CARTA ENCÍCLICA MEDIATOR DEI, SOBRE LA SAGRADA LITURGIA
DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XII, 20-noviembre-1947.
A) Es la oración perenne de la Iglesia
177. Lo que llamamos «Oficio divino» es, pues, la oración del Cuerpo místico de Jesucristo que, en nombre y provecho de todos los cristianos, es ofrecida a Dios por los sacerdotes y demás ministros de la Iglesia, y por los religiosos, dedicados a este fin por institución de la Iglesia misma.
178. Cuál sea el modo y el espíritu con que se ha de hacer esta divina alabanza, se deduce de las palabras que la Iglesia aconseja que se digan antes de comenzar las horas litúrgicas, cuando manda que se reciten «digna, atenta y devotamente».
179. Al tomar el Verbo de Dios la naturaleza humana, trajo a este destierro terrenal el canto que se entona en los cielos por toda la eternidad. El une a sí mismo toda la comunidad de los hombres, y la asocia consigo en el canto de este himno de alabanza. Hemos de confesar humildemente que «no sabiendo siquiera qué hemos de pedir en nuestras oraciones, ni cómo conviene hacerlo, el mismo Espíritu hace nuestras peticiones a Dios con gemidos que son inexplicables» [138]. Y también Jesucristo ruega al Padre en nosotros por medio de su Espíritu. «Ningún otro don mayor podría otorgar Dios a los hombres... Ora (Jesús) por nosotros como nuestro sacerdote; ora en nosotros como nuestra cabeza; es invocado por nosotros como nuestro Dios... Reconozcamos, pues, en El nuestras voces, y sus voces en nosotros... Es invocado como Dios, invoca como siervo; allí es Creador, aquí creado, que asume sin cambiar El una naturaleza que ha de ser cambiada, haciéndonos consigo un solo hombre, cabeza y cuerpo» [139].
CALENDARIO
16 + III DOMINGO DE ADVIENTO «Gaudete»
Misa del Domingo (morado o rosa).
mo rs MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. I ó III de Adv.
LECC.: vol. III, lects. del domingo III de Adviento (año C):
- Sof 3, 14-18a. El Señor se alegra con júbilo en ti.
- Sal: Is 12, 2-6. R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel».
- Flp 4, 4-7. El Señor está cerca.
- Lc 3, 10-18. ¿Qué hacemos nosotros?
Alegraos siempre en el Señor. Este Domingo es llamado "Gaudete", que significa "Alegraos". La Iglesia nos invita al gozo y a la esperanza por que el Señor está e medio de Israel (1 Lect.). El verdadero gozo brota de la penitencia, de la conversión y la solidaridad (Ev.). La alegría lleva consigo la fe que cree en la cercanía y espera la venida del Señor (2 Lect.).
* Hoy puede utilizarse la música instrumental.
* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.
Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum.
Martirologio: elogs. del 17 de diciembre, pág. 723.
TEXTOS MISA
Nota: Hoy puede utilizarse la música instrumental.
Canto de entrada: A ti, Señor, levanto mi alma (CLN A 10);
o bien: Esperamos tu venida (CLN 19); Preparad los caminos (CLN 25).
Salmo responsorial: Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
Canto de comunión: Unidos en ti (CLN 0 31)
o bien: Palabra que fue luz /CLN 18); Ven Salvador (CLN 1).
| III DOMINGO DE ADVIENTO. En esta dominica "Gaudete", en lugar del color morado, se puede usar el color rosa. |
DOMINICA III ADVENTUS.
