viernes, 28 de octubre de 2011

Viernes 4 noviembre 2011, lecturas viernes XXXI T.O. año I (impar).


LECTURAS: Viernes de la 31ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Ministro de Cristo Jesús para con los gentiles, para que la ofrenda de los gentiles agrade a Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15, 14-21

Respecto a vosotros, hermanos, yo personalmente estoy convenido de que rebosáis de buena voluntad y de que os sobra saber para aconsejaros unos a otros.
A pesar de eso, para traeros a la memoria lo que ya sabéis, os he escrito, a veces propasándome un poco.
Me da pie el don recibido de Dios, que me hace ministro de Cristo Jesús para con los gentiles: mí acción sacra consiste en anunciar el Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por e Espíritu Santo, agrade a Dios.
En Cristo Jesús estoy orgulloso de mi trabajo por Dios. Sería presunción hablar de algo que no fuera lo que Cristo hace por mi miedo para que los gentiles respondan a la fe, con mis palabras y acciones con la fuerza de señales y prodigios, con la fuerza del Espíritu de Dios
Tanto, que en todas direcciones, a partir de Jerusalén y llegando hasta la Iliria, lo he dejado todo lleno del Evangelio de Cristo.
Eso sí, para mi es cuestión de amor propio no anunciar el Evangelio más que donde no se ha pronunciado aún el nombre de Cristo; e vez de construir sobre cimiento ajeno, hago lo que dice la Escritura:
«Los que no tenían noticia lo verán, los que no habían oído hablar comprenderán.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4
R. 

El Señor revela a las naciones su victoria.

In conspéctu géntium revelávit Dóminus salutáre suum

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
El Señor revela a las naciones su victoria. In conspéctu géntium revelávit Dóminus salutáre suum.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.
El Señor revela a las naciones su victoria. In conspéctu géntium revelávit Dóminus salutáre suum.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclamad al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.
El Señor revela a las naciones su victoria. In conspéctu géntium revelávit Dóminus salutáre suum.

ALELUYA
En el que cumple la palabra de Cristo, el amor de Dios ha llegado a su plenitud. Qui servat verbum Christi, vere in hoc cáritas Dei perfécta est.

EVANGELIO
Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que con los hijos de la luz.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 1-8
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido."
El administrador se puso a echar sus cálculos:
"¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió:
"Cien barriles de aceite."
El le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta."
Luego dijo a otro:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Él contestó:
"Cien fanegas de trigo."
Le dijo:
"Aquí está tu recibo, escribe ochenta."
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que habla procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.»

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús.

 "Todo lo que posee el verdadero cristiano debe considerarlo como un bien en común con los demás y debe estar dispuesto y ser diligente para socorrer al necesitado y la miseria del prójimo" (Catech. R. 1, 10, 27). El cristiano es un administrador de los bienes del Señor (cf. Lc 16, 1, 3). CEC 952.