Catecismo de la Iglesia Católica
1185 La reunión del pueblo de Dios comienza por el Bautismo; por tanto, el templo debe tener lugar apropiado para la celebración del Bautismo y favorecer el recuerdo de las promesas del bautismo (agua bendita).
La renovación de la vida bautismal exige la penitencia. Por tanto el templo debe estar preparado para que se pueda expresar el arrepentimiento y la recepción del perdón, lo cual exige asimismo un lugar apropiado.
El templo también debe ser un espacio que invite al recogimiento y a la oración silenciosa, que prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía.
1186 Finalmente, el templo tiene una significación escatológica. Para entrar en la casa de Dios ordinariamente se franquea un umbral, símbolo del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados. La Iglesia visible simboliza la casa paterna hacia la cual el pueblo de Dios está en marcha y donde el Padre "enjugará toda lágrima de sus ojos" (Ap 21, 4). Por eso también la Iglesia es la casa de todos los hijos de Dios, ampliamente abierta y acogedora.
CALENDARIO
23 + XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Misa del Domingo (verde).
ve MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. II, lects. del domingo XXV del T.O. (año B):
- Sab 2, 12. 17-20. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
- Sal 53. R. El Señor sostiene mi vida.
- Sant 3, 16–4, 3. Los que procuran la paz están sembrando paz, y su fruto es la justicia.
- Mc 9, 30-37. El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.
La autoridad es servicio. El justo no tiene una vida fácil, pues es perseguido y muerto (1 lect. y Ev.). Se busca prestigio, grandeza y poder (Ev.). Para conseguirlo se ambiciona, se litiga e incluso se acude al asesinato (2 lect.). El discípulo de Jesús debe regirse por otros criterios de conducta y estar al servicio de todos (Ev.).
* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.
Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum.
Martirologio: elogs. del 24 de septiembre, pág. 572.
CALENDARIOS: Tarragona-ciudad: Santa Tecla, virgen y mártir (S).
Arzobispado Castrense: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Juan del Río Martín, arzobispo (2000).
TEXTOS MISA
Canto de entrada: La asamblea dominical (CLN, A 18);
o bien: Vienen con alegría (CLN, 728); Reunidos en el nombre del Señor (CLN, A 9).
Salmo responsorial Sal 53: El Señor sostiene mi vida.
Canto de comunión: Te damos gracias, Señor (CLN, 531);
o bien: Al atardecer de la vida (CLN, 739).
| XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO | DOMINICA XXV PER ANNUM. |
Antífona de
entrada
Yo soy la salvación del pueblo -dice el Señor-. Cuando me
llamen desde el peligro, yo les escucharé, y seré para siempre
su Señor. |
Antiphona ad
introitum
Salus pópuli ego sum, dicit Dóminus. De quacúmque
tribulatióne clamáverint ad me, exáudiam eos, et ero illórum
Dóminus in perpétuum. |
| Se dice Gloria. | Dicitur Gloria in excelsis |
Oración
colecta
Oh Dios, que has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y
al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así
a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo. |
Collecta
Deus, qui sacrae legis ómnia constitúta in tua et próximi
dilectióne posuísti, da nobis, ut, tua praecépta servántes, ad
vitam mereámur perveníre perpétuam. Per Dóminum. |
LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. Año B.
PRIMERA LECTURA
Lo condenaremos a muerte ignominiosa
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 12. 17-20
Se dijeron los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones,nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida.
Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Sal 53, 3-4. 5. 6 y 8
R.
| El Señor sostiene mi vida. | Dóminus suscéptor est ánimæ meæ. |
Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R.
| El Señor sostiene mi vida. | Dóminus suscéptor est ánimæ meæ. |
Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R.
| El Señor sostiene mi vida. | Dóminus suscéptor est ánimæ meæ. |
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.
| El Señor sostiene mi vida. | Dóminus suscéptor est ánimæ meæ. |
SEGUNDA LECTURA
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia
Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 16-4, 3
Queridos hermanos:
Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males.
La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.
Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.
¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros? Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra.
No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
ALELUYA
Cf.
