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jueves, 16 de julio de 2015

Jueves 20 agosto 2015, Lecturas Jueves XX semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
El primero que salga de mi casa a recibirme, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto

Lectura del libro de los Jueces 11, 29-39a

En aquellos días, el espíritu del Señor vino sobre Jefté, que atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor:
-«Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa, cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.»
Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó; los derrotó desde Aroer hasta la entrada de Minit (veinte pueblos) y hasta Pradoviñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel.
Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas.
En cuanto la vio, se rasgó la túnica, gritando:
-«¡Ay, hija mía, qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás.»
Ella le dijo:
-«Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos.»
Y le pidió a su padre:
-«Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen.»
Su padre le dijo:
-«Vete.»
Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen.
Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que habla hecho.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 39, 5. 7-8a. 8b-9. 10
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños. R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

-Como está escrito en mi libro-
«para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce vénio, Dómine, ut fáciam voluntátem tuam.

ALELUYA
Cf. Sal 94, 8ab
No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. Hódie, nolíte obduráre corda vestra, sed vocem Dómini audíte.

EVANGELIO
A todos los que encontréis convidadlos a la boda

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda."
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?'
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Lumen gentium, 48.
Pero, como no sabemos ni el día ni la hora, por aviso del Señor, debemos vigilar constantemente para que, terminado el único plazo de nuestra vida terrena (cfr Hb 9, 27), sí queremos entrar con El a las bodas, merezcamos ser contados entre los elegidos (cfr Mt 25, 31-46), no sea que como aquellos siervos malos y perezosos (cfr Mt 25, 26) seamos arrojados al fuego eterno (cfr Mt 25, 41), a las tinieblas exteriores en donde habrá llanto y crujir de dientes.