In hac Missa adhibetur color
violaceus vel rosaceus.
|
| Antífona de entrada Flp 4, 4. 5 Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. |
Antiphona ad introitum Ph 4,
4-5
Gaudéte in Dómino semper: íterum dico,
gaudéte. Dóminus enim prope est.
|
| No se dice Gloria. |
Non dicitur Gloria in
excélsis.
|
| Oración colecta Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y de salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante. Por nuestro Señor Jesucristo. |
Collecta
Deus, qui cónspicis pópulum tuum nativitátis
domínicae festivitátem fidéliter exspectáre, praesta,
quaesumus, ut valeámus ad tantae salútis gáudia perveníre, et
ea votis sollémnibus álacri semper laetítia celebráre. Per
Dóminum.
|
LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de la 3ª semana de Adviento. Año C.
PRIMERA LECTURA
El Señor se alegra con júbilo en ti
Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Is 12, 2-3. 4bed. 5-6
R.
El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.» R.
SEGUNDA LECTURA
El Señor está cerca
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
R.
| Gritad jubilosos: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel." | Exsúlta et lauda, quia magnus in médio tui Sanctus Isræl. |
El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
| Gritad jubilosos: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel." | Exsúlta et lauda, quia magnus in médio tui Sanctus Isræl. |
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.
| Gritad jubilosos: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel." | Exsúlta et lauda, quia magnus in médio tui Sanctus Isræl. |
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.» R.
| Gritad jubilosos: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel." | Exsúlta et lauda, quia magnus in médio tui Sanctus Isræl. |
SEGUNDA LECTURA
El Señor está cerca
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
ALELUYA
ALELUYA
Lc 4, 18
| El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. | Spíritus Dómini super me: evangelizáre paupéribus misit me. |
¿Qué hacemos nosotros?
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 10-18
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
- «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó:
- «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
- «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron:
- «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
MARTIROLOGIO
1. Conmemoración de san Ageo, profeta, que en tiempo de Zorobabel, gobernador de Judá, amonestó al pueblo para que reedificase la casa del Señor, hacia la cual debía encaminarse el tesoro de todas las gentes. 00
Del Catecismo de la Iglesia Católica
30 "Se
alegre el corazón de los que buscan a Dios" (Sal 105, 3). Si el
hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo
hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta
búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la
rectitud de su voluntad, "un corazón recto", y también el
testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.
Tú eres
grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu
sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu
creación, pretende alabarte, precisamente el hombre que, revestido
de su condición mortal, lleva en sí el testimonio de su pecado y el
testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de todo, el
hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le
incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza,
porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto
mientras no descansa en ti (S. Agustín, conf. 1, 1, 1).
463 La fe en
la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de
la fe cristiana: "Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios:
todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de
Dios" (1Jn 4, 2). Esa es la alegre convicción de la Iglesia
desde sus comienzos cuando canta "el gran misterio de la
piedad": "El ha sido manifestado en la carne" (1Tm 3,
16).
"Anunciar… la inescrutable riqueza de Cristo" (Ef 3, 8)
425 La transmisión de la fe cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en el. Desde el principio, los primeros discípulos ardieron en deseos de anunciar a Cristo: "No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído" (Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar en la alegría de su comunión con Cristo:
"Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, - pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifestó - lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que vuestro gozo sea completo" (1Jn 1, 1 - 4).
La esperanza
1817 La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. "Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa" (Hb 10, 23). "El Espíritu Santo que él derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna"(Tt 3,6-7).
1818 La virtud de la esperanza responde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad.
1819 La esperanza cristiana recoge y perfecciona la esperanza del pueblo elegido que tiene su origen y su modelo en la esperanza de Abraham, colmada en Isaac, de las promesas de Dios y purificada por la prueba del sacrificio (cf Gn 17,4-8; Gn 22,1-18). "Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones" (Rm 4, 18).