2Ts 2, 14
| Dios nos llamó por medio del Evangelio, para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. | Deus vocábit nos per Evangélium, in acquisitiónem gloriæ Dómini nostri Iesu Christi. |
El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos
+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 30-37
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
- «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
- «¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
- «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
- «El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Del Catecismo de la Iglesia Católica
474 Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar (cf. Mc 8, 31; Mc 9, 31; Mc 10, 33-34; Mc 14, 18-20. 26-30). Lo que reconoce ignorar en este campo (cf. Mc 13, 32), declara en otro lugar no tener misión de revelarlo (cf. Hch 1, 7).
557 "Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9, 51; cf. Jn 13, 1). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección (cf. Mc 8, 31-33; Mc 9, 31-32; Mc 10, 32-34). Al dirigirse a Jerusalén dice: "No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" (Lc 13, 33).
1825 Cristo murió por amor a nosotros cuando éramos todavía enemigos (cf Rm 5, 10). El Señor nos pide que amemos como él hasta nuestros enemigos (cf Mt 5, 44), que nos hagamos prójimos del más lejano (cf Lc 10, 27-37), que amemos a los niños (cf Mc 9, 37) y a los pobres como a él mismo (cf Mt 25, 40. 45).
El apóstol S. Pablo ofrece una descripción incomparable de la caridad: "La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa. no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta (1Co 13, 4-7).
1902 La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una "fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido" (GS 74, 2).
"La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual dice que recibe su vigor de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia" (S. Tomás de Aquino, s. th. 1 - 2, 93, 3 ad 2).
1903 La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo considerado y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa" (PT 51).
1906 Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS 26, 1; cf GS 74, 1). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:
1907 Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a… actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (GS 26, 2).
1908 En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (cf. GS 26, 2).
1909 El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros, y fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.
1917 Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación y la cultura. "Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar" (GS 31, 3).
1902 La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una "fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido" (GS 74, 2).
"La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual dice que recibe su vigor de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia" (S. Tomás de Aquino, s. th. 1 - 2, 93, 3 ad 2).
1903 La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo considerado y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa" (PT 51).
1906 Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS 26, 1; cf GS 74, 1). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:
1907 Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a… actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (GS 26, 2).
1908 En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (cf. GS 26, 2).
1909 El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros, y fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.
1917 Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación y la cultura. "Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar" (GS 31, 3).
2235 Los que ejercen una autoridad deben ejercerla como un servicio. "El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro esclavo" (Mt 20, 26). El ejercicio de una autoridad está moralmente regulado por su origen divino, su naturaleza racional y su objeto específico. Nadie puede ordenar o instituir lo que es contrario a la dignidad de las personas y a la ley natural.
2236 El ejercicio de la autoridad ha de manifestar una justa jerarquía de valores con el fin de facilitar el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de todos. Los superiores deben ejercer la justicia distributiva con sabiduría teniendo en cuenta las necesidades y la contribución de cada uno y atendiendo a la concordia y la paz. Deben velar porque las normas y disposiciones que establezcan no induzcan a tentación oponiendo el interés personal al de la comunidad (cf CA 25).
2236 El ejercicio de la autoridad ha de manifestar una justa jerarquía de valores con el fin de facilitar el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de todos. Los superiores deben ejercer la justicia distributiva con sabiduría teniendo en cuenta las necesidades y la contribución de cada uno y atendiendo a la concordia y la paz. Deben velar porque las normas y disposiciones que establezcan no induzcan a tentación oponiendo el interés personal al de la comunidad (cf CA 25).
Del Papa Benedicto XVI, Angelus, 24-septiembre-2006
En el evangelio de este domingo, Jesús anuncia por segunda vez a los discípulos su pasión, muerte y resurrección (cf. Mc 9, 30-31). El evangelista san Marcos pone de relieve el fuerte contraste entre su mentalidad y la de los doce Apóstoles, que no sólo no comprenden las palabras del Maestro y rechazan claramente la idea de que vaya al encuentro de la muerte (cf. Mc 8, 32), sino que discuten sobre quién de ellos se debe considerar "el más importante" (cf. Mc 9, 34). Jesús les explica con paciencia su lógica, la lógica del amor que se hace servicio hasta la entrega de sí: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc 9, 35).
