viernes, 21 de agosto de 2015

Viernes 25 septiembre 2015, Lecturas Viernes XXV semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Todavía un poco más, y llenaré de gloria este templo
Lectura de la profecía de Ageo 1, l5b-2, 9

El año segundo del reinado de Darío, el día veintiuno del séptimo mes, vino la palabra del Señor por medio del profeta Ageo:
«Di a Zorobabel, hijo de Salatiel, gobernador de Judea, y a Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote, y al resto del pueblo: “¿Quién entre vosotros vive todavía, de los que vieron este templo en su esplendor primitivo? ¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como si no existiese ante vuestros ojos? ¡Ánimo!, Zorobabel -oráculo del Señor-, ¡Animo!, Josué, hijo de Josadak, sumo sacerdote;¡Ánimo!, pueblo entero -oráculo del Señor-, a la obra, que yo estoy con vosotros- oráculo del Señor de los ejércitos-. La palabra pactada con vosotros cuando salíais de Egipto, y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis. Así dice el Señor de los ejércitos: Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. Pondré en movimiento los pueblos; vendrán las riquezas de todo el mundo, y llenaré de gloria este templo - dice el Señor de los ejércitos-. Mía es la plata y mío es el oro - dice el Señor de los ejércitos-. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero -dice el Señor de los ejércitos y en este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos.-”»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 42, 1. 2. 3. 4
R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.» Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.

Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa
contra gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado. R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.» Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.

Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?,
¿por qué voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo? R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.» Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.» Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío.» Spera in Deo; confitébor illi, salutáre vultus mei et Deus meus.

ALELUYA
Mc 10, 45
El Hijo del hombre ha venido para servir y a dar su vida en rescate por todos. Fílius hóminis venit ut ministráret, et daret ánimam suam redemptiónem pro multis.

EVANGELIO
Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 18-22
Gloria a ti, Señor.

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:
-«¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron:
-«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó:
-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo:
-«El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:
-«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho,ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Ambrosio, Expositio Evangelii sec. Lucam, in loc.
Cristo no ha querido glorificarse, sino que ha deseado venir sin gloria para padecer el sufrimiento; y tú, que has nacido sin gloria, ¿quieres glorificarte? Por el camino que ha recorrido Cristo es por donde tú has de caminar. Esto es reconocerle, esto es imitarle tanto en la ignominia como en la buena fama, para que te gloríes en la Cruz, como Él mismo se ha glorificado. Tal fue la conducta de Pablo y por eso se gloria al decir: 'En cuanto a mí, no quiera Dios que me gloríe sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo' (Ga 6, 14).