1820 La esperanza cristiana se manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de las bienaventuranzas. Las bienaventuranzas elevan nuestra esperanza hacia el cielo como hacia la nueva tierra prometida; trazan el camino hacia ella a través de las pruebas que esperan a los discípulos de Jesús. Pero por los méritos de Jesucristo y de su pasión, Dios nos guarda en "la esperanza que no falla" (Rm 5, 5). La esperanza es "el ancla del alma", segura y firme, "que penetra… adonde entró por nosotros como precursor Jesús" (Hb 6, 19-20). Es también un arma que nos protege en el combate de la salvación: "Revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación" (1Ts 5, 8). Nos procura el gozo en la prueba misma: "Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación" (Rm 12, 12). Se expresa y se alimenta en la oración, particularmente en la del Padre Nuestro, resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear.
1821 Podemos, por tanto, esperar la gloria del cielo prometida por Dios a los que le aman (cf Rm 8, 28-30) y hacen su voluntad (cf Mt 7, 21). En toda circunstancia, cada uno debe esperar, con la gracia de Dios, "perseverar hasta el fin" (cf Mt 10, 22; cf Cc de Trento: DS 1541) y obtener el gozo del cielo, como eterna recompensa de Dios por las obras buenas realizadas con la gracia de Cristo. En la esperanza, la Iglesia implora que "todos los hombres se salven" (1Tm 2, 4). Espera estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo:
"Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin" (S. Teresa de Jesús, excl. 15, 3).
Del Papa Benedicto XVI, Ángelus-17 diciembre-2006
En este tercer domingo de Adviento la liturgia nos invita a la alegría del espíritu. Lo hace con la célebre antífona que recoge una exhortación del apóstol san Pablo: "Gaudete in Domino", "Alegraos siempre en el Señor (...). El Señor está cerca" (cf. Flp 4, 4-5). También la primera lectura bíblica de la misa es una invitación a la alegría. El profeta Sofonías, al final del siglo VII antes de Cristo, se dirige a la ciudad de Jerusalén y a su población con estas palabras: "Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, hija de Jerusalén. (...) El Señor tu Dios está en medio de ti como poderoso salvador" (So 3, 14. 17). A Dios mismo lo representa el profeta con sentimientos análogos: "Él se goza y se complace en ti, te renovará con su amor, exultará sobre ti con júbilo, como en los días de fiesta" (So 3, 17-18). Esta promesa se realizó plenamente en el misterio de la Navidad, que celebraremos dentro de una semana y que es necesario renovar en el "hoy" de nuestra vida y de la historia.
La alegría que la liturgia suscita en el corazón de los cristianos no está reservada sólo a nosotros: es un anuncio profético destinado a toda la humanidad y de modo particular a los más pobres, en este caso a los más pobres en alegría. Pensemos en nuestros hermanos y hermanas que, especialmente en Oriente Próximo, en algunas zonas de África y en otras partes del mundo viven el drama de la guerra: ¿qué alegría pueden vivir? ¿Cómo será su Navidad?
Pensemos en los numerosos enfermos y en las personas solas que, además de experimentar sufrimientos físicos, sufren también en el espíritu, porque a menudo se sienten abandonados: ¿cómo compartir con ellos la alegría sin faltarles al respeto en su sufrimiento? Pero pensemos también en quienes han perdido el sentido de la verdadera alegría, especialmente si son jóvenes, y la buscan en vano donde es imposible encontrarla: en la carrera exasperada hacia la autoafirmación y el éxito, en las falsas diversiones, en el consumismo, en los momentos de embriaguez, en los paraísos artificiales de la droga y de cualquier otra forma de alienación.
No podemos menos de confrontar la liturgia de hoy y su "Alegraos" con estas realidades dramáticas. Como en tiempos del profeta Sofonías, la palabra del Señor se dirige de modo privilegiado precisamente a quienes soportan pruebas, a los "heridos de la vida y huérfanos de alegría". La invitación a la alegría no es un mensaje alienante, ni un estéril paliativo, sino más bien una profecía de salvación, una llamada a un rescate que parte de la renovación interior.
Para transformar el mundo Dios eligió a una humilde joven de una aldea de Galilea, María de Nazaret, y le dirigió este saludo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". En esas palabras está el secreto de la auténtica Navidad. Dios las repite a la Iglesia, a cada uno de nosotros: "Alegraos, el Señor está cerca".
