Entrada destacada

Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

sábado, 4 de julio de 2015

Sábado 8 agosto 2015, Lecturas Sábado XVIII semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón

Lectura del libro del Deuteronomio 6, 4-13

Moisés habló al pueblo, diciendo:
-«Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres -a Abrahán, Isaac y Jacob- que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte.
Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab
R.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitúdo mea.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitúdo mea.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitúdo mea.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. Díligam te, Dómine, fortitúdo mea.

ALELUYA
Cf. 2 Tim 1, 10
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illuminávit vitam per Evangelium.

EVANGELIO
Si tuvierais fe, nada os sería imposible

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 14-20
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas:
-«Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó:
-«¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:
-«¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó:
-«Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 57, 4
El ayuno, efectivamente, da mucha sabiduría, hace al hombre semejante a un ángel del cielo y combate a los poderes incorpóreos. Pero también le es necesaria la oración como elemento principal, y el que ora como conviene y ayuna, no necesita más. Porque de esta manera no se hace avaro y está pronto a dar limosna y el que ayuna está ligero, ora con vigilancia, apaga las malas concupiscencias, hace a Dios propicio y humilla el orgullo del alma. Luego el que une la oración con el ayuno, tiene dobles alas y más rapidez que los mismos vientos. No bosteza, ni se duerme durante la oración (como acontece a muchos) sino que está más enardecido que el fuego y es superior a la naturaleza terrestre. Este hombre es consiguientemente el enemigo terrible del demonio. Porque nada hay más poderoso que el hombre, que ora como debe. Y si tienes el cuerpo enfermo para ayunar, no lo tienes, sin embargo, para orar y si no puedes ayunar, puedes abstenerte de los placeres ilícitos y esto no es cosa de escasa importancia, ni muy distante del ayuno.