sábado, 3 de agosto de 2013

Sábado 17 agosto 2013, Lecturas Sábado XIX semana Tiempo Ordinario, año I (impar).

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 19ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Escoged hoy a quién queréis servir

Lectura del libro de Josué 24, 14-29

En aquellos días, Josué continuo hablando al pueblo:
-«Pues bien, temed al Señor, servidle con toda sinceridad; quitad de en medio los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto; y servid al Señor. Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros padres al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.»
El pueblo respondió:
-«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»
Josué dijo al pueblo:
-«No podréis servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. No perdonará vuestros delitos ni vuestros pecados. Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, se volverá contra vosotros y, después de haberos tratado bien, os maltratará y os aniquilará.»
El pueblo respondió:
-«¡No! Serviremos al Señor.»
Josué insistió:
-«Sois testigos contra vosotros mismos de que habéis elegido servir al Señor.»
Respondieron:
-«¡Somos testigos!»
Josué contestó:
-«Pues bien, quitad de en medio los dioses extranjeros que conserváis, y poneos de parte del Señor, Dios de Israel.»
El pueblo respondió:
-«Serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos.»
Aquel día, Josué selló el pacto con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, cogió una gran piedra y la erigió allí, bajo la encina del santuario del Señor, y dijo a todo el pueblo:
-«Mirad esta piedra, que será testigo contra vosotros, porque ha oído todo lo que el Señor nos ha dicho. Será testigo contra vosotros, para que no podáis renegar de vuestro Dios.»
Luego despidió al pueblo, cada cual a su heredad.
Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 11
R.

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien. »
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. Tu es, Dómine, pars hereditátis meæ.

ALELUYA
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. Benedíctus es, Pater, Dómine cæli et terræ, quia mystéria regni párvulis revelásti.

EVANGELIO
No impidaís a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 13-15
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo:
-«Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos.»
Les impuso las manos y se marchó de allí.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Juan Pablo II, Ex. Ap. Christifideles laici 47.
Los niños son, desde luego, el término del amor delicado y generoso de Nuestro Señor Jesucristo: a ellos reserva su bendición y, más aún, les asegura el Reino de los cielos (cf. Mt 19, 13-15; Mc 10, 14). En particular, Jesús exalta el papel activo que tienen los pequeños en el Reino de Dios: son el símbolo elocuente y la espléndida imagen de aquellas condiciones morales y espirituales, que son esenciales para entrar en el Reino de Dios y para vivir la lógica del total abandono en el Señor.