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sábado, 11 de febrero de 2012

Sábado 18 febrero 2012, Lecturas sábado VI semana T. O. año II (par).

LITURGIA DE LA PALABRA
Sábado de la 6ª semana de Tiempo Ordinario. Año II (par).

PRIMERA LECTURA
La lengua, ningún hombre es capaz de domarla

Lectura de la carta del apóstol Santiago 3, 1-10

Hermanos míos, sois demasiados los que pretendéis ser maestros, y tened por cierto que nuestra sentencia será más severa.
Todos faltamos a menudo, y si hay uno que no falta en el hablar es un hombre perfecto, capaz de tener a raya a su persona entera.
A los caballos les ponemos el bocado para que nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal; fijaos también en los barcos: por grandes que sean y por recio que sople el viento, se gobiernan con un timón pequeñísimo y siguen el rumbo que quiere el piloto.
Eso pasa con la lengua: como miembro es pequeño, pero puede alardear de muchas hazañas.
Mirad cómo una chispa de nada prende fuego a tanta madera. También la lengua es una chispa; entre los miembros del cuerpo, la lengua representa un mundo de iniquidad, contamina a la persona entera, pone al rojo el curso de la existencia, y sus llamas vienen del infierno.
Toda especie de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas, se pueden domar y han sido domadas por el hombre; la lengua, en cambio, ningún hombre es capaz de domarla: es dañina e inquieta, cargada de veneno mortal; con ella bendecimos al que es Señor y Padre; con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios; de la misma boca salen bendiciones y maldiciones. Eso no puede ser, hermanos míos.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 11, 2- 3. 4 -5. 7- 8ab
R.
 
Tú nos guardarás, Señor. Tu, Dómine, servávis nos.

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan con labios embusteros
y con doblez de corazón. R.
Tú nos guardarás, Señor. Tu, Dómine, servávis nos.

Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua fanfarrona
de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios nos defienden,
¿quién será nuestro amo?» R.
Tú nos guardarás, Señor. Tu, Dómine, servávis nos.

Las palabras del Señor son palabras auténticas,
como plata limpia de ganga,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa gente. R.
Tú nos guardarás, Señor. Tu, Dómine, servávis nos.

ALELUYA
Se abrió el cielo, y se oyo la voz del Padre: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo” Caeli aperti sunt et vox Patris intonuit:”Hic est Filius meus carissimus; audite illum”

EVANGELIO
Se transfiguró delante de ellos

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-13
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabia lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
«Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Le preguntaron:
«¿Por qué dicenl os escribas que primero tiene que venir Elías?»
Les contestó él:
«Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Beda, in Marcum, 3, 27 
Es de notar que, en la glorificación del Señor en el monte se declara todo el misterio de la Santísima Trinidad, así como se había declarado en el bautismo en el Jordán, porque veremos y alabaremos en la resurrección la misma gloria que confesamos en el bautismo. Y no en vano el Espíritu Santo, que apareció allí bajo la figura de una paloma, aparece aquí en una nube brillante, porque el que ahora guarda con sencillo corazón la fe que recibió, contemplará entonces con toda claridad el objeto de su fe. En el momento, pues, en que sonó esta voz sobre el Hijo, se encontró solo, porque, cuando se manifieste a los elegidos, será Dios en todo para todo ( 1Cor 15), o más bien brillará Cristo en todo con los suyos, como la cabeza con el cuerpo.