Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

sábado, 8 de agosto de 2015

Sábado 12 septiembre 2015, Lecturas Sábado XXIII semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 23ª semana de Tiempo Ordinario, año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Vino al mundo para salvar a los pecadores

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 15-17

Querido hermano:
Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mi, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 112, 1-2. 3-4. 5a y 6-7
R.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se baja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre. R.
Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre.
Sit nomen Dómini benedíctum in sæcula.

ALELUYA
Jn 14, 23
El que me ama guardará mi palabra -dice el Señor- y mi Padre lo amará y vendremos a él.
Si quis díligit me, sermónem meum servábit, et Pater meus díliget eum; et ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus.

EVANGELIO
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
-«No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.
Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo?
El que se acerca a mi, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Beda, In Lucae Evangelium expositio, 2, 6.
El tesoro del corazón es lo mismo que la raíz del árbol. La persona que tiene un tesoro de paciencia y de perfecta caridad en su corazón produce excelentes frutos: ama a su prójimo y reúne las otras cualidades que enseña Jesús; ama a los enemigos, hace el bien a quien le odia, bendice a quien le maldice, reza por el que le calumnia, no se rebela contra quien le golpea o le despoja, da siempre cuando le piden, no reclama lo que le quitaron, desea no juzgar y no condenar, corrige con paciencia y con cariño a los que yerran. Pero la persona que tiene en su corazón un tesoro de maldad hace exactamente lo contrario: odia a sus amigos, habla mal de quien le quiere, y todas las demás cosas condenadas por el Señor.