Esta es la lógica del cristianismo, que responde a la verdad del hombre creado a imagen de Dios, pero, al mismo tiempo, contrasta con su egoísmo, consecuencia del pecado original. Toda persona humana es atraída por el amor -que en último término es Dios mismo-, pero a menudo se equivoca en los modos concretos de amar, y así, de una tendencia positiva en su origen pero contaminada por el pecado, pueden derivarse intenciones y acciones malas. Lo recuerda, en la liturgia de hoy, también la carta de Santiago: "Donde existen envidias y espíritu de contienda, hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía". Y el Apóstol concluye: "Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz" (St 3, 16-18).
Estas palabras nos hacen pensar en el testimonio de tantos cristianos que, con humildad y en silencio, entregan su vida al servicio de los demás a causa del Señor Jesús, trabajando concretamente como servidores del amor y, por eso, como "artífices" de paz. A algunos se les pide a veces el testimonio supremo de la sangre, como sucedió hace pocos días también a la religiosa italiana sor Leonella Sgorbati, que cayó víctima de la violencia. Esta religiosa, que desde hacía muchos años servía a los pobres y a los pequeños en Somalia, murió pronunciando la palabra "perdón": he aquí el testimonio cristiano más auténtico, signo pacífico de contradicción que demuestra la victoria del amor sobre el odio y sobre el mal.
No cabe duda de que seguir a Cristo es difícil, pero -como él dice- sólo quien pierde la vida por causa suya y del Evangelio, la salvará (cf. Mc 8, 35), dando pleno sentido a su existencia. No existe otro camino para ser discípulos suyos; no hay otro camino para testimoniar su amor y tender a la perfección evangélica.
| Se dice Credo. | Dicitur Credo. |
Oración sobre
las ofrendas
Acepta propicio, Señor, las ofrendas de tu pueblo, para que
alcance en el sacramento eucarístico los bienes en que ha creído
por la fe. Por Jesucristo nuestro Señor. |
Super oblata
Múnera, quaesumus, Dómine, tuae plebis propitiátus assúme,
ut, quae fídei pietáte profiténtur, sacraméntis caeléstibus
apprehéndant. Per Christum. |
PREFACIO V
DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
Las maravillas
de la creación
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque creaste el universo entero,
estableciste el continuo retorno de las estaciones, y al hombre,
formado a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del
mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la creación y, al
contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo,
Señor nuestro.
A quien cantan los ángeles y los
arcángeles, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo... |
PRAEFATIO V DE
DOMINICIS PER ANNUM
De creatione.
Vere dignum et iustum est, aequum et
salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine,
sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui ómnia mundi eleménta fecísti,
et vices disposuísti témporum variári; hóminem vero formásti
ad imáginem tuam, et rerum ei subiecísti univérsa mirácula, ut
vicário múnere dominarétur ómnibus quae creásti, et in óperum
tuórum magnálibus iúgiter te laudáret, per Christum Dóminum
nostrum.
Unde et nos cum ómnibus Angelis te
laudámus, iucúnda celebratióne clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus... |
| PLEGARIA EUCARÍSTICA III. | PREX EUCHARISTICA III. |
Antífona de
la comunión Jn 10,
14
Yo soy el buen Pastor -dice el Señor-, que conozco a mis
ovejas, y mis ovejas me conocen. |
Antiphona ad
communionem Jn 10, 14
Ego sum pastor bonus, dicit Dóminus; et cognósco oves
meas, et cognóscunt me meae. |
Oración
después de la comunión
Que tu auxilio, Señor, nos acompañe siempre a los que
alimentas con tus sacramentos, para que por ellos y en nuestra
propia vida recibamos los frutos de la redención. Por Jesucristo
nuestro Señor. |
Post
communionem
Quos tuis, Dómine, réficis
sacraméntis, contínuis attólle benígnus auxíliis, ut
redemptiónis efféctum et mystériis capiámus et móribus. Per
Christum.
|
MARTIROLOGIO
1. San Pío de Pietralcina
(Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores
Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se
dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la
reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular
hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su
peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado
(1968).