Para transformar el mundo Dios eligió a una humilde joven de una aldea de Galilea, María de Nazaret, y le dirigió este saludo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". En esas palabras está el secreto de la auténtica Navidad. Dios las repite a la Iglesia, a cada uno de nosotros: "Alegraos, el Señor está cerca".
Con la ayuda de María, entreguémonos nosotros mismos, con humildad y valentía, para que el mundo acoja a Cristo, que es el manantial de la verdadera alegría.
Ángelus, 13-diciembre-2009
Estamos ya en el tercer domingo de Adviento. Hoy en la liturgia resuena la invitación del apóstol san Pablo: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. (...) El Señor está cerca" (Flp 4, 4-5). La madre Iglesia, mientras nos acompaña hacia la santa Navidad, nos ayuda a redescubrir el sentido y el gusto de la alegría cristiana, tan distinta de la del mundo. En este domingo, según una bella tradición, los niños de Roma vienen a que el Papa bendiga las estatuillas del Niño Jesús, que pondrán en sus belenes. Y, de hecho, veo aquí en la plaza de San Pedro a numerosos niños y muchachos, junto a sus padres, profesores y catequistas. Queridos hermanos, os saludo a todos con gran afecto y os doy las gracias por haber venido. Me alegra saber que en vuestras familias se conserva la costumbre de montar el belén. Pero no basta repetir un gesto tradicional, aunque sea importante. Hay que tratar de vivir en la realidad de cada día lo que el belén representa, es decir, el amor de Cristo, su humildad, su pobreza. Es lo que hizo san Francisco en Greccio: representó en vivo la escena de la Natividad, para poderla contemplar y adorar, pero sobre todo para saber poner mejor en práctica el mensaje del Hijo de Dios, que por amor a nosotros se despojó de todo y se hizo niño pequeño.
La bendición de los "Bambinelli" —como se dice en Roma— nos recuerda que el belén es una escuela de vida, donde podemos aprender el secreto de la verdadera alegría, que no consiste en tener muchas cosas, sino en sentirse amados por el Señor, en hacerse don para los demás y en quererse unos a otros. Contemplemos el belén: la Virgen y san José no parecen una familia muy afortunada; han tenido su primer hijo en medio de grandes dificultades; sin embargo, están llenos de profunda alegría, porque se aman, se ayudan y sobre todo están seguros de que en su historia está la obra Dios, que se ha hecho presente en el niño Jesús. ¿Y los pastores? ¿Qué motivo tienen para alegrarse? Ciertamente el recién nacido no cambiará su condición de pobreza y de marginación. Pero la fe les ayuda a reconocer en el "niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre", el "signo" del cumplimiento de las promesas de Dios para todos los hombres "a quienes él ama" (Lc 2, 12.14), ¡también para ellos!
En eso, queridos amigos, consiste la verdadera alegría: es sentir que un gran misterio, el misterio del amor de Dios, visita y colma nuestra existencia personal y comunitaria. Para alegrarnos, no sólo necesitamos cosas, sino también amor y verdad: necesitamos al Dios cercano que calienta nuestro corazón y responde a nuestros anhelos más profundos. Este Dios se ha manifestado en Jesús, nacido de la Virgen María. Por eso el Niño, que ponemos en el portal o en la cueva, es el centro de todo, es el corazón del mundo. Oremos para que toda persona, como la Virgen María, acoja como centro de su vida al Dios que se ha hecho Niño, fuente de la verdadera alegría.
| Se dice Credo. |
Dicitur Credo.
|
| Oración sobre las ofrendas Haz, Señor, que te ofrezcamos siempre este sacrificio como expresión de nuestra propia entrega, para que así cumplamos el sacramento que tú nos diste y se lleve a cabo en nosotros la obra de tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. |
Super oblata
Devotiónis nostrae tibi, Dómine, quaesumus,
hóstia iúgiter immolétur, quae et sacri péragat institúta
mystérii et salutáre tuum nobis poténter operétur. Per
Christum.
|
| PREFACIO I DE ADVIENTO Las dos venidas de Cristo En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar. Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo... |
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre,
nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater,
omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis
assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque
salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit
in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus,
quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis
et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus,
hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
|
| PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. | |
| Antífona de la comunión Cf. Is 35, 4. Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis. Mirad a nuestro Dios que viene y nos salvará. |
Antiphona ad communionem Cf.
