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viernes, 3 de febrero de 2012

Viernes 10 febrero 2012, Lecturas viernes V semana T. O. año II (par).

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la 5ª semana de Tiempo Ordinario. Año II (par).

PRIMERA LECTURA
Se independizó Israel de la casa de David

Lectura del primer libro de los Reyes 11, 29 32; 12, 19

Un día, salió Jeroboán de Jerusalén, y el profeta Ajías, de Siló, envuelto en un manto nuevo, se lo encontró en el camino; estaban los dos solos, en descampado.
Ajías agarró su manto nuevo, lo rasgó en doce trozos y dijo a Jeroboán:
«Cógete diez trozos, porque así dice el Señor, Dios de Israel: "Voy a arrancarle el reino a Salomón y voy a darte a ti diez tribus; lo restante será para él, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel."»
Así fue como se independizó Israel de la casa de David hasta hoy.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 80, 10 11 ab. 12-13. 14-15
R. 

Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz. Ego sum Dóminus Deus tuus: audi vocem meam.

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R.
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz. Ego sum Dóminus Deus tuus: audi vocem meam.

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos. R.
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz. Ego sum Dóminus Deus tuus: audi vocem meam.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios. R.
Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz. Ego sum Dóminus Deus tuus: audi vocem meam.

ALELUYA
Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.

EVANGELIO
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31 37
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 4, 4 
¿Para qué, pues, El, que conoce la voluntad de los hombres tanto la presente como la futura, les mandaba que no dijeran nada, sabiendo que habían de decirlo tanto más cuanto más les encargaba el secreto, si no fuera para mostrar a los perezosos con cuánto estudio y fervor deben anunciarle ellos, a quienes manda que lo anuncien, cuando así lo hacen aquellos a quienes ordena el secreto?