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viernes, 9 de enero de 2015

Viernes 13 febrero 2015, Lecturas Viernes V semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la 5ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.

Lectura del Génesis 3, 1-8

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:
-“¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?”
La mujer respondió a la serpiente:
-“Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”
La serpiente replicó a la mujer:
-“No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.”
La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencias; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.
Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.
Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 31, 1-2. 5.6.7
R.
Dichoso el que está absuelto de su culpa. Beátus cui remíssa est iníquitas.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R.
Dichoso el que está absuelto de su culpa. Beátus cui remíssa est iníquitas.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.
Dichoso el que está absuelto de su culpa. Beátus cui remíssa est iníquitas.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R.
Dichoso el que está absuelto de su culpa. Beátus cui remíssa est iníquitas.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R.
Dichoso el que está absuelto de su culpa. Beátus cui remíssa est iníquitas.

ALELUYA
Cf. Hch 16, 14b
Abre, Señor, nuestros corazones, para que atendamos a las palabras de tu Hijo. Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.

EVANGELIO
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Ángelus 9 de septiembre de 2012
Existe una cerrazón interior, que concierne al núcleo profundo de la persona, al que la Biblia llama el "corazón". Esto es lo que Jesús vino a "abrir", a liberar, para hacernos capaces de vivir en plenitud la relación con Dios y con los demás. Por eso decía que esta pequeña palabra, "Effetá" –"ábrete"– resume en sí toda la misión de Cristo. Él se hizo hombre para que el hombre, que por el pecado se volvió interiormente sordo y mudo, sea capaz de escuchar la voz de Dios, la voz del Amor que habla a su corazón, y de esta manera aprenda a su vez a hablar el lenguaje del amor, a comunicar con Dios y con los demás. Por este motivo la palabra y el gesto del "Effetá" han sido insertados en el rito del Bautismo, como uno de los signos que explican su significado: el sacerdote, tocando la boca y los oídos del recién bautizado, dice: "Effetá", orando para que pronto pueda escuchar la Palabra de Dios y profesar la fe. Por el Bautismo, la persona humana comienza, por decirlo así, a "respirar" el Espíritu Santo, aquel que Jesús había invocado del Padre con un profundo suspiro, para curar al sordomudo.