2. Conmemoración de los santos
Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, Precursor del
Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, llena de
Espíritu Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre
todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu
profético, ante el hijo nacido alabó a Dios redentor y predicó la
próxima aparición de Cristo, Sol de Oriente, que procede de lo
Alto.
3. En Roma, conmemoración de san
Lino, papa, a quien, según testimonio de san Ireneo, los santos
apóstoles le encomendaron el episcopado de la Iglesia fundada en la
Urbe. Pablo apóstol lo recuerda como compañero (s. I).
4. En Misena de Campania, en Italia,
san Sosso (antes Sosio), diácono y mártir, quien, al decir
del papa san Símaco, deseando proteger de la muerte a su obispo,
consiguió también él el martirio con igual precio y gloria (c.
305).
5. En Ancona, del Piceno, en Italia,
conmemoración de san Constancio, mansionario de la iglesia,
conspicuo más por la humildad que por el don de milagros (s. V).
6*. En el monasterio de Hy, en la isla
de Iona, en Escocia, san Adamnano, presbítero y abad, varón
muy docto en conocimientos bíblicos y amantísimo de la unidad y de
la paz, que, tanto en Escocia como en Irlanda, con su predicación
persuadió a muchos para celebrar la Pascua según la tradición
romana (704).
7. En Africa, santos Andrés, Juan,
Pedro y Antonio, mártires, los cuales, cautivos en Siracusa,
fueron deportados y sacrificados por los sarracenos (post 881).
8*. En Venecia, beato Pedro
Acotanto, monje, que recusó humildemente el cargo de abad,
prefiriendo vivir recluso en el monasterio (c. 1187).
9*. En Bolonia, en la región de la
Emilia, en Italia, beata Elena Duglioli Dall’Olio, que
después de un matrimonio llevado en admirable concordia con su
cónyuge, al enviudar vivió una vida ejemplar (1520).
10*. En Tlaxcala, ciudad de México,
beatos Cristóbal, Antonio y Juan, mártires, que alegres
dieron su asentimiento a la fe cristiana en tiempo de la primera
evangelización de América, por lo cual fueron martirizados por sus
antiguos correligionarios (1527-1529).
11*. En Kingston, a orillas del
Támesis, en Inglaterra, beato Guillermo Way, presbítero y
mártir, condenado a la pena capital y colgado en el patíbulo,
reinando Isabel I, por haber entrado en Inglaterra en calidad de
sacerdote (1588).
12*. En Montreal, en la provincia de
Quebec, en Canadá, beata María Emilia Tavernier, religiosa,
que, al perder el marido y los hijos, se entregó a cuidar a los
necesitados, fundando la Congregación de las Hermanas de la
Providencia, en favor de los huérfanos, ancianos y débiles mentales
(1851).
13*. En Benissa, de la provincia de
Valencia, en España, beato Vicente Ballester Far, presbítero
y mártir, que en los días de persecución religiosa libró un buen
combate por Cristo (1936).
14*. En Benicalap, también en la
provincia española de Valencia, beatas Sofía Ximénez Ximénez,
madre de familia,
María de la Purificación de San José Ximénez y María Josefa del
Río Mesa, vírgenes del Instituto de Carmelitas de la Caridad,
mártires, que llegaron todas ellas al triunfo de la gloria sufriendo
el combate del martirio (1936).
15*. En Cracovia, en Polonia, beata
Bernardina Jablonska, virgen, fundadora de la Congregación de
Hermanas Servidoras de los Pobres, siempre solícita para con los
necesitados y enfermos (1940).
16*. En Varsovia, también en Polonia,
beato José Stanek, presbítero de la Sociedad del Apostolado
Católico y mártir, el cual, en tiempo de guerra, sufrió el
martirio al ser ahorcado por los perseguidores de la fe (1944).
17. En
Seleucia, de Cilicia, santa Tecla, virgen y mártir,
originaria de Iconio, en Licaonia (s. inc.).
