martes, 8 de julio de 2014

Martes 12 agosto, 2014, Lecturas Martes XIX semana del Tiempo Ordinario, año II (par).

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la 19ª semana de Tiempo Ordinario. Año II (par).

PRIMERA LECTURA
Me dio a comer el volumen, y me supo en la boca dulce como la miel

Lectura del libro del profeta Ezequiel 2, 8-3, 4

Así dice el Señor:
-«Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.»
Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.
Y me dijo:
-«Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel.»
Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome:
-«Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.»
Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel.
Y me dijo:
-«Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 118, 14.24.72.103.111. 131
R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

ALELUYA
Mt 11, 29ab
Cargad con mi yugo sobre y aprended de mí -dice el Señor-, que soy manso y humilde de corazón. Tóllite iugum meum super vos, dicit Dóminus, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde.

EVANGELIO
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
Gloria a ti, Señor.

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
-«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?»
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
-«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
605 Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: "De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños" (Mt 18, 14). Afirma "dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28); este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5, 18-19). La Iglesia, siguiendo a los Apóstoles (cf. 2Co 5, 15; 1Jn 2, 2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: "no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo" (Cc Quiercy en el año 853: DS 624).