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jueves, 24 de septiembre de 2015

Jueves 29 octubre 2015, Lecturas Jueves XXX semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la 30ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-39

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.»
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 108, 21-22. 26-27. 30-31
R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Tú, Señor, trátame bien, por tu nombre,
líbrame con la ternura de tu bondad;
que yo soy un pobre desvalido,
y llevo dentro el corazón, traspasado. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Socórreme, Señor, Dios mío,
sálvame por tu bondad.
Reconozcan que aquí está tu mano,
que eres tú, Señor, quien lo ha hecho. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Yo daré gracias al Señor con voz potente,
lo alabaré en medio de la multitud:
porque se puso a la derecha del pobre,
para salvar su vida de los jueces. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

ALELUYA
Lc 19, 38
¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto. Benedíctus qui venit rex in nómine Dómini, pax in cælo et glória in excélsis.

EVANGELIO
No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35
Gloria a ti, Señor.

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle:
-«Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Él contestó:
-«Id a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término."
Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía.
Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor.”»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, In Ioann. Evang., 15, 7.
Vosotros, hermanos míos, sabéis bien cómo enferma la gallina al tener los polluelos. Ningún ave manifiesta su maternidad como ella. En efecto, cada día vemos cómo hacen sus nidos los pájaros, las golondrinas, cigüeñas y palomas; pero sólo sabemos que son madres cuando las vemos empollar en sus nidos. La gallina, sin embargo, enferma de tal manera al tener sus polluelos que, aunque no vayan tras ella, aunque no la sigan sus hijos, te das cuenta de que es madre. Así lo indican sus alas caídas, y sus plumas erizadas, y su peculiar cloqueo, y todos sus miembros laxos y abatidos; todo eso, como digo, indica que es madre, aunque no se vean sus polluelos. Así es como está enfermo Jesús...