ensalzadlo con himnos por los siglos. Laudáte et superexaltáte eum in sæcula.

ALELUYA
Lc 21, 28
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Respícite et leváte cápita vestra, quóniam appropínquat redémptio vestra.

EVANGELIO
Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 20-28
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo.
Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Beato Pablo VI, Credo del pueblo de Dios, 12.
Era razonable –enseña el Catecismo Romano– que no sólo se estableciesen premios para los buenos y castigo para los malos en la vida futura, sino que también se decretase en un juicio general y público, a fin de que resultase para todos más notorio y grandioso, y para que todos tributasen a Dios alabanzas por su justicia y providencia» (1, 8, 4).
Es, pues, esta venida del Señor día terrible para los malos y día de gozo para quienes le fueron fieles. Los discípulos han de levantar la cabeza con gozo, porque se aproxima su redención. Para ellos es el día del premio. La victoria obtenido por Cristo en la Cruz –victoria sobre el pecado, sobre el demonio y sobre la muerte– se manifiesta aquí en todas sus consecuencias. Por eso nos recomienda el apóstol San Pablo que vivamos «aguardando la bienaventuranza esperada y la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (Tt 2, 13).
Subió al Cielo (el Señor), de donde ha de venir de nuevo, entonces con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos, a cada uno según los propios méritos: los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que los hayan rechazado hasta el final serán destinados al fuego que nunca cesará.