Is 35, 4
Dícite: Pusillánimes, confortámini et nolíte
timére: ecce Deus noster véniet et salvábit nos.
|
| Oración después de la comunión Imploramos, Señor, tu misericordia, para que esta comunión que hemos recibido nos prepare a las fiestas que se acercan, purificándonos de todo pecado. Por Jesucristo nuestro Señor. |
Post communionem
Tuam, Dómine, cleméntiam implorámus, ut haec
divína subsídia, a vítiis expiátos, ad festa ventúra nos
praeparent. Per Christum.
|
MARTIROLOGIO
1. Conmemoración de san Ageo, profeta, que en tiempo de Zorobabel, gobernador de Judá, amonestó al pueblo para que reedificase la casa del Señor, hacia la cual debía encaminarse el tesoro de todas las gentes. 00
2. En África, conmemoración de muchas
santas vírgenes, que en la persecución vandálica del rey
arriano Hunerico, atormentadas con pesos y planchas ardientes,
consumaron felizmente el combate del martirio (480) .
3. En Hibernia (hoy Irlanda), san
Beano, ermitaño (s. inc.).
4*. En Cysoing, de la región de
Artois, en la Galia, san Everardo, que, siendo duque de
Friuli, fundó este monasterio de canónigos regulares, en el cual
fue sepultado algunos años después de su muerte (867).
5. En Vienne, de Burgundia, san
Adón, obispo, que fue elegido para la sede siendo monje, y honró
egregiamente la memoria de los santos al escribir un Martirologio
(875).
6. En Selz, cerca de Estrasburgo, en la
Lotaringia alemana, santa Adelaida, emperatriz, que se
distinguió por mostrar hacia los familiares una grave alegría, una
infatigable piedad hacia los pobres y una abundante largueza en
honrar las iglesias (999).
7. En Lucania, san Macario de
Collesano, monje, eximio por su humildad y abstinencia, que
presidió varios monasterio en el Mercurion y el Latiniano (1005)
8*. En Génova, de la Liguria,
conmemoración del beato
Sebastián (Selvatico) de Madiis (Maggi), presbítero de
la Orden de Predicadores, el cual predicó el Evangelio a los pueblos
de la región y veló por la disciplina regular en los conventos
(1496).
9*. En Turín, del Piamonte, beata
María de los Ángeles (Mariana) Fontanella, virgen de la Orden
de las Carmelitas, que brilló por sus penitencias voluntarias y por
la virtud de la obediencia (1717).
10*. En Rivalba, en Italia, beato
Clemente Marchisio, presbítero, que, siendo párroco de este
lugar, fundó el Instituto de Hijas de San José (1903).
11*. En la ciudad Nowe Miasto, en
Polonia, beato Honorato de Biala Podlaska (Florencio) Kazminsky,
presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, el cual se
dedicó admirablemente a la administración de la penitencia, a la
predicación de la Palabra de Dios y al consuelo de los presos
(1916).
12*. Cerca de la ciudad de Mukdahan, en
Tailandia, beato Felipe Siphnog Onphitak, mártir, que, siendo
padre de familia, le eligieron presidente de la comunidad al ser
expulsado el sacerdote del pueblo Song-Khon y, al iniciarse la
persecución contra los cristianos, le llevaron junto al río Tum
Nok, donde fue fusilado (1940).
